Dos meses después de la caída del Gobierno afgano crece en el país la crisis humanitaria. La congelación de fondos internacionales ha propiciado el declive del sistema afgano. Organismos internacionales advierten del riesgo de colapso mientras se extiende la hambruna y la desnutrición, pero también la represión. Mientras las mujeres ven como los derechos que les prometieron respetar se desvanecen. Dos meses después, crece en Afganistán la pobreza y la ruina de la población. 

La directora del programa mundial de alimentos de la ONU, Mary-Ellen McGroarty, ha hablado sobre las dificultades humanitarias generalizadas que está sufriendo la población desde que los talibanes regresaron al poder. La carestía, la congelación de activos y la suspensión de proyectos de desarrollo ha empeorado la situación. “La economía está al borde del colapso en Afganistán” ha asegurado. Los afganos solo pueden sacar 200 dólares a la semana de los cajeros y las colas para hacerlo son eternas. Según datos de la ONU, casi la mitad de la población necesita ayuda para sobrevivir.

Casi la mitad de la población necesita ayuda para sobrevivir

El régimen talibán sigue sin tener reconocimiento internacional. Es uno de los grandes retos que tiene por delante la comunidad internacional. Reconocer a los talibanes supondría asumir veinte años de fracaso en Afganistán. Reconocer la corrupción de un Gobierno títere que nunca fue popular entre los afganos y sería reconocer las falsas promesas que occidente dio a su población. Sería dar dinero al régimen al que llevan combatiendo veinte años. Al que amparaba grupos terroristas que dieron la llave de la invasión a Estados Unidos y a sus aliados. Pero no hacerlo supondría el desmantelamiento y colapso total de Afganistán. La pobreza y la ruina de la población.

Las dos grandes preocupaciones occidentales son el terrorismo y los refugiados y para afrontarlo, sus dirigentes saben que tienen que hablar con los talibanes. Un mes después de la caída del Gobierno afgano, Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europea, ya admitió la necesidad de implicarse con los talibanes para tener oportunidad de influir en los acontecimientos. “Implicarse no significa reconocimiento, no, pero implicarse significa hablar, debatir y acordar cuando sea posible» admitía Borrell. 

Fuente: Revista 5W

«Implicarse no significa reconocimiento» – Josep Borrell

La mitad de los niños afganos están en malnutrición. Hay escasez de medicamentos y de vacunas, y el regreso de los talibanes ha generado un éxodo masivo de médicos y enfermeras del país. La OMS y la Cruz Roja han advertido que hay riesgo inminente de colapso del sistema sanitario si el país no recibe ayuda internacional en las próximas semanas (link art). Los fondos internacionales que recibía Afganistán, y que según el Banco Mundial suponían alrededor del 43% del PIB, fueron recortados de forma total con la llegada de los fundamentalistas al poder. El Gobierno interino afgano, formado por los talibanes, ha pedido que se liberen estos fondos para evitar que la actual crisis ponga en jaque la sanidad del país. 

“Nuestro plan es hacer que la sanidad sea para todo el mundo y que no sea tan cara como en los países vecinos” aseguraba el portavoz provisional del Ministerio de Salud, el doctor Abdul Bari Omar, en una entrevista en la Revista 5W. Asimismo, admitía que el plan de los talibanes era que el personal sanitario, tanto hombres como mujeres, se quedara “también para el futuro”. Por el momento, los talibanes solo dejan trabajar a las mujeres cuyo oficio es imprescindible para el régimen -como la sanidad- y para las mayores de 12 años se ha vetado el acceso a la educación. 

Apenas un mes después de la caída del Gobierno afgano, el Ministerio de Asuntos de la Mujer fue reemplazado por el ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio. A las mujeres se las pide que permanezcan en casa y su lucha para reclamar sus derechos cada vez se hace más complicada. Las manifestaciones y reuniones se han prohibido, y aquellas que se atreven a alzar su voz contra el régimen son reprimidas con violencia. Al llegar al Gobierno, los talibanes aseguraron que respetarían los derechos de las mujeres pero siempre dentro del marco de la sharía. Lo cierto es que la sharía está abierta a interpretación y, según pasan los días, se va esbozando cómo los talibanes quieren que sea.

#Creciente crisis humanitaria

Hay una creciente crisis humanitaria y un gobierno talibán que parece no estar acostumbrado a gobernar. La seguridad es un espejismo: quienes antes atentaban y hacían la guerra ahora gobiernan. La violencia se reduce, pero no termina de desaparecer. El ISIS-K, la rama del Estado Islámico que opera en Afganistán, ha reivindicado diversos atentados en el país. Los talibanes están desarrollando operaciones masivas contra el grupo yihadista en varias provincias de Afganistán, pues tras la retirada estadounidense del país, son la principal amenaza contra su gobierno.

Amnistía Internacional, la Federación Internacional de los Derechos Humanos (FIDH) y la Organización Mundial contra la Tortura (OMCT) publicaron a finales de septiembre un informe en el que señalaban que los talibanes destruían sin tregua todo lo conseguido en materia de derechos humanos. Destacan los homicidios selectivos, las amenazas e intimidaciones que han sufrido los periodistas afganos y las restricciones a las mujeres, en la libertad de expresión y la sociedad civil. 

La crisis en el país se ha intensificado y la economía está casi colapsada por la sequía, la falta de empleos y la escasez de dinero. “La gente está cada vez más desesperada y tiene cada vez menos dinero”, advirtió McGroarty -directora del programa mundial de alimentos de la ONU. Las familias venden sus pertenencias para comprar comida y temen la llegada del frío invierno. Organismos de la ONU como UNICEF, la FAO, OCHOA, así como ONGs como Cruz Roja, piden a los países que aporten fondos necesarios para asistir a la población. Lo único que piden los afganos a la comunidad internacional es que no les olviden.


Paula de la Vega