Febrero y el amor. Triunfan los tonos rosas y rojos. Las floristerías venden como nunca. Los escaparates se llenan de corazones. Dicen, comentan y chismorrean que el amor está en el aire, pero… ¿Y después del 14 de febrero?

No me gusta San Valentín. No me gusta el concepto de amor romántico de película americana del 14 de febrero. Y no, no me creo más especial que el resto del mundo por no aceptar algo que está socialmente aceptado, porque me parece lícito que la gente disfrute de este día. 

Os prometo que aún quedan (o quedamos, porque me meto en este saco) en el mundo algunas personas que tienen otro concepto del amor romántico, y algo que se aleja de lo que venden las tiendas estas semanas. Algo que dura más allá de las 2 primeras semanas del mes de febrero. 

El amor es mucho más que un ramo de rosas rojas y una cena en un bonito restaurante

El amor es algo gradual. Que crece. Que persevera. Algo por lo que hay que luchar. El amor es mucho más que un ramo de rosas rojas y una cena en un bonito restaurante. El amor también es un domingo por la tarde sin hacer nada especial. El amor es un paseo por la ciudad y una cerveza en una terraza. 

El amor es abrirte en canal, y aceptar todo lo bueno y lo malo de ese alguien.  Es aceptar los espacios y los tiempos. El amor es confiar.

El amor es confiar

El amor es todo eso que pasa antes y después del 14 de febrero. Con todas sus cosas buenas y no tan buenas. Porque también habrá días malos, que son parte del amor también, y es lo más natural del mundo. 

Pero cuídalo. Cuida eso que tienes y ayúdalo a crecer. Y no te obceques en pensar que solo se puede ser romántico ese día, porque puedes serlo, a tu manera, todos y cada uno de los días.


Mamen BG