Hace tiempo que las 24 horas del día parecieron quedarse muy cortas. “Date prisa” se ha convertido en una de las frases más escuchadas en esta era posmoderna. Una época en la que todo gira muy rápido y donde imperan la saturación de información e imágenes, la presión social y la apariencia de una permanente perfección.

Como nos cuenta el psicólogo Ángel Peralbo, “cada persona tiene unos recursos personales que le capacitan para hacer frente a las diferentes exigencias”. El estrés aparece cuando nos adaptamos a requerimientos excesivamente elevados y provoca que la mente haga un esfuerzo para estar a la altura.

Sin embargo, el ser humano tiene “un sistema de adaptación emocional que no viene preparado para estar durante mucho tiempo haciendo frente a exigencias límites”, explica el profesional. Ante el sobresfuerzo, el cuerpo emite su respuesta más “precaria y primaria”: la ansiedad. Aunque existe un patrón universal, con características como la dificultad para respirar o la frecuencia cardiaca aumentada, cada individuo posee un patrón personal. Es decir, manifiesta la ansiedad de manera diferente.

Por lo tanto, se puede decir que el estrés y la ansiedad mantienen una relación de causa y efecto. El gran problema llega cuando perduran en el tiempo y pueden llegar a cronificarse. “Esto hace que la estructura de esa persona acabe viniéndose abajo y teniendo problemas psicosomáticos o cognitivos, como estar pensando constantemente”, añade Peralbo. ¿Alguna vez has tenido una preocupación en la que pensabas compulsivamente? Bien, esto en psicología se conoce como “rumiaciones”, y son muy características de la ansiedad.

# ¿Por qué están tan extendidos entre los jóvenes?

Se trata de un segmento que se mueve en un terreno de mayor incertidumbre. El aterrizaje en el mundo de la autonomía es uno de los factores que más les influye. “De pronto, se han encontrado con una realidad dura y que cuesta infinitamente más. Una realidad que no atisba un futuro positivo y donde las expectativas chocan con falta de oportunidades”, señala el experto.

Por otro lado, las redes sociales. Aunque son el gran pasatiempo, pueden convertirse en el peor enemigo. Actúan como un espejo en el intentamos mirarnos constantemente, para sentirnos tan bien como los demás. Se trata de una realidad cuestionable, puesto que la imagen proyectada es ficticia en muchas ocasiones. Sin embargo, se generan una serie de expectativas que se topan con la realidad interna que viven muchos de ellos.

El estrés personal de la cultura posmoderna lleva a la búsqueda del éxito, pese a ser cuanto menos relativo. “Los errores o el ‘fracaso’ forman parte de cualquier hoja de ruta vital de cualquier persona, y también del éxito, pero nadie nos lo ha enseñado”, añade el psicólogo.

Como consecuencia, se pierde calidad de vida. La atención se focaliza en los estímulos estresantes y el cuidado de los demás pasa a un segundo plano. Existe un gran desgaste físico, que desemboca en un excesivo cansancio. En otro nivel, aparece el deterioro psicosomático. Es decir, tal y como explica Peralbo, “una parafernalia de sintomatologías y problemas que no son orgánicos, pero que acaban afectando a diferentes órganos”.

# Una asignatura pendiente

Cuando la mente detecta una situación amenazante o angustiosa genera emociones muy intensas. La falta de educación en estas cuestiones hace que muchas personas que sufren ansiedad se asusten de lo que están experimentando.

Nadie nos ha enseñado a gestionar nuestras reacciones a nivel emocional o fisiológico. Nadie nos ha enseñado a interpretar cómo pensamos o cómo sentimos. Esto es lo que nos hace vulnerables. “Ahora tienes que ser consciente de gestionar todo eso que estás sintiendo y que no sabes ni qué es”, explica el experto. Debemos aprender que los síntomas son indicadores que nos da nuestro propio cuerpo, que tenemos que asumir y descifrar.

Hay que tener presente que siempre hay solución. Los psicólogos enseñan tres cuestiones muy importantes: el autoconocimiento, la auto-capacitación y la fortaleza en ti mismo. Inevitablemente, las personas padecerán ansiedad en momentos difíciles de su vida, por lo que es esencial aprender los recursos que permitirán llevar a cabo una buena gestión emocional. Esta es la clave del éxito.

Aunque ya lleguemos un poco tarde, es importante crear conciencia sobre la salud mental de una manera natural y desde la infancia. No solo en los entornos médicos, sino en los familiares o educativos. “No podemos permitirnos tener que aprender esto solamente cuando nos llegan momentos críticos”, señala el profesional.

Debemos conseguir que, dentro de unos años, veamos esta era posmoderna como el momento en el que empezamos destinar más recursos para el control de los distintos trastornos. No se debe olvidar que existen otros muy potentes, como los depresivos. En muchas ocasiones, quienes pasan por ellos, aparentan normalidad. Estamos acostumbrados a vivir en una sociedad en la que no estar bien, está mal.  Y Peralbo nos advierte: “Muchas personas padecen en silencio y esto es un drama desde el punto de vista de la salud mental”. Aunque por suerte, parece que los estigmas van desapareciendo. En esta situación pandémica, en la que cuesta atisbar la luz al final del túnel, los jóvenes han solicitado más ayuda psicológica que nunca.

Ortega y Gasset decía: “Yo soy yo y mi circunstancia; y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Urbanita, si crees que estás sintiendo alguno de estos síntomas o emociones, recuerda que puedes solucionarlo. La clave está en pedir ayuda profesional, y así, el “yo” vencerá a la “circunstancia”.


Andrea Cabanillas Tapia

Soñadora y emocional. Una de mis grandes pasiones es viajar, y así poder descubrir la moda, cultura y estilo de vida de cada rincón del mundo.