A todos nos ha pasado: Salimos de casa con la idea de tomarnos un par de cerves y volvernos pronto. Queremos ser responsables y evitar sufrir la resaca del día siguiente en la oficina o en clase. Pero, nos liamos. Y acabamos llegando tarde al trabajo intentando que no se note que nos duele la cabeza y que no hemos dormido nada. Y es en ese momento en el cuál una única pregunta ronda nuestra cabeza ¿por qué nos dejamos liar tan fácilmente?

No gestionamos bien el tiempo. Y cuando hay alcohol de por medio, mucho menos. Siempre pensamos que todavía falta mucho para mañana. No somos capaces de ir más allá de la próxima cerveza. Y esto se debe a los efectos que se producen en nuestro cerebro por ingerir alcohol.

La corteza prefrontal, encargada de la toma de decisiones y de la evaluación de riesgos y beneficios, queda dañada. Cuando bebemos, su actividad es mucho menor por lo que, solo somos capaces de tomar decisiones más fáciles como aquellas de a corto plazo.

«El arte de dejarse liar reside en nuestra gestión de tiempo. Siempre pensamos que todavía falta mucho para mañana»

Cuando ya llevamos unas cuantas cervezas, comenzamos a perder de vista la cada vez más probable resaca del día siguiente. Le damos una mayor importancia a la gratificación instantánea que supone pedir otra ronda y seguir con nuestros amigos. Pero, ¿por qué?

El alcohol tiene los llamados efectos euforizantes y desinhibidores que no solo hacen que estemos más felices y a gusto en cualquier lugar, sino que también nos anima a hacer cosas que en otras circunstancias jamás haríamos. Así que cuando ocurra eso, por favor, intenta alejarte del móvil.

Además, tampoco podemos infravalorar nunca el poder de convicción de nuestros amigos. Porque cuando bebemos, estos mismos efectos, acompañados de la ingeniosa labia de nuestros acompañantes, hace que nos dejemos llevar más por el grupo. ¿Otra? Venga, pues sí.

Y es que, el arte de dejarse liar es como un conflicto interno que se produce dentro de nosotros. Por un lado, tenemos a nuestro angelito que nos susurra plácidamente que ya está siendo la hora de irse a casa a dormir. Pero, por otro lado, tenemos ese demonio que no para de repetirnos que todavía podemos quedarnos más, que ya tendremos tiempo para dormir.

«El arte de dejarse liar es un conflicto interno que se produce dentro de nosotros. Por un lado, tenemos a nuestro angelito que nos susurra que es la hora de irse. Y, luego, tenemos ese demonio que nos dice que todavía podemos quedarnos más»

Pero, seamos sinceros. No hay mucha más pelea después de unos cuantos tragos. Para entonces el ángel ya se ha ido a casa enfadado otra vez porque una noche más nadie ha querido escucharlo, y el demonio está bailando ‘Tusa’ contigo en la barra del bar.

El arte de dejarse liar es muy peligroso. Dejarnos llevar de vez en cuando está bien, se necesita. Pero, hay que saber diferenciar cuándo es mejor irse a la cama o cuándo vale la pena pedir otra cerveza, aunque te acabes llevando al día siguiente la resaca de tu vida.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.