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El anecdótico encuentro entre Joe Biden y Pedro Sánchez en la cumbre anual de la OTAN ha protagonizado muchas conversaciones entre la opinión pública en las últimas semanas. Conversaciones, esperamos, más largas que la que mantuvieron ambos mandatarios en Bruselas. Pero hay algo que sí ha quedado claro: el inmenso poder de la cámara para captar la realidad de los hechos. Si una imagen vale más que mil palabras, quizá España ha logrado lo que se proponía. O quizá no. Llamémoslo “diplomacia fotográfica”.

Mirada al frente, gesto impertérrito. Diez o doce palabras para salir del paso que la mascarilla se ocupó de borrar. Ni un solo asentimiento ni atisbo de complicidad. No hace falta ser un experto en comunicación no verbal para darnos cuenta de que el escaso medio minuto que compartieron los presidentes Biden y Sánchez en los pasillos de Bruselas refleja, mejor que ninguna otra cosa, el deterioro de las relaciones entre nuestro país y la potencia norteamericana. Pero oye, cuestiones diplomáticas aparte, lo que sí consiguió el Gobierno español es una imagen en movimiento que alimentó toda clase de titulares y dio lugar a memes de lo más creativos.

¡Ah, el juego de la política! Como buenos influencers, los líderes internacionales también salen, a menudo, a la busca y captura de la foto. Una foto de la que poder fardar en los duelos de batallitas con sus compañeros de tribuna. Una foto con F mayúscula: bien definida, bien encuadrada, bien enfocada… Pero una foto ¿inequívoca?

#Una foto ¿inequívoca?

Desde que el presidente estadounidense anunciase Bruselas como destino de su primer viaje al extranjero, el engranaje diplomático de La Moncloa se activó para concertar, a base de presiones, una cita entre el presidente del Gobierno y el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

El escenario de tan idílico encuentro no sería otro que la cumbre de la OTAN, donde Biden estrecharía lazos con los principales líderes de la Unión Europea y trataría de restablecer buena parte de las relaciones transatlánticas dinamitadas por su antecesor, Donald Trump, en el último lustro.

Sin embargo, las cosas no siempre salen como uno quiere, y si no que se lo digan a Sánchez. Apenas veinte metros y treinta segundos de paseo reemplazaron una hipotética reunión de diez minutos en Bruselas entre los dos progresistas.  Una cita que, según desvelaba el periodista Vicente Vallés, nunca llegó a figurar en la agenda oficial de la Casa Blanca.

#Treinta segundos dan para mucho

El formato de la reunión Biden-Sánchez era lo que en jerga diplomática se conoce como pull aside: categoría inferior a un encuentro bilateral muy habitual en cumbres internacionales. Así lo habían pactado el secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, y la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. Pero un giro de guion a última hora obligó a reducir este encuentro entre un ídolo y su mayor fan a tan solo unos segundos en los pasillos de la sede de la OTAN. En fin; cosas que pasan.

No obstante, desde el Gobierno trataron de ocultar su decepción afirmando que esta se trataba solamente “de una primera toma de contacto, un cruce de palabras para conocerse personalmente”. Pedro Sánchez, en una rueda de prensa, explicaba que además pudieron intercambiar “de forma escueta” su visión sobre distintos temas en común, como la necesidad de reforzar los lazos militares. Algo que, como dicta el cronómetro, resulta más bien improbable. Biden tampoco parecía estar por la labor, todo hay que decirlo.

El escaso medio minuto que compartieron los presidentes Biden y Sánchez en Bruselas refleja, mejor que ninguna otra cosa, el deterioro de las relaciones entre España y EEUU

Pero sí que había asuntos de los que hablar en profundidad, de esos que crean expectativas. Uno en especial: la tensión con Marruecos respecto al Sáhara Occidental y el apoyo de la Administración Trump a Rabat que ha servido para que el reino alauí presione al Gobierno español. Poco antes de abandonar su puesto, el presidente republicano reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, siendo la primera potencia occidental en hacerlo y planteando un verdadero problema a España y otros países europeos.

#La diplomacia fotográfica a veces es fructífera

En resumen, Moncloa obtuvo la foto de Sánchez con Biden que buscaba y defendió en un comunicado el valor de la escueta reunión. Entre otras cosas, se había acordado que su saludo fuera captado por las cámaras como prueba de la excelente relación entre ambos países.

Un giro de guion a última hora obligó a reducir este encuentro entre un ídolo y su mayor fan a tan solo unos segundos en los pasillos de la sede de la OTAN

Así que, tras la invención del término “tuitplomacia” para definir el networking en redes sociales que el poder político lleva fomentando estos últimos años, nace la diplomacia fotográfica. Una imagen vale más que un tuit y, acompañada de un buen titular, el click está asegurado. Los líderes, asesorados por sus jefes de gabinete, parecen haber entendido perfectamente la dinámica de “si no estás en Google, no existes” aplicada a los medios de comunicación.

El paródico cruce entre Biden y Sánchez opacó, sin embargo, lo que ha de calificarse indiscutiblemente como un logro diplomático. Madrid se apuntará el tanto de acoger, en la primavera de 2022, la convocatoria de una nueva cumbre de la OTAN. Dentro de un año, visitarán la capital los 30 jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Atlántica, incluido el de la autodenominada “primera democracia del mundo”. Jaque mate, Biden.


Raquel R. Incertis

Mitad música, mitad palabras, 100% historia basada en hechos reales. Escritora de literatura infantil y juvenil. Amante de las Humanidades y de la cultura en general, vivo en un constante viaje de aprendizaje dentro y fuera de la UC3M. Aunque el periodismo es mi pasión desde niña, también me pica el gusanillo de la política, el cine, el marketing, el emprendimiento y los idiomas.