No hablo solo por mí, al considerar que una escapada por la naturaleza puede ser curativa. Enriquece el alma y ofrece multitud de opciones. Puede verse como un momento de autorreflexión personal para alcanzar la paz mental o compartir la experiencia con amigos, ya sea haciendo acampada o con hoteles en medio de un lugar inhóspito. Ante toda la presión, la prisa de la vida moderna, es imprescindible parar un momento y respirar la brisa de la realidad.

Puede que el coronavirus haya marcado a toda una sociedad de jóvenes. ¿Dónde quedaron aquellas fiestas en discotecas? O ¿viajar a lugares poco atractivos para emborracharse, masificados a más no poder? Todo eso pertenece ya casi a otra época. Una en la que vivíamos sin conocimiento de lo que podía suceder, donde un abrazo, un beso o el calor de la gente cercana no era considerado un tabú o estaba visto con rechazo.

Todo este estado de ánimo opresivo nos hace desear ir a lugares recónditos, alejados de la mano de Dios donde alcanzar la tranquilidad o simplemente gritar en mitad del bosque lo libre que eres. Porque eso es lo que queremos sentir: libertad. Y no hay lugar mejor para acercarse a ella que cerca de la naturaleza.

Islas Cíes (Galicia).

Ir a Galicia, donde los eucaliptos (es verdad que han devastado la flora gallega) desprenden un olor perfumado propio de la tranquilidad. Altos e imponentes y ante todo, bellos. Las playas del norte, toda la costa desde Galicia hasta País Vasco, lugares donde el surf se convierte en pasión liberadora. Sin olvidar el sur más natural como Cádiz con su zona de Conil de la frontera o Chiclana. Pasando por Tarifa, donde las dunas de sus playas recuerdan a las islas Canarias y las cometas inundan el cielo confundiéndose con las nubes. Porque la naturaleza es vida y a veces solo queremos retornar a lo primario.

Planes como recorrer un país en auto caravana descubriendo lugares desconocidos por los turistas, mezclándote con la cultura propia de la zona. Ir de acampada con tus amigos, encender una fogata, mirar las estrellas y escuchar canciones o cantarlas. Dar paseos por playas vírgenes, donde para acceder debes ir caminando, despojándote de tu medio de transporte para no contaminar. O mirar desde lo alto de una colina todo el camino que has recorrido hasta llegar a la cima. Aunque pueda parecer demasiado idílico, solo es la sensación de sentirse liberado y reconfortado, olvidando toda la tensión de la realidad que nos tiene preso.

Es por eso, queridos lectores, que nosotros los jóvenes ya no buscamos experiencias efímeras, que se olvidan de un día a otro. Queremos ir a lo esencial, llegar al alma. Y no hay nada más perfecto, honesto y bello que apreciar la naturaleza y más si es en compañía.    


Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?