Recuerdos de infancia: Cuando mamá era tu peluquera de confianza

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La infancia está llena de recuerdos y experiencias que nos marcan de por vida. Uno de esos recuerdos especiales es cuando mamá se convertía en nuestra peluquera de confianza. En aquellos días, ella tomaba las tijeras y el peine, y con mucho amor y paciencia, nos cortaba el cabello en la comodidad de nuestro hogar.

En esa época, acudir a una peluquería no era una opción tan común, y las madres se encargaban de mantener nuestro cabello siempre impecable. No importaba si era un simple corte de puntas o un cambio de look radical, mamá siempre estaba dispuesta a hacerlo con sus propias manos.

Recuerdo que, mientras me sentaba en una silla improvisada en la cocina, mamá me colocaba una toalla alrededor del cuello para evitar que los cabellos caídos se adhirieran a mi ropa. Luego, con una destreza admirable, comenzaba a peinar con delicadeza mi cabello, desenredando cada nudo con paciencia.

Después de asegurarse de que mi cabello estuviera completamente desenredado, mamá tomaba las tijeras y comenzaba a cortar. Sus manos temblaban un poco al principio, pero poco a poco iba adquiriendo confianza. A veces, me pedía que le sostuviera un mechón de cabello, y así, juntas, íbamos dando forma a mi nuevo corte.

Recuerdo que mientras mamá trabajaba en mi cabello, aprovechábamos para conversar de todo un poco. Hablábamos de mis amigos en la escuela, de los juegos que me gustaba jugar y de mis sueños para el futuro. Esos momentos de cercanía y complicidad con mamá son sin duda algunos de los recuerdos más valiosos de mi infancia.

Aunque los cortes de cabello no siempre salían perfectos, mamá siempre encontraba la manera de arreglarlos con un toque de creatividad. A veces, me sorprendía con un bonito peinado o una trenza elegante que me hacía sentir como una princesa.

Mamá era mi peluquera de confianza, y gracias a ella, aprendí que el cuidado del cabello no solo se trata de lucir bien, sino también de compartir momentos especiales y de fortalecer los lazos familiares.

A medida que crecí, los recuerdos de mamá como peluquera se volvieron más escasos. Las visitas a la peluquería se hicieron más frecuentes y aprendí a disfrutar de la experiencia de ser atendida por profesionales. Sin embargo, siempre guardaré en mi corazón esos momentos únicos en los que mamá se convertía en mi estilista personal.

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