Vivimos en una época donde amor y sexo están mas separados que nunca. De hecho, lo más raro suele ser la combinación de ambas. Bajo esta perspectiva resultaba evidente para mí asumir que todo el mundo aceptaba, que tanto hombres y mujeres, se masturbaban.

Sin embargo, cuando una amiga entre el segundo y el tercer vino me comentó que no se sentía cómoda hablando de ese tema delante de otras mujeres, me sorprendió. Entre mis círculos, la masturbación es un tema de conversación tan común como el tiempo. Pero para ella no era así. Me comentaba que entre sus amigas más cercanas la masturbación se veía como algo lejano y se hablaba desde la condescendencia. Ella, concretamente, había oído en más de una ocasión frases como: “yo es que no lo necesito, tengo a mi novio” o “es que tú lo haces porque te aburres, no porque tengas apetito sexual”. Fue ahí cuando comenzó mi investigación y me di cuenta de que el problema ya no es que nosotras podamos decir que nos masturbamos, es que este secreto a voces, especialmente en las mujeres, se ve como una carencia.

Me di cuenta de que el problema ya no es que nosotras podamos decir que nos masturbamos, es que este secreto a voces, especialmente en las mujeres, se ve como una carencia

El problema, no es que Teresa no se masturbe, porque con su vida y sus genitales, puede hacer lo que quiera. El problema es que Teresa alimenta un estigma sin quererlo, como un malentendimiento de lo que nuestro amigo el satisfayer es para nosotras. Aunque os venga de imprevisto, aquellas que disfrutan de cualquier tipo de juguete sexual ya saben que el satisfayer no te va a dar besos en el cuello mientras te corres, no te va a tirar del pelo o susurrarte al oído. Te va a proporcionar placer, directo, certero e individual. Un placer diferente, que no responde a una necesidad animal e incontrolable sino al cuidado de tu propia sexualidad.

Aquellas que disfrutan de cualquier tipo de juguete sexual ya saben que el satisfayer no te va a dar besos en el cuello mientras te corres, no te va a tirar del pelo o susurrarte al oído

Así que, no, cuando una enchufa a su hacedor de orgasmos profesional no está buscando lo mismo que en una relación sexual (podéis respirar heterazos), no está calmando un lívido atroz que paraliza su vida (lo creáis o no la vida de las que se masturban no gira en torno al sexo), lo que está buscando es: conocerse, experimentar y cuidarse. Y eso, por supuesto, jamás debería hacernos sentir culpables.

De todas formas, no solo es importante hablar desde una cara de la moneda. Existen chicas que no se masturban o que lo han hecho en contadas situaciones y, una vez más, eso tampoco es malo. También podemos acomplejar a aquellas que no se masturben y por ello, debemos entender que existen múltiples opciones como en la sexualidad. En muchas conversaciones que he tenido esta semana, cuando chicas que utilizaban juguetes similares se ponían a comentar parecía que las velocidades del satisfayer fueran una competición. Chicas, los chicos llevan midiéndoselas varios millones de años, por favor, no caigamos en lo mismo. El placer sexual, y más el que ocurre contigo mismo, es íntimo, privado e intransferible. Y si quieres compartirlo es perfecto, pero nunca debemos opinar sobre el cuerpo y sobre lo que hace con él otra persona.

Existen chicas que no se masturban o que lo han hecho en contadas situaciones y, una vez más, eso tampoco es malo

Quizás si en vez de juzgarnos y jugar a ser superiores tanto a un lado como otro de la balanza, contáramos en vez de aconsejarnos, probáramos en vez de limitarnos, aceptáramos en vez de querer convencernos, entenderíamos la masturbación como lo que es, ni más ni menos: una práctica sexual individual. Señores y señoras, masturbense, o no lo hagan, pero sobretodo hagan lo que quieran con su vida y si no es mucho pedir, no juzguen. Tras este mensaje de paz, me voy a acabar el café, espero no acabar en el baño vomitando mariposas. Ya os contaré.


Selma Escalona