Yo no sé a vosotrxs, pero a mí siempre me han dicho que tuviera mucho cuidado con las expectativas. En todos los ámbitos de mi vida, pero sobre todo en el amor. Porque después de “hacerte ilusiones”, tener expectativas es lo peor de las relaciones. De las relaciones o de “lo que surja”. Sobre todo, en primavera. Porque con la llegada del buen tiempo, las calles se inundan de parejas que van de la mano, que celebran San Valentín con planes disparatados o que demuestran su ferviente amor delante de un público que va enmascarillado.

Y no solo eso, sino que la primavera es la estación donde las flores florecen, los días se alargan y en el aire se respira paz (o alergia). Entonces, un día al azar conoces a un chico, chica, o perro y dices: “Oye, quizás es la mía, porque en la primavera, la sangre altera”. Tenéis una primera toma de contacto, eso que los románticos empedernidos o aquellos que escribimos sobre amor llamamos “primera cita” y es genial. Sientes confort, los silencios no te incomodan y te hace reír #toelrrato. No hay beso, porque esto de que las mascarillas es un coñazo y porque no has sabido captar las señales. Así que, vuelves a casa con un sentimiento adolescente en el pecho (y quince minutos después del toque de queda, aquí las cosas como son). Hay capullos que no son mariposas, pero que quieren serlo. Te pones a analizar cada palabra (porque todavía son las once y no puedes hacer mucho más), descubres que ese alguien es genial y solo quieres volver a verlo. Simplemente porque “podría ser”.

“Esperar algo de alguien, sobre todo, de alguien al que acabas de conocer, es una putada”

Ese “podría ser”, en condicional, es el inicio de las ilusiones; y las ilusiones siempre se conectan de forma indirecta a las expectativas. Y esperar algo de alguien, sobre todo, de alguien al que acabas de conocer, es una putada. Básicamente, porque no solemos actuar como los otros piensan que lo haremos. Si no, no existirían las comedias románticas, los dos besos torpes y ese “me he quedado con las ganas”. Lo peor de es que todo esto siempre se acentúa en primavera. Incluida las expectativas que, lo siento mucho, pero son las culpables de que “nos peguemos la hostia” antes de tiempo. Porque sorpresa, eso de que “la sangre altera” es relativo, sobre todo en época de coronavirus.

Las primeras citas tienen como precedente el miedo y la fatiga pandémica. La ilusión se opaca por la pereza. Y los primeros besos ya no son torpes, son forzados

No hace falta que os diga que ya no se liga ni se conquista como antes. Las primeras citas tienen como precedente el miedo y la fatiga pandémica. La ilusión se opaca por la pereza. Y los primeros besos ya no son torpes, son forzados. Sabes que ese alguien te va a besar porque acabas de quitarte la mascarilla. Se ha perdido la magia, y también parte del encanto. Antes ya lidiábamos con el hecho de que los sentimientos son tabú justo cuando el sexo ha dejado de serlo, que las relaciones ahora empiezan por el final y que sentir “algo más” es una debilidad que por nada del mundo nadie tiene que saber, a no ser que estés (MUY) segurx de que es correspondido. Por eso, lo ahora, llamadme nostálgica, me parece triste, porque si antes el amor ya era complicado, ahora, además, debemos tener (mucho) cuidado con las expectativas.

Porque siempre las tendremos. Al fin y al cabo, los seres humanos somos como las flores. Porque aunque alguien nos haga creer que no somos especiales siempre estaremos obligados a serlo para otras personas. Como las flores. Todas se marchitan, pero las siguientes vuelven a brillar como si nunca fueran a perder los pétalos. Expectativas o no incluidas.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".