Te diría que para leer esta columna abras Spotify con «Demasiadas mujeres» de C. Tangana. Y sí, hace nada estábamos en casa el 31 de diciembre y por arte de magia hoy es Domingo de Ramos. ¿Recordáis eso de ir de estreno? ¿Reservar mesa en un bar? Y las mujeres de mantilla, eso me llamaba la atención.

Como decía antes, cuando era pequeña y veía a las mujeres vestidas completamente de negro mi cerebro sufría un apagón seguido de una pregunta a mi madre: ¿por qué? El caso es que es algo que captaba mi atención por su serenidad y elegancia vistiendo el color más oscuro y triste.

# Origen de la mantilla: tradición y protocolo

Como bien sabréis, en estas fechas es más común ver por las calles a chicas que llevan un ligero recogido y una mantilla de encaje, en este caso, negro.

Su origen en España es de los más antiguos en cuanto a las prendas y accesorios femeninos. Las mujeres con una alta relevancia social, como reinas o pertenecientes a la nobleza, la usaban para cubrir su cabeza al asistir a actos religiosos o sociales con gran estatus. Se llevaba por encima, cubriendo los hombros también.

Posteriormente, su uso pasó a ser únicamente acompañado de un accesorio que durante las ferias se utiliza también: la peineta. En este caso grande y quedaría detrás del recogido, siendo tapada por la mantilla. Dejando caer los motivos de encaje a cada lado de la cara.

En nuestro país esto se puso muy de moda para ir a las bodas como invitadas. Según el protocolo debía de ser únicamente para una celebración de día y si el vestido era de cocktail. Pero el diseño ha de ser elegante, sin escote y con manga larga, al codo o llevando guantes. Finalmente, para actos religiosos únicamente se lleva el negro.

# Lo castizo y mi opinión

A fin de cuentas, no deja de ser un accesorio castizo. Reconocido aunque no hayamos visto a nuestra madre vestida de mantilla en la vida. Que antes se ha visto a Carrie Bradshaw así en Pinterest o We Heart It.

Pero oye, urbanita, que yo ya me he delatado y destilado con vosotros, por una más no pasa nada de nada: a mí me encanta. Me parece que tiene poder en una mujer. Más allá de hacer creer únicamente que quien la lleva es porque pasa pena. ¿Que se da el caso? Pues sí. Pero por placer también se lleva, don´t fuck off…

Me parece que aguarda una fuerza y hasta una sensualidad… Por mucho que no se pueda llevar con escotes, lo siento. Si no se reivindica el uso de una prenda, ni se le dan otras vidas, está condenada a desaparecer. Así lo veo. Porque las tradiciones son tradiciones. Y aunque no se pierdan, porque las celebremos, se pierde la esencia y el vestuario.

¿Qué me decís de las novias de mantilla? Me las como. Es que aunque parezca una simplez, dota de poderío femenino, hazme caso. Vosotros podéis decir misa, pero en el mundo de la moda todo es válido y el uso de la mantilla viene de tiempos muy lejanos como para no darle un lavado de cara.

Es que yo misma sé que llevar mantilla es de los tiempos de mis abuelas Joaquina y Matilde, si es que yo lo sé, ¿pero qué hago? Ahora, para castizos los nombres de estas dos empoderadas de la época. En fin, que me da mucha rabia que toda la moda vuelva y la compremos en Zara pero que después algo tan elegante y nuestro no lo usemos en bodas, en bautizos ni en nada ya. Solo para ir detrás del trono en Semana Santa y con una vela. Que lo respeto y me encantará verlo siempre, pero si de verdad te gusta, déjate caer un selfie así.


Carla Pérez Martínez