Amigos

Hace poco me contaron que por el time-line de Tik Tok hay un chico que cuenta las teorías del rabino Abraham J. Twerski. Es genial, yo os recomiendo el libro de El Pensamiento adictivo. En él, utiliza un símil muy bueno para explicar cómo funcionan las relaciones. Hoy se lo voy a coger prestado para hablar de algo que todxs hemos sentido alguna vez: echar de menos.

Imagina que vas a tu restaurante favorito y pides ese plato que tanto te gusta. Lo saboreas, lo disfrutas, y cuando vas a darte cuenta, ya forma parte de ti. Lo que no te paras a pensar es que lo que has disfrutado no es el plato en sí, sino la sensación que produce en ti cada bocado. Algo parecido nos ocurre a las personas cuando alguien —extraño en un principio—, comienza a formar parte de nuestra vida. El rabino Abraham J. Twerski explica en su libro El Pensamiento adictivo que las personas se convierten en un vehículo para nuestra propia satisfacción. Por lo que, a la hora de echar de menos a alguien, no estamos hablando de amor que sentimos por el otro, sino del amor que sentimos por nosotros mismos.

La gente comete graves errores al pensar que dan a aquellos a quienes aman cuando la verdad es que aman a aquellos a quienes dan. Es decir, si yo te doy algo, ya sea mi tiempo, mi interés o mi vida, significa que, de una forma u otra, he invertido y estoy invirtiendo en ti. Por lo que, cuando una parte de ti se convierte en una parte de mí, y cuando una parte de mí se convierte en una parte de ti, es cuando surge el amor verdadero. Y da igual que sea por una madre, por un amigo o por alguien al que creas especial.

Amar es dar, no recibir. Aunque, al fin y al cabo, las cosas nunca son tan sencillas como parecen y echar de menos es, cuanto menos, uno de los sentimientos más agridulces que experimenta el ser humano. Por no decir que es una puta mierda. Porque no hay nada peor que la melancolía.

Pero ¿qué es exactamente echar de menos? Según su etimología, echar de menos es un portuguesismo al que se le achaca el sentido de «sentir falta de». Por eso va implícito la nostalgia, la melancolía, o similares. Sin embargo, que eches de menos a alguien no significa que quieras que vuelva. O tal vez sí.

«Echar de menos es ese sentimiento de angustia al sentir la ausencia. Es ese «ojalá estuvieras aquí»

Cuando me preguntan qué siento al echar de menos no pienso (ni por asomo) en la melancolía o en la añoranza. Cuando echo de menos a alguien siento una extraña agonía en el pecho y me frustro. Porque para mí, echar de menos es que te pase algo bueno y querer que esa persona esté ahí a tu lado, es ese mensaje desesperado de «me ha pasado esto y puede que sea una tontería, pero necesito y quiero que lo sepas». Es ese sentimiento de angustia al sentir la ausencia .Es ese «ojalá estuvieras aquí». Es sufrir la distancia que no se mide en los puñeteros kilómetros que te sobran, sino en los abrazos que te faltan. Y es incluso ese miedo a tener que reconocer frente a esa persona, ya sea a la cara o por mensaje el temido: «Hey, tú; que te echo de menos».

«Cuando una persona se va, no vuelve aunque regrese». No puedo estar más de acuerdo. Porque cuando una relación se rompe o resquebraja, sea del tipo que sea, nada vuelve a ser como antes. Y eso no tiene por qué ser malo. Frente a una ruptura, un divorcio, una discusión o incluso un intercambio de pensamientos, las cosas cambian, las personas cambian y la relación cambia. ¿Y qué? Estamos destinados a cambiar, a evolucionar, a vivir etapas, a experimentar rachas buenas, malas o como sean. Vivimos una era en la que estamos destinados a separarnos, ya sea por un tiempo o para siempre. Y echar de menos, a veces, nos ayuda a valorar más a una persona; a decir: «vale, es especial. No la cagues. Mantenla en tu vida porque te hace bien».

«A veces, no echamos de menos a la persona, sino al recuerdo que tenemos de ella o a cómo nos sentimos en ese momento»

No obstante, también me parece que hay que tener en cuenta que a lo largo de nuestra existencia, las personas recibimos una cantidad de estímulos que por X o por Y nos hacen cambiar. Yo no soy la misma persona que era hace cuatro años, y menos mal, porque menudo aburrimiento. No hay nada peor que una persona que se conforma y excusa con expresiones del tipo «yo soy así» o «la gente no cambia». ¡Pues claro que cambia!

Tenemos que empezar a asimilar que echar de menos es un sentimiento agridulce que nos ayuda a crecer como personas. Echar de menos está bien. Porque a veces, no echamos de menos a la persona, sino al recuerdo que tenemos de ella o a cómo nos sentimos en ese momento.

«Si lo que te pasa es que echas de menos a una persona que ya no está o que, por el momento, no puedes tenerla cerca, enhorabuena: eres humano y tienes a alguien en tu vida que te quiere y al que quieres»

El arte de decir adiós no significa olvidar, sino asumir, añadir experiencias y seguir creando y almacenando recuerdos. Claro que podemos echar y echarnos de menos, pero no podemos permitirnos el lujo de vivir anclados en el pasado. No cuando tenemos un presente tan prometedor. No cuando hay tantas historias que escribir. Por lo que, si lo que te pasa es que te echas de menos, búscate, escúchate y encuéntrate. La paz con uno mismo es súper importante. Y si lo que te pasa es que echas de menos a una persona que ya no está o que, por el momento, no puedes tenerla cerca, enhorabuena: eres humano y tienes a alguien en tu vida que te quiere y al que quieres.

Así que, si la tienes cerca, aunque lejos, no te contengas. Mándale todos los mensajes que quieras. Llámala. Escríbele. O no hagas nada. Porque al final, cuando os reencontréis, existe la posibilidad de que nada vuelva a ser cómo antes. Aunque, insisto: lo distinto no tiene por qué ser algo malo, puede ser algo mejor. Creo que a la reflexión a la que he llegado es a que echar de menos puede ser un toque de atención. Un nuevo capítulo. Un folio en blanco. Y, al fin y al cabo, una nueva oportunidad.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".