El desnudo femenino vuelve a estar a la orden del día. Y no es por que Instagram haya vetado por fin su fobia a los pezones. Sino porque el desnudo sigue incomodando a la gente. Y es obvio que este tema nos tiene obsesionados, prueba de ello es el arte a lo largo de la historia.

Una de las obras que más escandalizaron en su momento fue “La maja desnuda” de Goya, propiedad de Manuel Godoy. Tal fue su alboroto que incluso tuvieron que realizar una copia de la misma totalmente vestida. Una buena estrategia para poder seguir disfrutando del arte sin escandalizar a la Inquisición.

Así, comenzó poco a poco a fomentarse lo que llamamos la censura selectiva.  Según los ideales y valores de la persona, Godoy mostraba un cuadro u otro a sus invitados. Y aunque pensemos que eso es algo del siglo pasado es una buena metáfora que sigue sucediendo hoy en día: Autocensuramos nuestro cuerpo según quien nos mire.

«Aunque pensemos que la censura selectiva es algo del siglo pasado sigue sucediendo hoy en día: Autocensuramos nuestro cuerpo según quien nos mire»

Incluso, es una situación que sigue ocurriendo en la actualidad. Centrándonos concretamente en España recientemente se produjo una censura artística y cultural. La bailarina y coreógrafa Candela Capitán que formaba parte del nuevo proyecto de la banda The 1975, en la que cada canción iba acompañada por un videoclip a cargo de un artista, no pudo llegar a publicar su video debido a desnudos explícitos.

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Y todo ello ocurre porque el desnudo sigue siendo un tema tabú. Al no considerarlo como algo natural creemos que es malo enseñarlo. Además, los cánones de belleza añaden complejos que hacen que la gente se avergüence más de sus cuerpos y no los quieran mostrar. Al avergonzarse de sus propios desnudos se juzga el de los demás.

Desde siempre la mujer que se muestra desnuda sin ropa está mal considerada. En cambio, el hombre puede aparecer desnudo en cualquier parte y nadie lo ve como algo malo. Y todo ello es porque el cuerpo femenino incita al deseo. Por lo tanto, intentan esconderlo a toda costa.

Lo que no deja de ser una forma de violencia hacia el cuerpo de la mujer que, avergonzada y aturdida por los mensajes que recibe, siente la necesidad de cubrir su cuerpo, haciéndole pensar que hay algo malo en ella.

«Los cánones de belleza añaden complejos que hacen que la gente se avergüence más de sus cuerpos y no los quieran mostrar. Al avergonzarse de sus propios desnudos se juzga el de los demás»

En ese sentido, hay un pensamiento generalizado de que cuando una mujer se desnuda en las redes sociales, por ejemplo, lo hace para que la miren. Como si estuviese reclamando atención. Cuando no es así. Puede tratarse realmente de una oda a sí misma que es totalmente lícito porque cada uno es libre de hacer lo que quiera. Pero, también puede tratarse de una reivindicación. Usar sus cuerpos como fuerza para reclamar otra cosa.

De este modo, debemos ser más conscientes de nuestro cuerpo. Convertirlo en una herramienta de poder para que la provocación sea el camino para cambiar la concepción del desnudo. La cuestión es preguntarse el motivo por el que lo hacemos. Si hay una presión, una vergüenza o un placer detrás de cada acto de desnudo. Sea como fuere debemos normalizar la situación para aceptarnos tal y como somos y dejar atrás viejos tabúes innecesarios.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.