chica joven blanco y negro hablando de sugar daddy

Lauren Izquierdo sobre amor y lo peligroso que pueden llegar a ser las relaciones con Sugar Daddy: «rechacé un 2.55 de Chanel»

Ya. Sé lo que vais a decir. Yo también lo diría. Es más: os juro que pienso en estas semanas, en esta historia, en todo lo que ha pasado y solo puedo decir: wow. Porque sinceramente, no me lo esperaba.

Voy a poneros en situación: imaginaos que una Carrie Bradshaw moderna del siglo XXI (que obviamente no soy yo) decide probar una aplicación que se vende como el Tinder mejorado. Carrie, aburrida de que Ted haya pasado página y cansada de que Mr. Big sea más intermitente que los últimos segundos de un semáforo en ámbar, comienza a conocer a personas que parecen interesantes. Hasta ahí todo bien. Ok. Sois Carrie y en ese momento, Chuck Bass aparece en escena, hacéis match y comenzáis a hablar. La conversación parece el preludio de La La Land. Tenéis muchas cosas en común, por no decir todas. Os gustan los mismos restaurantes, las mismas series, la misma música y las mismas pasiones. ¡Nicholas Sparks podría escribir una historia sobre vosotros (o yo misma, puestos ya a vender libros)! Y aunque hayas pasado por alto el hecho de que tiene un yate de 23 metros, todo parece ir bien.

En ese momento llega la pregunta que, aún necesaria, a todo el mundo incomoda: ¿qué buscas aquí? Eres demasiado digna como para reconocer que te abriste un perfil en esta aplicación después de una noche en la que le tiraste una copa a Miranda tras hablar de lo harta que estabas de Mr. Big. Por lo que dices que «no buscas nada, aunque supones que todo el mundo busca ser compatible con alguien». En ese momento, la cosa se tensa, porque Chuck sentencia la historia: «Yo busco una relación. Quiero una novia a la que poder consentir. Así que, hazme un favor: elige un bolso, el que tú quieras de la marca que quieras y te lo regalo por nuestra primera cita».

Carrie está en shock. Literalmente es el sueño de su vida. Sobre todo, si a eso le añades el detalle de que lleva dos semanas planteándose financiarse un bolso. Aun así, aguantas un poco más porque tienes valores y tu alma fashionista frustrada y apática todavía sigue teniendo unos principios que, aunque no sepas para qué sirven, ahí están. «Hombre, cómo me vas a regalar un bolso de 5.000€ si no te sabes ni mi primer apellido, que es Bradshaw, por cierto», dices. A lo que te él te responde «¿5.000€? ¿El 2.55 de Chanel entonces?». No sabes cómo reaccionar.

Toda la vida llevas hablando de emociones, pero Chuck solo quiere regalarte un bolso, y cuando te has ido a dar cuenta, la historia pasa precisamente a la historia con un mensaje nada consolador de «Carrie, posiblemente seas la persona más guapa e interesante que conozco, y aunque creo que me voy a arrepentir, no somos compatibles». Entonces, deshace el match y tú te quedas con una cara de idiota insoportable con un único pensamiento de «soy increíblemente estúpida».

Me encantaría decir que esto no pasó, pero es verídico y real. Y lo más impresionante de la historia es que no es la primera vez que me pasa. Al parecer tengo cara de que quiero que me regalen un bolso y no sé cómo tomarme eso. Así que, pide al universo, urbanita, pide al universo que el universo te dará. Días más tarde decidí hablar con una experta sobre el tema porque, a pesar de que está claro que Chuck tiene un traumita psicoafectivo que pretende blanquear a base de bolsos de marca que yo ya no tendré en la vida, aquí pasaba algo; y hablando con Nashma Brou, experta en amor y felicidad, emergieron dos conceptos: el Sugar Daddy y la Sugar Baby.

«Una persona que tiene dinero no necesita ir exponiendo —y mucho menos a una persona que, insisto, no sabe ni su primer apellido— la capacidad adquisitiva que tiene en el banco»

Estoy segura de que tú también habrás oído hablar de estos conceptos. Pero ¿qué es un Sugar Daddy? Una persona, generalmente de avanzada edad, que tiene el objetivo vital de mantener a su pareja, plagándola de regalos. ¿Y el Sugar baby? La o el mantenidx. O sea, inciso: esto es muy fuerte. Obviamente, en este tipo de relaciones no hay amor. Al menos no un sentimiento tradicional que vaya más allá del placer que a una parte le produce la compañía y la exposición de tener a alguien joven a su lado; y la comodidad y el chollo que a la otra parte le provoca tener a alguien que le financia sus sueños de Kardashian.  

Más allá de lo estupendo que parece a simple vista, y suponiendo que Chuck fuera Chuck y no el padre de Fallon Carrigton en Dynasty, este «tipo de acuerdos» pueden llegar a ser peligrosos. Empezando por el hecho de que una persona que tiene dinero no necesita ir exponiendo —y mucho menos a una persona que, insisto, no sabe ni su primer apellido— la capacidad adquisitiva que tiene en el banco. En este caso, es machista, capitalista y un poco pedante, puestos a añadir adjetivos.

«Este tipo de «acuerdos» suscitan ciertos tipos de intereses que, en el peor de los casos, incluso pueden conllevar a la violencia económica»

Tal y como afirma Nashma Brou, este tipo de personas ni sabe gestionar el amor ni el dinero. Carecen de valores, tienen inseguridades y también traumitas. No obstante, la parte más vulnerable y delicada le toca a la otra persona. ¿La razón? Hay gente fácilmente impresionable. Y vale, puede que durante dos segundos me durmiera fantaseando con mi armario de Carrie Bradshaw, —ojo, cuando ya me había rechazado—, pero hay personas que tienden a ser más manipulables.

Además, alguien que se haya educado en unos «valores normales» siempre tiende a pensar que «le debe algo a la otra persona» cuando esta le hace un regalo así. Compañía, conversación, besos o sexo. Al final, este tipo de «acuerdos» suscitan ciertos tipos de intereses que, en el peor de los casos, incluso pueden conllevar a la violencia económica. Si ese Sugar Daddy es una persona abierta, con emociones y tiene dinero, guay, es el sueño de tu vida; pero generalmente son individuos cerrados que carecen de cualquier tipo de gestión emocional y que no le dan valor a nada ni a nadie, ni siquiera a ti. Por lo que, baby, te conviertes en su trofeo y en su juguetito.

«Todos deberíamos recordar que ni todos somos iguales, ni todos estamos pasando por lo mismo, ni todos tenemos la misma disponibilidad emocional»

Así que, puede que la historia esté muy bien. Yo sigo flipando, tengo una nueva anecdotita para entretener a mis amigos, hice reír a Nashma porque es «algo surrealista» y posiblemente lo vuelva a contar en alguno de mis libros porque sigo soñando con la esperanza de tener algún día un 2.55 de Chanel, pero no, gracias. No es lo mío tener un Sugar Daddy (aunque afirmaba tener 26).

Es importante hacer hincapié en que, cuando alguien se hace un perfil en este tipo de aplicaciones, debe tener la cabeza muy bien amueblada. Hay que quererse mucho a sí mismo y ser claros desde el principio. Al fin y al cabo, todos deberíamos recordar que ni todos somos iguales, ni todos estamos pasando por lo mismo, ni todos tenemos la misma disponibilidad emocional.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".