En Navidad os hablé de tres hombres que marcaron mi 2020, y da la casualidad que uno de ellos era Mr Big. Creo que es momento de confesar que estas semanas han sido algo curvilíneas. Así que, me gustaría abrir un melón y beberme un chupito de tequila a vuestra salud antes de deciros que hoy… Vamos a hablar de las segundas oportunidades.

El otro día volví a ver ese episodio donde Carrie y Mr. Big se reencuentran por primera vez después de su ruptura. Ella dice algo así como «era perfecto: iba mona, tenía buen aspecto y estaba acompañada por una estrella de béisbol«. No obstante, resultó un momento un poco incómodo, con un par de frases tontas y un pequeño contacto por pura inercia que los removió por dentro. Capítulos después, Carrie y Mr Big volvieron a estar juntos.

Y digo yo: ojalá fuera así de fácil. Porque voy a ser la primera que lance una piedra: las tecnologías también nos han arrebatado «ese momento incómodo». Que de todo nos quejamos, es verdad, pero antes, las personas se reencontraban en las paradas de metro, los restaurantes, las fiestas o los aeropuertos. Me cuesta imaginar a Mónica y Chadler (Friends), Ted y Robin (How I met your mother), o Dawson y Joey (Dawson’s Greek) en la vida real. Porque la verdad es que, a día de hoy, el reencuentro se hace por Instagram, justo cuando uno de los dos decide contestar a una de las historias del otro, comenzáis a hablar, y a los días, ya hay una fecha. Y cuando estáis cara a cara, no puedes decir «joder, qué guapo está», o «oh, Dios mío, ¿tú quién eres?» Porque te sabes su Instagram y su vida (si es una drama queen como yo) de memoria. Ahora todo va engatillado y con connotaciones adscritas donde una no sabe ni por dónde empezar.

Las segundas oportunidades tienden a relacionarse con infidelidades o con relaciones tóxicas, cuando la verdad es que hay otras muchas historias que acaban justo antes de empezar

No obstante, el «día del encuentro» te arreglas a conciencia, te pones nerviosa y sonríes mucho, quizás demasiado, aunque posiblemente, él ni lo ha notado. Horas después, sientes que el tiempo no ha pasado. Entonces, te preguntas, ¿por qué lo dejamos? Porque las segundas oportunidades tienden a relacionarse con infidelidades o con relaciones tóxicas, cuando la verdad es que hay otras muchas historias que acaban justo antes de empezar.

Algo que he aprendido esta semana es que las personas no tienen por qué quedarse en tu vida para siempre. Algunas estarán contigo mucho tiempo, otras una larga temporada, y otras incluso un día. Y no pasa nada, porque cada vez creo más en ese viejo refrán con tintes conformistas de «si dos personas tienen que acabar juntas, lo harán». Tarde o temprano. Sea una relación amorosa, una que no haya empezado o algo que solo sea fruto de un impulso provocado por la curiosidad o la simple y llana atracción.

Las segundas oportunidades, a veces, tienen que ver con el olvido y el perdón, pero otras tienen que ver con una mirada hacia dentro

Porque abramos otro melón y entendamos de una vez por todas que hay momentos que no son el momento. Por A, por B o por Z. Las segundas oportunidades, a veces, tienen que ver con el olvido y el perdón, pero otras tienen que ver con una mirada hacia dentro. Sin embargo, nos da miedo hacernos las preguntas correctas, y sobre todo, asumir que vuelves a sentir algo que creías superado.

Por eso las segundas oportunidades son tan importantes, y ya no solo las segundas, sino las terceras, las cuartas, las quintas… Y todas las que estés dispuesta a dar sin que ello te consuma. Porque mientras sientas que con esa persona puedes ser la misma, que te sientes libre, valorada y querida, que no eres como un boli BIC que de tanto escribir se queda sin tinta, ¿por qué no va a valer la pena volver a intentarlo?


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".