familia

El mundo está cambiando a pasos agigantados. Y cada vez a mayor velocidad. Ya no tenemos que irnos unos siglos atrás para ver cambios en la sociedad. Con tan sólo 50, 20, 10 o incluso un año (antes de la covid, después de la covid) ya podemos ver grandes cambios. En la visión de la vida, en los valores, en las perspectivas de futuro, de trabajo, sobre el amor y la familia. Porque, en los últimos años, la definición de esta institución ha cambiado radicalmente. Aunque haya personas que todavía no lo hayan aceptado.

El divorcio, la separación, las familias monoparentales, homosexuales, reconstruidas, interraciales, multiculturales… han cambiado el concepto tradicional de familia. Es más, incluso se ha trasladado a un segundo plano su valor en la sociedad. Cada vez son más personas las que deciden, por voluntad propia, no tener hijos, no casarse, e incluso no tener pareja estable. Y no por ello su valor como personas o su posición social se ven perjudicadas (o no tendrían que verse así).

familia

Pero ¿qué es la “familia tradicional”? En los años cincuenta tanto los programas de televisión como los anuncios de sí misma proyectaban la imagen que por aquel entonces se tenía de la familia perfecta: blanca y heterosexual. El hombre, sentado en su sillón y con el traje, tras pasar el día en el trabajo. El niño jugando a sus pies y la niña a su lado con un precioso lazo en el pelo y un vestido colorido. ¿Y la madre? En la cocina, observando la escena, o apoyada en uno de los reposabrazos u ofreciendo una bebida a su querido marido. Siempre servicial, siempre ama de casa.

familia tradicional

A día de hoy este tipo de familia no podría sostenerse económicamente. ¿Un sólo sueldo manteniendo a una familia de clase media de cuatro miembros? Imposible. Además, las mujeres ya no quieren quedarse en casa. Quieren salir, tener su propia carrera profesional y de éxitos, su propia vida sin tener que depender de nadie.

No hay nada que nos impida sentirnos realizadas… salvo quizás dos cosas. La primera, el techo de cristal y el machismo que todavía perdura en el trabajo (y en la sociedad). Y la segunda, la presión por ser madres. Una presión para las que han decidido no ser madres y otra para las que quieren y no pueden llegar a todo lo que tradicionalmente se considera labor de la mujer.

El amor familiar supera cualquier clase de etiqueta que la sociedad quiera imponer

Por otra parte, son muchas las instituciones más tradicionales que creen que una familia desestructurada, monoparental o LGTB+, impiden el correcto “desarrollo moral” de los niños. Pero, seamos sinceros, un niño se puede adaptar a todas las situaciones y crecer feliz y en armonía si está protegido, si se siente amado y querido por sus padres. No importa su género, orientación, color o cultura. El amor familiar supera cualquier clase de etiqueta que la sociedad quiera imponer.

familia

Al tener mayor libertad, aparecen nuevos modelos voluntariamente escogidos e igual de válidos, de mayor diversidad y a la vez más inestabilidad. Porque ahora el conformismo, el miedo y la resignación no son una opción. Vive con quien tu quieras, cásate (o no) con quien tu quieras y ten (o no) los hijos que quieras (y puedas mantener). Entonces, ¿la libre elección por amor y bienestar es el fin de la familia tradicional? Que así sea.


Ana Rodríguez Salinas

Amante del cine, la danza, el teatro y los buenos libros. Me encanta escribir sobre la Cultura, pero, sobre todo, aprender cada día un poquito más de ella