Hablemos del 2020, del 2021 y del milagro de esta Navidad.

Hora de la verdad. Voy a seros sincera. Cada año, unos minutos antes de las campanadas, con el espumillón, las uvas ya preparadas y con el barullo que mi familia tiene por costumbre armar año sí y año también, desaparezco. No mucho. Ni siquiera se dan cuenta de que me he ido. Subo las escaleras hasta la azotea y muevo ese ladrillo que llevan queriendo arreglar desde que tengo uso de razón. Y allí, justo tras él, guardo una lista con mis propósitos para el nuevo año. Sí, a lo How I Met Your Mother.

No puedo vivir sin este pequeño ritual. Pero este año ha sido tan raro, inesperado y caótico que me he adelantado. Y reflexionando sobre la polvorienta lista de cosas que he cumplido y de las otras tantas que no, he hecho balance sobre numerosos aspectos. Y me he dado cuenta de que estábamos equivocados. Porque al final la vida es una de cal y otra de arena, y aunque este 2020 ha sido espantoso, también nos ha dejado muchas otras cosas buenas.

Si os hablo desde el propio egoísmo (siendo sincera) os digo que me niego a quedarme solo con lo mal

El martes trece constante, la montaña rusa de emociones, la desgracia andante, el preámbulo de la crisis que de nuevo piensa saquearnos, las conspiraciones, la Covid-19, las ausencias, los silencios, las muertes… No hay duda de que el 2020 ha sido un año muy duro, como poco. Que centenares de familias se han visto sometidos a una situación que no esperaban y que nadie ni nada nos devolverá el tiempo y a las personas que nos ha arrebatado.

Pero si os hablo desde el propio egoísmo (siendo sincera) os digo que me niego a quedarme solo con lo malo. Me niego. Porque aunque suene a tópico, estos 365 nos han enseñado muchísimas cosas.

Si este año nos ha enseñado a saber diferenciar que no es el qué, sino el con quién, merece la pena seguir luchando por esto y por todo lo demás

El 2020 nos ha servido para parar. Para comprender que el ritmo de vida que llevábamos no era normal. Nos ha enseñado que quien mucho abarca poco aprieta y que todos necesitamos un lugar al que volver. También nos ha enseñado que la mejor sensación es el abrazo de bienvenida de nuestra familia, los ronquidos de nuestras mascotas, las anécdotas que se cuentan una y otra vez porque son tan buenas que no te cansas de oírlas, y los silencios cuando la/el chistosx de la familia cuenta algún chiste que no tiene gracia aunque él/ella piense que sí.

Y si este año nos ha enseñado a valorar lo que tenemos, a ser generosos, a decir “te quiero” las veces que haga falta y a saber diferenciar que no es el qué, sino el con quién, merece la pena seguir luchando por esto y por todo lo demás.

Así que, espero que no os rindáis y que, de parte de todo el equipo de Status of Empire y de la mía propia, Feliz Año Nuevo. Y recordad: urbanitas y urbanitos, el mayor milagro de Navidad es el simple hecho de que estamos vivos.


Lauren Izquierdo

Ah, creo que es ahora cuando tengo que decir que dirijo este sitio. Así que sí, soy la Directora de Status of Empire. ¿Quieres saber mis dos mayores secretos? Soy un cuadro y siempre escribo sobre lo que me da la gana. Llevo en el mundo de la moda desde que tengo 15 años y eso me ha dejado un poco cucú. Pero ahí vamos, sobreviviendo (aunque cada vez tengo más ganas de irme a vivir al campo). Además, también soy experta en belleza. Una, que se adapta a los nuevos tiempos. ¿Otro secreto? Venga, escribo sobre amor porque capitalizar sentimientos es un mood y es el mío, tengo un podcast que se llama Estas Crías y he publicado dos libros que son como mis hijos, Espinas de terciopelo y Silencio. Ale, y ahora a leer todas mis cosas, que tienes para rato.