Los últimos 20 años han estado marcados en Afganistan por tres sucesos que se han dado al inicio de cada década. En 2001 los atentados del 11S y la consecuente invasión estadounidense del país. En 2011 la captura y asesinato de Bin Laden. Y ahora, en 2021, la toma del país por parte de los talibanes, un grupo integrista de mayoría pastún, que basa su ideología en una interpretación radical y extremista del islam.

#CRONOLOGÍA DE LA TOMA TALIBÁN DE AFGANISTÁN

Después de 20 años de presencia militar estadounidense, Joe Biden anunciaba en abril la retirada gradual de sus tropas. En mayo comenzaba el repliegue, lo que supuso el punto de inflexión del avance talibán en el país y, tras 20 años de enfrentamientos con el gobierno afgano -que todavía controlaba las 34 capitales de provincias en las que está dividida Afganistán-, en tan solo tres meses los talibanes conseguían hacerse con el control del país.

Los talibanes comenzaron su avance con la toma de las zonas rurales, en las que la presencia del gobierno y de sus tropas era mucho menor. El objetivo fue tomar las principales vías que conectaban con Kabul y las que daban acceso a las fronteras. A principios de agosto los talibanes ya controlaban el 60% del territorio.

La milicia integrista consiguió triunfar a base de negociar rendiciones, confiscar carreteras y hacerse con el armamento de las poblaciones y de los soldados del presidente afgano, Ashraf Ghani, que deponían sus armas sin luchar. Una estrategia de coerción y persuasión que se repitió por todo el país. Con cada rendición los talibanes se hacían con material y conseguían controlar nuevas vías y carreteras. Pero, sobre todo, se intensificaba la propaganda de sus victorias, aumentaba el miedo de la población del posible regreso del régimen talibán y desmoralizaba a los miembros de un gobierno cuyos lideres ya parecían abandonar.

Así consiguieron un avance inédito que se intensificó el 6 de agosto cuando cayó la primera capital de provincia, Zaranj, a la que, en apenas una semana, siguieron otras catorce. El sábado 14 de agosto las provincias más importantes se rindieron: Kandahar, Helmand y Herat. Poco después cayeron Logar, Mazar-i-Sharif, Jalalabad y, finalmente, la capital, Kabul.

Estas ciudades apenas pusieron resistencia al avance talibán, y con la huida de Ghani el 15 de agosto los talibanes entraban al palacio presidencial y daban por finalizada su victoria.

#LA DECISIÓN DE BIDEN

Durante el gobierno de Obama se incrementó la presencia del ejército estadounidense en Afganistán. Una acción que chocaba frontalmente con lo que Biden -entonces vicepresidente- entendía que necesitaba el país. La dicotomía de permanecer o marcharse de Afganistán nunca estuvo presente en Joe Biden, que tenía claro que el ejército norteamericano tenía que irse del país cuanto antes.

La crítica de la opinión pública llegó por la manera en la que las tropas abandonaron Afganistán y el fallo en las predicciones, tanto de los servicios de inteligencia como del gobierno estadounidense, que hablaban de la posible toma de Kabul por los talibanes en un periodo de entre 30 y 90 días desde su salida. ¿La realidad? Apenas días después del anuncio de la evacuación de tropas, los talibanes en una ofensiva relámpago entraban a la capital tras haber tomado Jalalabad, uno de los últimos importantes enclaves del país que todavía estaba en manos del gobierno afgano.

Biden, lejos de la autocrítica, culpó al gobierno afgano de no haber interpuesto resistencia a la entrada de los talibanes. Tras las terribles imágenes del aeropuerto de Kabul, lleno de afganos  desesperados tratando de huir, trepando y aferrándose a los aviones militares, Biden interrumpió su viaje a Camp David y regresó a La Casa Blanca donde sostuvo que no tenía más alternativa que retirar sus tropas.  “Los estadounidenses no pueden ni deben luchar o morir en una guerra que los afganos no están dispuestos a luchar por sí mismos” defendía el presidente norteamericano.

#UN NUEVO GOBIERNO TALIBÁN

 Los talibanes han llegado, de nuevo, al poder. Los acuerdos y pactos con los señores de la guerra les han impulsado, y la gran desilusión motivada por la corrupción del gobierno y el fraude de la democracia afgana ha facilitado su rápido avance y llegada al gobierno.

Durante 20 años Afganistán ha experimentado un periodo de desgobierno, de constante fraude electoral y corrupción. En estas dos décadas los ataques de los talibanes nunca cesaron. Porque es un error creer que en 2001 se marcharon. Todo lo contrario. Permanecieron y ahora parecen dar una imagen de ser más fuertes que nunca. El interrogante queda en qué pasará ahora en Afganistan. Los talibanes se han hecho con el poder, ahora les toca gobernar.


Paula de la Vega