Recuerdo entrar en la sala de cine con 15 años con unos amigos a ver el remake de Posesión infernal, la mítica película de 1981. Rememoro el comentario de uno mis amigos, amante del gore y del miedo: “Ya verás cómo te lo pasas en grande y si tienes miedo no te preocupes que te reirás conmigo…”. Claro, ante estas palabras quedé un poco desconcertado. ¿Cómo iba a pasarlo bien viendo una peli donde la sangre salpicaba los ojos del espectador? Más tarde lo entendí. La luz del cine se apagó y comenzó el festín de amputaciones, posesiones y horror. Yo, como es habitual, entornaba los ojos y me tapaba los oídos (lo sigo haciendo). A mi lado, mi amigo veía la película con una sonrisa en la boca.

El cine de terror es justo eso, como afrontamos cada uno de nosotros algo desagradable. En ese sentido, el género es universal y la reacción de cada uno de nosotros difiere. Unos disfrutan viendo sangre (como mi amigo), otros quedan impasibles ante gritos y estruendos, mientras que algunos necesitan taparse los ojos. Aun así, todas esas personas saldrán del cine contentas si la película es buena.

El cine de terror es, sin duda, un género de masas. Pero no todo el mundo lo soporta. Muchos de mis amigos o cercanos comentan: “a mí la película que quieras, mientras que no sea de terror”. Me gusta compararlo con las atracciones, hay algunos que no están hechos para el vértigo de lo que se ve por sus consecuencias: pesadillas o malos rollos. Aun así, como el mundo es tan grande y hay tantos habitantes siempre habrá personas que no les atraiga.

El cine de terror existe desde los principios del séptimo arte y siempre ha cautivado a la audiencia. Mitos como los de Frankenstein, Drácula o el hombre lobo han sido llevados en numerosas ocasiones a la gran pantalla. ¿Pero cuál es el atractivo de este tipo de películas?

Nos gusta pasar miedo, la sensación de sentirnos en peligro, el éxtasis y los sobresaltos. Es una idea que nos atrae, nos conecta con nosotros mismos porque nos hace sentir vivos. Por eso, el plan de quedar para ir al cine, coger palomitas y ver una peli de terror está tan extendido en nuestra sociedad. Desde maratones de sagas como Saw, disfrutar de zombis o pasarlo mal con películas del género realmente conseguidas. En una entrevista que realicé en el pasado a Guillermo Benet (director de Los Inocentes) dijo que “el cine te conecta con el infinito”. El terror es justo eso.

Además, el éxito del cine de terror es evidente, a pesar de su larga historia. Cada vez que se acerca Halloween, se estrenan nuevas cintas de terror. Es un género que nunca morirá. Solo falta ver el éxito de películas como Rec, Expediente Warren, Insidous, Paranormal Activity o Hereditary.

Otro ejemplo es la cantidad de géneros derivados de la experiencia de pasarlo mal en cines. Tenemos el cine de monstruos (Frankenstein), ciencia ficción de terror (Alien, el octavo pasajero por antonomasia), el género paranormal, Slashers (sobre asesinos en serie: Scream), cine de zombis, el gore, el giallo (cine de terror italiano)… y multitud más. Por ello, cuando pongas una película de terror, acompañado o solo, no olvides ante todo que lo que ves es ficción para disfrutar… o no.   


Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?