Nos gusta. Nos encanta. Incluso podríamos llegar a decir que se ha convertido en una obsesión. Ser el primero en todo aquello que nos proponemos muchas veces se convierte en nuestra única prioridad a la hora de hacer las cosas.

La competitividad ha creado dentro de nosotros una necesidad por destacar siempre frente al resto. Desde que éramos pequeños siempre nos lo han inculcado. Cada vez que jugábamos un partido y vencíamos a nuestro oponente, nos premiaban. Y nos sentíamos bien. Quizás incluso tanto que hemos acabado siendo adictos a ello.

Ganar es reconfortante. Siempre sienta bien. Y quien diga que no miente. Pero, todo tiene un límite. No se puede pretender ser el mejor en todo. Y tampoco hace falta intentarlo para descubrirlo. Es algo lógico. Somos humanos. Y estamos muy lejos de alcanzar la perfección. Por eso, a veces es normal perder.

«La competitividad ha creado dentro de nosotros una necesidad por destacar siempre frente al resto»

Y no por ello significa que debamos obsesionarnos hasta conseguir ser los primeros y vencer a nuestros rivales para sentirnos bien con nosotros mismos. Porque algo que debemos tener en cuenta a lo largo de nuestra vida es que por muy buenos que pensemos que somos en algo, siempre habrá alguien mucho mejor que nosotros. Y no pasa nada.

Incluso, es el pretexto perfecto para seguir mejorando y ponernos al límite. Porque la competitividad, mientras sea sana, es inofensiva. Ganar no solo significa que seamos los mejores en algo, sino más bien que todo el esfuerzo que hemos invertido está dando sus frutos. Y que la gente valore y aplauda esos valores que ven en nosotros es gratificante.

Por eso, debemos a prender a entender el concepto de ser el primero como un motor para seguir esforzándonos sin pisar nunca a nadie. Porque, aunque siempre estemos compitiendo con alguien, nunca debemos creernos superiores o incluso degradar a una persona que hayamos vencido. Y en eso consiste la competitividad sana. En ser capaces de respetar a todo el mundo hayamos obtenido los resultados que hayamos obtenido.

«Ganar no solo significa que seamos los mejores en algo, sino más bien que todo el esfuerzo que hemos invertido está dando sus frutos»

Y es que, aunque el carácter competitivo de la sociedad se haya convertido en un “todo o nada”, debemos intentar cambiar su significado. Porque el ganador no se lo queda todo. Y una derrota no quiere decir ni mucho menos que no seamos capaces de que, en un segundo intento, podamos mejorar y llegar a ser el primero. Porque como decía Paulo Coelho “La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.