Todo empezó como un día normal. Me levanté y me preparé para ir a trabajar. Y como siempre me bebí el café cuando aún estaba caliente para salir corriendo a coger el metro antes de perderlo. Pero, por mucha prisa que me di, ese día el tren se fue y está vez no estaba dentro.

Y, de repente me giré, y le ví. Una persona parada enfrente de mí que por cosas del destino o de la suerte también había perdido el mismo tren. Nos miramos durante unos breves segundos. Y lo supe en ese instante. Ese chico era perfecto para mí.

Sucumbí a la idea de un futuro inventado en el que nos conocíamos en ese momento y desde ese día, estaríamos juntos para siempre. Me enamoré de él, aún sin saber apenas nada más allá de cómo iba vestido. Y mientras pensaba la vida tan perfecta que podríamos vivir juntos, llegó el otro tren y me subí, perdiendo de vista a aquel chico con el que ya me había imaginado toda nuestra vida juntos.

“La emoofilia es la peligrosa tendencia a enamorarse rápido de alguien a quien apenas conoces que cada vez ocurre más en verano por los romances fugaces que duran lo mismo que los días que nos vamos de vacaciones”

Y eso es precisamente la emoofilia, la peligrosa tendencia a enamorarse demasiado rápido de alguien a quien apenas conoces. Una actitud adoptada cada vez más en verano por los romances fugaces que duran lo mismo que los días que nos vamos de vacaciones.

“Vivimos en una sociedad bastante narcisista, con necesidades de afecto y cariño, por lo que me extrañaría que este tipo de relaciones cada vez fueran más frecuentes. Serán relaciones cortas e intensas, enamorándose del amor y de lo que el otro proyecta y no de la persona que realmente tengo en frente” aclara la psicóloga experta en terapia de pareja, Bárbara Zapico.

Y aunque los enamoramientos en el metro nos pasan a todos más de las veces que quisiéramos admitir, la emoofilia puede tornarse un tanto tóxica. Ya no se trata de fijarse en un desconocido por la calle, sino de quedar por primera vez con una persona e implicarse emocionalmente.

“Los problemas de autoestima suelen aparecer en este tipo de relaciones, porque son relaciones fusionales en las que se puede estar buscando una persona emocionalmente similar a uno mismo”

“Para poder hablar de amor, tendríamos que tener en cuenta tres partes del cerebro: el cerebro límbico (emocional), el cerebro cortical (racional) y el cerebro reptiliano (instintivo). Por ello, al principio de la relación con una persona, aparece el comportamiento de la emoofilia. El enamorarse rápidamente, el “flechazo”, estando en una fase de enamoramiento inicial de una relación basado en un principio de placer, idealización y fusión con la persona amada. Es un estado de enajenación donde las dos personas sienten una fuerte atracción gracias a una serie de constructos tanto físicos como biológicos” explica la psicóloga.

Hay un amplio abanico de actitudes de personas con emoofilia. Algunas de ellas son estar enamorado hasta los huesos de varias personas a la vez, otra es darse poco tiempo entre una pareja y otra, o como ocurre en muchas ocasiones pronunciar en la primera cita a lo loco: “Te quiero” (Sí, “Te quiero” como si fuese algo normal que dices a cualquier persona como “Quiero pizza”).

«Uno de los principales problemas que pueden aparecer en este tipo de relaciones es que se idealice tanto a la otra persona que nos lleguemos a perder de nosotros mismos y cambiemos para agradar al otro»

De hecho, “los problemas de autoestima suelen aparecer en este tipo de relaciones, porque son relaciones fusionales en las que se puede estar buscando una persona emocionalmente similar a uno mismo. Veo en el otro lo que yo soy, por tanto, me busco quererme a mí mismo.  Pero, pueden llegar a ser sanas a largo plazo si ambos están de acuerdo en cómo llevan la relación y la admiración y el amor mutuo se transforma y es aceptado con el tiempo” comenta la experta en terapia de pareja, Bárbara Zapico.

Y es que, uno de los principales problemas que pueden aparecer en este tipo de relaciones es que se idealice tanto a la otra persona que nos lleguemos a perder de nosotros mismos y cambiemos para agradar al otro. Por eso, una duda que suele asaltar cuando se pone fin a una relación de este tipo es: “¿Quién soy ahora?”. Una pregunta, que, si has tenido en algún momento, sabrás que tú siempre has sido tú, y solo te faltó cuidarte un poco más cuando lo que parecía amor llamó a tus puertas. Porque nunca hay que olvidar que cuidarse a uno mismo es no olvidar lo mucho que valemos estemos con quién estemos a nuestro lado.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.