Amigos

Quizás estéis esperando un artículo donde os cuente todos mis idilios de verano. Con un historial como el mío y dos novelas basadas en los hombres que han pasado por mi vida (a veces me creo Taylor Swfit) no sería de extrañar. Pero la verdad es que, cuando pienso en mis historias de amor verano, me vienen a la cabeza películas como El Diario de Noah, Call me by your name, Dirty Dancing, Mamma Mia!, La La Land, o One Day (que tenéis que ver sí o sí). Y yo no he vivido ninguna historia así.

Quiero decir, claro que he empezado posibles capítulos de lo que podría haber sido un gran amor de verano, pero si echo la vista atrás, solo recuerdo a aquel chico tan mono que me despidió una noche cualquiera en El Café de París. A Mr. Big, una historia que va de verano en verano y que ambos sabemos que acabará justo antes de empezar; y también a Ted, ese chico que tal y como os conté en Navidad, por fin ha encontrado a su Victoria.

Sin embargo, el año pasado fue nuestro último verano. Ambos sabíamos que después de él nunca volveríamos a ser Ted y Robin; pero mereció la pena porque, si os soy sincera, es lo único que ha hecho que a día de hoy no lo odie por todo lo demás.

El olor a la crema solar de Hawaiian Tropic. La arena gruesa y pegajosa que a veces se mezclaba con algún trozo de alga que llegaba a la orilla de la playa. Las siestas que empezaban con caricias. El cucurucho de turrón. La pizza de jamón york y queso en la terraza. Su mirada. La mía. La Luna. O el sol. Las anécdotas que acababan en una risa de cerdo contenida. Forever Young de Alphaville. Olvidarme del reloj. Su bañador rojo. El mío marrón. Y su respiración a escasos centímetros de mis labios.

Es la mejor época para enamorarse, porque una se tiende a enamorar cuando más positiva se siente

Tengo que reconocer que soy de esas personas que adora el verano. El mar. La playa. Los mojitos. Los atardeceres. Las noches de verano. Y los besos. Los besos siempre saben mejor en verano. Intensos, pasionales, desgarradores… Es la mejor época para enamorarse, porque una se tiende a enamorar cuando más positiva se siente. Así que, partiendo de la base de que todos ansiamos que este verano sea inolvidable, —en parte porque nos lo merecemos y en parte porque por fin estamos viendo la luz al final del túnel—, este verano habrá amor hasta para quien no quiera enamorarse.

Además, los amores de verano se acaban justo en el punto álgido de la relación. Son espectaculares, irrepetibles y muy pocos continúan más allá. Por lo que, no ha habido tiempo para discusiones, enfrentamientos, ni siquiera para ese típico intercambio de opiniones. Solo queda el buen sabor de boca que sabe a mar, piel y pasión. Por eso es tan fácil y “mágico” enamorarse en verano.

Solo queda el buen sabor de boca que sabe a mar, piel y pasión

Y lo mejor (o lo peor, según como se mire) es que un amor de verano no se supera, sino que se aprende a vivir con él. Pero no con un recuerdo amargo, sino con todo lo contrario. Y ojalá todas las historias fueran así. Ojalá todos nuestros capítulos fueran como esas historias de verano que todxs contaremos a nuestrxs hijxs, sobrinxs, o perros. Ojalá. Y ojalá este verano viváis un amor de verano tan inesperado, potente e intenso que os haga sentir vivxs hasta el último lunar de vuestros cuerpos. Yo al menos estoy dispuesta.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".