Subidas, bajadas, estabilidad, nuevo marketing y un sinfín de dudas que cada día los trabajadores de la industria textil se plantean. Bueno, y los que consumimos también. ¿Qué cambios ha tenido el «Empire» de la moda? Muchos. ¿El primero? El slow fashion.

Apostar por el famoso denominado «Slow Fashion«. Lo hemos leído y escuchado miles de veces, en especial durante la semana de la moda de boca de los mejores diseñadores de nuestro país, pero, ¿qué es?

No hace muchos años, en 2013, se derrumbó un edificio en Bangladesh. Esto acabó con la vida de más de 1000 personas que producían prendas de ropa, de manera industrial, claro estaba. Años antes, la profesora de Sostenibilidad, Diseño y Moda,  Kate Fletcher, acuñó el término «Slow Fashion», que trágicamente tuvo su valor y reconocimiento tras repercusión del accidente.

El Slow Fashion no es más que una filosofía y un estilo de vida para el consumidor. Consumir moda de manera responsable. Reducir el impacto medioambiental causado por este sector. Abogar por la naturaleza. «Save our home» y reciclar tejidos, o usar otros que no haya que renovar rápidamente.

Unos grandes del diseño y confección en España serían los chicos de Marlo Studio. Este septiembre lanzaron una colección emocionante, atrevida y diferente, en un formato híbrido, que nos permitió conocer la colección de cerca y haciéndonos partícipes de un videojuego, en el que cada avatar tenía un diseño increíble. Los materiales eran «reciclados» y «nuevos», confesaron en la entrevista que podemos leer en entradas más antiguas de este mismo medio.

Es una filosofía y un estilo de vida para el consumidor. Consumir moda de manera responsable. Reducir el impacto medioambiental causado por este sector. Abogar por la naturaleza

La narración del juego hablaba de la esperanza para la humanidad, de cómo salvar el mundo. La Covid-19 ha sido el motor de esto también, no nos habíamos preocupado tanto por el medio ambiente ni habíamos visto tanta mejoría desde que nos asomábamos por la ventana sin poder salir. La vegetación era preciosa y algunos delfines se vieron por Venecia. Es lo que intenta este mundo fashion también.

La creación de nuevas aplicaciones de compra-venta de prendas y accesorios han ayudado al consumismo por «novedad», dando un nuevo lugar en el armario a ropa con una historia detrás. El precio de estas nuevas adquisiciones es mucho más barato que el original, ya que es de segunda mano. Pero siempre se encuentran perlas de nueva temporada y otras pasadas que son idénticas a las nuevas de escaparate. Otras apps te permiten alquilar prendas de marcas de Lujo. Se asigna un precio en función a los días de prestación y puedes usarlas sin gastar tanto dinero en un bolso o abrigo de Carolina Herrera, por ejemplo. La idea de estas creaciones es muy sencilla e inteligente: nos compramos prendas de lujo que luego usamos dos veces al año y guardamos de nuevo esperando la nueva ocasión. Para eso, podemos sacar algo de dinero alquilando unos días. Y la otra persona se ahorra el precio inicial, sin «consumir para no vestir».

El green marketing es algo que, en el fondo, nos gusta. Nos atrae la idea de comprar productos que nos hacen ver que colaboramos en el cuidado medioambiental. Envases reciclados, cruelty free, jerseys hechos con reciclados anteriores… No nos sentimos tan mal comprando si leemos eso, pero lo hacemos. Porque al final, no se trata de no consumir, sino de consumir con un mínimo de conciencia. Y con responsabilidad, partiendo de la base de que toda la moda vuelve y se reinventa. Podemos usar prendas de años pasados, pero lo nuevo tiene su toque. ¿Por qué no probar por una limpieza de armario después de revisar las nuevas tendencias? Seguro que nuestro bolsillo lo agradece.

Nos atrae la idea de comprar productos que nos hacen ver que colaboramos en el cuidado medioambiental

Antes nombrábamos esa palabra tan odiosa en los días que corren, la Covid-19. Obviamente ha impactado en la industria textil. No se consume igual, pero sí que se disparan las ventas online. El humor nos ha cambiado y queremos seguir viéndonos bien, aunque sea para estar por casa: pijamas, chándals, sudaderas y una larga lista más. La ropa de calle también se compra, y con más ilusión que antes. «Para lo poco que salimos, salimos más guapos y a veces, de estreno«. Las marcas se han percatado de esto, por eso las colecciones se han visto afectadas, pero la mayor producción de las grandes casas han sido sudaderas y… ¡Ah, la mascarilla! Se me olvidaba, «como de costumbre».

Así es, no solo en las marcas low cost, sino el lujo, se han visto «obligados» a producir la mayor demanda actual. Las hay de todos los tejidos y firmas. Porque la realidad en esto, es la misma para todos. La economía sube y baja, pero la gente que puede permitírselo, comprará. Y esto siempre será así. No importa que haya una pandemia, si se puede comprar lujo online, se seguirá haciendo. ¿Qué hay con Inditex? La manera de obtener ganancias es amoldarse a los deseos de las personas y hacer viral la venta de packs de sudadera y pantalones Joggers. Cuando antes, era lo último que mirábamos en la tienda. Entre la búsqueda impertinente de la comodidad y la moda más soft street que nunca, queremos llevar ropa deportiva a misa si hace falta. Eso sí, con unas zapatillas a la altura del look.

Pack sudadera más pantalón en color negro de Pull&Bear

Al final, el mundo de la moda es un Imperio que nos toca muy de cerca y que nos encanta. Porque todos los días no podemos ir al cine, ni ir a ese restaurante tan bueno del centro, pero sí que usamos ropa cada día. Y esto es lo que nos pide tener más para jugar a alternar. Hace pocos días, Chanel subió el precio de tres de sus bolsos más icónicos. No es más que el juego estudiado de oferta y demanda. Si tan mal está la cosa… ¿La casa francesa por excelencia iba a darse el gusto de subir el precio a unos bolsos que de por sí tienen un alto precio? Claro que no, porque el lujo queda muy lejos para la mayoría de consumidores textiles.

Una buena publicidad, un formato híbrido, las ventas online y las ganas de salir guapos a la calle, lo es todo para este negocio

Y las firmas que no, recurren a la producción de mascarillas preciosas. Con o sin logo, pero siguen siendo mascarillas y ropa cómoda. Los diseños artesanales vía redes sociales también logran su hueco aquí, ya que la cosa va de pedidos a media por mensaje directo, con atención única y trato muy especial. No olvides la publicidad, este es el motor que siempre ha arrancado y arrancará la recuperación del sector. Porque ya sabemos que una buena publicidad, un formato híbrido, las ventas online y las ganas de salir guapos a la calle, lo es todo para este negocio.

Por eso, además de disfrutar la moda, tenemos que ser responsables. Ir slow fashion para que no se acabe, y para reducir el impacto. Así, con muy poco que aportemos, las pequeñas empresas artesanales recobrarán su importancia y nosotros algo nuevo más eco. Ser responsable en este ámbito dice mucho de nosotros. Así, la moda se renueva y recupera, en forma de «Gracias».


Carla Pérez Martínez