molitor

Érase una vez la piscina Molitor. Inaugurada en 1929 por los campeones olímpicos de natación Aileen Riggin Soule y Johnny Weissmüller –este último también se hizo famoso como actor por el papel de Tarzán y por su potente grito–, a la icónica piscina olímpica acudían niños del XVI Arrondissement, el barrio chic de París.

Templo del deporte y de la vida social de la ciudad, lugar de culto de la Belle Époque, la piscina Molitor, obra del arquitecto Jean Pollet, fue la piscina más popular de París durante sesenta años: lugar de fiestas y desfiles memorables, pero sobre todo un extraordinario marco art déco, que convirtió de inmediato a la Molitor en un verdadero monumento histórico.

El célebre edificio –inspirado en un transatlántico– tenía originales ventanas ojos de buey y barandillas blancas, y albergaba dos piscinas, una de 33 metros cubierta por una preciosa ventana de vidrio en estilo art déco del maestro vidriero Barillet –rodeada de dos galerías de camarotes con puertas de color azul intenso– y otra al aire libre de 50 metros –también rodeada de tres pisos de camarotes– que, con la llegada del invierno, se convertía en pista de patinaje.

Ir a Molitor era come irse de crucero, era como estar a bordo de un barco, en un lugar fuera de este mundo, un “buque de pasajeros” con balconadas, pasillos y una piscina con una orilla llena de gente que ofrecía la oportunidad de desfilar no solo a las modelos, durante las habituales pasarelas de moda, sino también a todas las personas que iban a Molitor para nadar pero sobre todo a ver y ser vistos.

En la piscina Molitor, en 1946, se presentó el primer bikini, y solo veinte años después llegó el primer topless.

En la piscina Molitor, frecuentada por las divas de la Nouvelle Vague y por personalidades de la época, podías darte un baño o asistir a una representación teatral, o ser fotografiado por los paparazzi.

Cerrada en 1989, la piscina acabó siendo uno de los lugares favoritos de los grafiteros, se llenó de pintadas y se transformó, un mural tras otro, en el corazón palpitante del street art parisino. Se convirtió en museo al aire libre y en sus piscinas, ya vacías, pasaron muchas cosas: hubo fiestas punk, se organizó una rave con unas 5000 personas, y también eventos más exclusivos, como The Club, organizado por Nike Sportswear durante los Roland Garros de 2019.

Pero todo termina en 2007, cuando Bertrand Delanoë, entonces alcalde de París, decide devolver la piscina a la ciudad y a su antigua gloria.

La piscina Molitor renace en 2014 conservando, gracias a unas cuidadas obras de restauración, el aspecto de sus años dorados: sus paredes recuperan el mismo tono de amarillo de antaño, los mosaicos son restaurados por el mismo fabricante que había suministrado azulejos y colores en 1929, y vuelve a lucir las mismas barandillas. Sin embargo, lejos de ser la piscina municipal que fue en el pasado, hoy es parte de un enorme complejo privado que incluye un hotel de cinco estrellas, un restaurante y un spa.

Érase una vez la piscina Molitor. Y todavía está ahí. Pero el espíritu ha cambiado. Zambullirse en la mítica piscina es ahora un lujo para pocos. El acceso solo está permitido a los huéspedes del hotel y a los miembros afortunados de un club cuya membresía anual asciende a 3300 euros, previa notificación de un miembro y tarifa de entrada de 1200 euros, ça va sans dire.


Eleonora Montanari