Algo rápido, sano y fresquito. Como los tres deseos de la lámpara buscamos las cenas «que no engorden» y se adapten a nuestro desajustado y veraniego estilo de vida. Muchas veces, aunque persigamos el equilibrio perfecto en nuestra cena terminamos por tomar decisiones aún peores de lo que hemos intentado evitar.

#Fruta ¿por la noche?

Convertir un bol de fruta en un plato único de una cena es un error bastante común. La fruta, es un gran alimento que aporta nutrientes y vitaminas esenciales, pero también lo son muchas otras opciones. A la hora de enfrentarnos a la cena debemos buscar una ingesta consciente y que se adapte a nuestras necesidades. Por ello, tras una comida copiosa, es mucho mejor tomar una combinación de verduras con alguna proteína que solamente fruta. No es una cuestión de restringirnos para tomar menos calorías sino aprender a equilibrar a lo largo del día las ingestas.

#No Cenar

Estas afirmaciones convierten aquello que comemos en una batalla con nosotros mismos. Pensar que existe algo que compensar, responde a una mentalidad de tentaciones, culpas y contenciones que pueden derivarnos a otro tipo de problemas. El objetivo es comer sano hasta sentirnos saciados y permitirnos en un estilo de vida saludable darnos algunos caprichos. Así pues, es cuestión de escuchar a nuestro cuerpo ¿tenemos hambre? Si es así, ¡es hora de comer!

#Ensalada (como forma de vida)

Las ensaladas son una estupenda forma de incluir toda clase de nutrientes. Sin embrago cenar ligero, no implica no consumir alimentos saciables. De hecho, la inclusión de proteínas como pollo a la plancha, pescados blancos o legumbres, son opciones muy saludables que además de ser fáciles y rápidas de cocinar pueden aportar muchos nutrientes a nuestras cenas. Lo mejor de las ensaladas es eso, ¡puedes añadirles lo que más te guste!

#Hidratos de carbono

Para empezar hay que explicar que, de nuevo, los hidratos por la noche no son peores que a cualquier otra hora del día. En su medida y de manera equilibrada, especialmente en días activos, son una buena opción. Eso sí, debemos cuidar su calidad nutricional. Otro factor a tener en cuenta es apostar por hidratos de carbono complejos, más saciantes como al patata o panes 100% integrales.

#Cenar tarde, mal y rápido

En verano es cierto que siempre nuestros horarios se desajustan un poco. Conviene recordar que siempre es mejor cenar pronto si buscamos una digestión más ligera a la hora de acostarnos, sin embargo, alguno de los recursos más habituales terminan por conseguir el efecto contrario. Para huir de los temibles hidratos de carbono existen dos protagonistas principales: los cereales y el picoteo.

La combinación mágica de cereales con leche suelen ser una mala opciones por varias cuestiones. Primeramente, los cereales que encontramos en la mayoría de supermercados contienen una gran cantidad de azúcares y una muy baja calidad nutricional. Además, como sacian poco, terminan por consumir más cantidad de un alimento que no nos aporta prácticamente nada. Por ello, es mucho más inteligente optar por casi cualquier otro alimento natural como hortalizas, verduras o proteínas.

#Picoteo

El principal problema de este sistema de cenas es que no solemos tener consciencia de qué cantidad estamos tomando y finalmente tomamos cantidades mucho más grandes de las adecuadas para nosotros. Por último, mencionar que algunos embutidos o quesos que terminan dándonos la impresión de saludables contienen grasas o productos químicos que no hacen un favor a nuestro cuerpo.

Así pues, la premisa es clara. Las cenas, como el resto de comidas, deben aportar un valor nutricional real y consciente. No es cuestión de prohibiciones sino de encontrar el equilibrio perfecto para nosotros. El truco definitivo: busca recetas simples con alimentos naturales que te gusten. ¡Nunca falla!


Selma Escalona