saharaui

El pueblo saharaui es el gran olvidado del continente africano, un continente donde las guerras, silenciosas en apariencia, se suceden. Desde que se proclamase el alto el fuego con el Frente Polisario en 1990, Marruecos lleva años alargando plazos y boicoteando la celebración de un referéndum de autodeterminación. Mientras tanto, Estados Unidos toma posiciones cada vez más favorables al ejecutivo marroquí.

Lo que comenzase como un conflicto con raíces coloniales en plena Guerra Fría se ha prolongado en el tiempo y ha ido sumando jugadores a la partida. A mediados de diciembre, Donald Trump proclamaba, a golpe de tuit, la noticia que muchos expertos preveían tras conocerse la compra masiva de material aéreo norteamericano por parte del gobierno de Marruecos.

«Morocco recognized the United States in 1777.  It is thus fitting we recognize their sovereignty over the Western Sahara» Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 

El presidente de Estados Unidos reconocía definitivamente la soberanía de Rabat sobre el Sáhara Occidental, una declaración a la que siguió la inmediata incorporación a su mapa oficial del país norteafricano, tal y como corroboraba David Fischer, embajador estadounidense en Marruecos.

Todo ello vino acompañado del anuncio de un próximo consulado estadounidense en la ciudad de Dajla, considerado como un triunfo para la denominada “causa nacional” marroquí. Semanas antes de abandonar la Casa Blanca, el polémico mandatario se apunta un nuevo tanto en la que él considera su gran estrategia de política exterior: la normalización internacional del Estado de Israel.

«Planeo presentar este mapa como un regalo a Su Majestad el Rey Mohamed VI, en agradecimiento por su liderazgo audaz y su continuo y valioso apoyo a la profunda amistad entre nuestros dos países» David Fischer, embajador de EEUU en Marruecos

#UnaRegiónDisputada

La antigua colonia española del Sáhara Occidental fue ocupada por Marruecos en 1975, tras la Marcha Verde, pese a los esfuerzos del Frente Polisario, un movimiento por la independencia saharaui con quien el reino se mantuvo en guerra hasta 1991. Ese mismo año, ambas partes firmaron un alto el fuego con vistas a la celebración de un referéndum de autodeterminación.

No obstante, divergencias sustanciales relativas a la elaboración del censo y la hipotética inclusión de los colonos marroquíes ha impedido su convocatoria hasta el momento. Esto no impidió que el Frente Polisario declarase la República Árabe Saharaui Democrática en 1976, una república que fue reconocida por muchos gobiernos y actualmente es miembro de pleno derecho de la Unión Africana. Las aguas parecían circular con relativa calma hasta el pasado 14 de noviembre, cuando el Frente Polisario declaró roto el alto el fuego con Marruecos en respuesta a una acción militar marroquí contra activistas saharauis que impedían el paso de camiones en la frontera de Guerguerat, una zona de distensión pactada, lo que supuso para ambas partes –cada una a su manera- una violación de las condiciones.

#YEspaña,qué

Hay y siempre ha habido debate sobre si EEUU presionó a España para que aceptara las demandas marroquíes y abandonara Marruecos en su día por motivos que incluso la ONU desconoce, allá por el 75; si bien la mayoría de los historiadores coinciden en que, con la muerte del dictador Franco cada vez más próxima, las autoridades españolas necesitaron pocas razones de peso para firmar los acuerdos de Madrid y entregar de forma efectiva el Sáhara a Marruecos.

Hasta el día de hoy, la sombra de Gibraltar ha planeado  lo suficiente sobre nuestro país como para mirar hacia atrás y pensar en esas colonias que perdimos. Ceuta y Melilla, ciudades autónomas, son dos enclaves fundamentales en África; enclaves que el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, arriesgó recientemente al afirmar que el Estado español debería prestar su apoyo al Polisario en su causa secesionista. Afirmaciones que la Ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, se apresuró a poner en cuestión, temiendo perder aliados en el continente vecino.

#ElFuturoSaharaui

El coqueteo estadounidense con la zona del Magreb viene de lejos, aunque sus relaciones diplomáticas han transcurrido como un viaje en montaña rusa. El Sáhara, siempre en medio de un tormentoso conflicto de intereses a escala global, ha sido un peón clave durante décadas de historia. 

La suya es una profunda cuestión territorial, que va mucho más allá de la mera reivindicación de un pueblo que aspira alcanzar la libertad en el desierto, para poder escapar así del yugo alauí. Pero las personas, como en la mayoría de los conflictos, apenas importan.

Las personas son las que pagan el precio de los alardes de los gobernantes, sobre todo de aquellos que buscan imponer su hegemonía. Con Estados Unidos y Francia, Marruecos suma ya dos importantes apoyos diplomáticos, aunque no cuentan con el respaldo expreso de la ONU. La Unión Europea insiste en que el estatus del Sáhara Occidental debe negociarse. Queda por ver si el demócrata Joe Biden continúa la peligrosa senda marcada por Trump o defrauda al monarca Mohammed VI dando marcha atrás al reconocimiento de soberanía.


Raquel R. Incertis

Mitad música, mitad palabras, 100% historia basada en hechos reales. Escritora de literatura infantil y juvenil. Amante de las Humanidades y de la cultura en general, vivo en un constante viaje de aprendizaje dentro y fuera de la UC3M. Aunque el periodismo es mi pasión desde niña, también me pica el gusanillo de la política, el cine, el marketing, el emprendimiento y los idiomas.