Siempre nos enfocamos en lo malo. Bueno, en lo malo y en lo peor. Somos seres dramáticos por naturaleza. Y el que diga que no, miente. Al ser humano le encanta regodearse en su miseria. Tal vez ese sea el motivo por el que cuando estamos mal elegimos hundirnos aún más poniendo la playlist más triste que encontremos. Porque por alguna razón cuando nos sentimos hundidos tenemos la necesidad de tocar el fondo. Y ¡SPOILER! Nunca es la mejor solución.

No hay nada más deprimente y desmoralizador que enfocarnos permanentemente en arreglar todo aquello que consideramos que está mal. La mayoría de nosotros, cuando nos sentimos disgustados o insatisfechos con nuestra realidad, en lo primero en lo que nos fijamos es en los problemas. Y es entonces, cuando comenzamos a querer cambiar y buscamos soluciones para eliminar estos problemas.

  • ‘Tengo que dejar de fumar ya’
  • ‘Me sobran un par de kilos, tengo que perder peso como sea’
  • ‘Mi vida no tiene sentido, tengo que encontrar una vocación para que la tenga’
  • ‘Se me da fatal el inglés, debo apuntarme a clases para solucionarlo cuanto antes’

Este enfoque de querer arreglar lo que está roto o lo que consideramos que está mal nos produce una vergüenza persistente y provoca que nos cueste más cambiar esas pequeñas cosas. No podemos arreglar todo aquello que no nos guste de nuestra vida, porque hay cosas que por mucho que queramos son imposibles de cambiar.

“Si dejas de enfocarte y poner tu energía en ‘arreglarte’ a ti mismx, ¿qué otras cosas estarías creando?”

Por eso, la manera saludable de mejorar nuestra vida consiste en dejar de pensar, obsesivamente, en todo lo que va mal y enfocarnos en lo que sí nos gustaría ser. En palabras de Tonya Leigh, fundadora de la organización Self-Image, “Si dejas de enfocarte y poner tu energía en ‘arreglarte’ a ti mismx, ¿qué otras cosas estarías creando?’

Debemos comenzar a tratar de potenciar nuestras virtudes, en lugar de corregir nuestras debilidades. Así, podremos desarrollar aquellas aficiones que se nos dan bien y explotar nuestro lado más amable o divertido que todo el mundo dice que tenemos. De este modo, en consecuencia, comenzaremos a ser personas más alegres o agradecidas sin que nos lo hayamos propuesto expresamente.

Cuando actuamos constantemente con el único objetivo de arreglar todo aquello que está mal, lo hacemos desde el miedo, la carencia y el reproche. Y estos sentimientos son tan densos y duros que es normal que, al final, esa mejora personal se nos haga cuesta arriba.

“Debemos comenzar a tratar de potenciar nuestras virtudes, en lugar de corregir nuestras debilidades”

Y en este preciso punto puede que nos demos cuenta que no sabemos muy bien lo que queremos. Y es normal. Hemos pasado tanto tiempo intentando reparar lo que pensábamos que estaba roto, que nunca nos hemos dado la posibilidad de pararnos a pensar en todo aquello que nos motiva. Pero, nunca es tarde para comenzar a aceptar que hay cosas en la vida que no tienen solución. Y no debemos sentirnos culpables porque las cosas no salgan como queremos. Por tanto, comienza a dirigir tus esfuerzos no a todo eso que no quieres en tu vida, sino a aquello que sí quieres.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.