La angustia y el cansancio son algunos de los síntomas más comunes de la fatiga pandémica, uno de los problemas en los que ha derivado la pandemia por Coronavirus y que, a pesar de afectar a toda la sociedad, son los jóvenes los que más están sufriendo sus consecuencias.

El Ministerio de Sanidad define la fatiga pandémica como “una reacción de agotamiento frente a una adversidad mantenida y no resuelta, que puede conducir a la complacencia, la alienación y la desesperanza”. Si hay algo que define la pandemia mundial que estamos viviendo, es su prolongación constante. Desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó el 14 de marzo de 2020 el estado de alarma durante 15 días, los períodos quincenales se han ido sucediendo. La sociedad vive bajo una incertidumbre que parece no terminar nunca, marcada por un estado de alarma mantenido.

Esto ha derivado en síntomas como desazón e intranquilidad que, aunque al principio parecían pasajeros, la OMS ya les ha puesto nombre: fatiga pandémica. Esta reacción afecta a toda la ciudadanía y, en especial, a los jóvenes. Según el estudio de ESPACOV (Estudio Social sobre la Pandemia COVID-19), los jóvenes entre 18 y 29 años son los que reflejan más fatiga pandémica. Según este estudio, la fatiga pandémica “se manifiesta explícitamente en su estado anímico, más deteriorado aún que el del resto de la población”. El 15% de los jóvenes encuestados creen que “la economía no se recuperará nunca”, reza el informe.

«La pandemia está privando a los jóvenes de compartir tiempo y descubrimientos con sus iguales»

Para Marta García de Lucio, politóloga y psicoanalista, hay otros elementos que se deben tener en cuenta que pueden afectar a los jóvenes, como las relaciones familiares, problemas de salud mental previos o sus situaciones socioeconómicas. Si bien es cierto que la pandemia está privando a los jóvenes y acentuando aún más la necesidad de “compartir tiempo y descubrimientos con sus iguales”, declara la profesional.

Así lo ve Patricia Antón, que está estudiando su cuarto año de Periodismo y Comunicación Audiovisual. La universitaria ha limitado sus contactos porque quiere evitar cualquier posibilidad de contagio. Además, cree que su ocio ha cambiado. “Ahora quedas pronto y, en vez de una cerveza, te tomas un café”, resalta la joven, para añadir la creencia de que “nuestros hábitos se están envejeciendo antes de tiempo”.

Lo cierto es que las restricciones horarias y de movilidad son una de las cosas que más afecta a los jóvenes. Elena Aguilera, que está terminando sus estudios de Ingeniería Biomédica, recalca no poder llegar a su casa a las ocho de la mañana. “Siempre tengo que estar pendiente de la hora porque me pueden poner una multa”, matiza la universitaria. Daniel Frutos, que está terminando su trabajo de fin de grado, recalca que sigue viendo a sus amigos, pero «con la restricción de solo poder ver a seis».

La sociedad más joven, aquella a la que llaman la generación más preparada, ha vivido los estragos de la crisis económica del año 2008. Sin embargo, a las puertas de salida al mercado laboral, han presenciado la actual crisis sanitaria. Esto conlleva una “falta de perspectiva de fin de la pandemia, y genera una angustia que aunque sobrelleven de la mejor manera, no deja de estar ahí”, explica la psicoanalista.

Pedir ayuda debe ser esencial para manejar la fatiga pandémica

Los dos síntomas fundamentales de la fatiga pandémica, según la profesional, son la angustia y la falta de deseo pues “van de la mano”, puntúa Marta. La angustia aparece debido a que no parece haber un final cercano de la pandemia. Por tanto, los jóvenes privan sus deseos, pues tampoco van a poder ser cumplidos si la situación pandémica persiste.

En cualquier caso, cada joven debe analizar cuál es el origen de su malestar y qué provoca esa fatiga. Desgraciadamente, “esa tarea difícilmente se realiza a solas”, declara Marta. Pedir ayuda debe ser esencial para manejar la fatiga pandémica. Aunque los mejores años de la vida de los jóvenes parecen estar escapándose de sus manos, “sé que vendrán mejores y me recuerdo que esto es temporal”, expresa Esther Mercado, estudiante en la Universidad Politécnica de Madrid.


María Galán

Aunque el futuro dé miedo, vive cultivando las ganas. Mis ganas se centran en el periodismo y, aunque la vida da muchas vueltas, las ganas por saber a donde me llevarán esas vueltas siempre son mayores.