Seguro que has oído hablar de él. Suena elegante, chic y de high level. El front row no es de este siglo, pero siempre ha sido considerado un objeto de deseo. Desde los tiempos inmemoriales, la primera fila de los desfiles ha sido ocupada por lo mejor de cada casa: periodistas famosos, artistas, celebridades e incluso otros diseñadores.

Si tenemos que buscar culpables, podríamos citar a Chanel, Dior o Valentino, quienes desde sus inicios congregaron a lo mejorcito de la socialité mundial en sus primeras filas. No obstante, y pese a todo el mamarracheo que esto supone, que no os engañen, porque esto no deja de ser una técnica de marketing que pretende provocar una subida de audiencia a la marca. Es algo lógico, si lo pensáis: una firma quiere que se vea en sus presentaciones a gente famosa para que salga en los periódicos y, por supuesto, en Instagram y Tik Tok. Al fin y al cabo, el objetivo de un diseñador es sumergir a sus invitados en una experiencia multisensorial que los aísle del mundo exterior y que los introduzca en su propio universo. La estampa ha de quedar bonita. Por eso, todo cuenta; y las luces, el espacio y los invitados se convierten en elementos que son casi más importantes que la propia colección. ¿Es triste? A nivel artístico sí, pero no deja de ser necesario; porque sin esto probablemente ni se hablaría de las marcas.

#LosInvitados

A lo largo de la historia, hemos podido ver como príncipes, artistas y celebridades se reúnen en el front row para conocer de cerca las nuevas colecciones de la moda. La Princesa Margarita, Liza Minelli o Bárbara Streissand, entre muchos otros.

La primera editora invitada fue Marie-Louise Bousquet en un desfile de Christian Dior en 1935. Siempre con su cigarro, su soberbia y mala leche. Puso de moda las gafas oscuras y su imagen consiguió inspirar a toda una generación que se enamoró de su halo de misterio. Aprovecho para decir que Karl Lagerfeld y Anna Wintour se inspiraron en ella para configurar su propia imagen.

Ahora vemos como Rosalía y Dua Lipa comparten asiento, Chiara Ferragni y Nicky Minaj o Carmen Lomana yy Alex Gibaja. Eso no ha cambiado, y no lo hará porque es un atrapaventas de cara al público para que medios y admiradores escriban sobre él, que la marca suene y «se dé a conocer». No obstante, hay cosas que sí han evolucionado.

#DelFrontRowALaPasarela

Otro día hablaremos de las top models y cómo muchas se han convertido en iconos a seguir; pero si algo ha cambiado precisamente en el cambio de las pasarelas es lo que muchos entienden como «ir un pasito más allá», y es trasladar el front row a la pasarela.

Victoria Beckham en Maria Grachvogel, Rihanna en Dsquared2, Sharon Stone en Valentino o Jennifer López en Versace. Las pasarelas se transforman en verdaderos espectáculos llenos de sorpresas. Las casas de moda mantienen largas conversaciones e incluso establecen contratos multimillonarios para que caras convertidas en iconos den visibilidad a sus shows porque «representan los valores» que quieren trasmitir. Aunque a veces eso no es del todo cierto, todo hay que decirlo. No obstante, al final todo se reduce al número de apariciones que cada firma consiga en los días posteriores. Porque ojo, esto no se traslada a las ventas.

#LaMBFWMadrid

La 74 edición de la MBFW Madrid solo ha sido otro ejemplo de que, para poder avanzar y poder seguir formando parte del panorama actual, las firmas de moda españolas necesitan tirar del famoseo. Y ya no solo en su frow row. No hay nada más old fashioned que eso. Sino sobre la pasarela.

Así, Andrés Sardá comenzó con Bad Gyal porque representa para ellos «la cara de las nuevas feminidades», Jorge González de Vetusta Morla y la cantante Alice Wonder en Otrura; Omar Montes y Gianmarco en Agatha Ruiz de la Prada, Flavio en Paloma Suárez o Kaydy Cain en Karont. Y está genial, es toda una experiencia, mucho de ellos ya son amigos, tienen buena relación e insisto: eso hace que se haga mucho eco del asunto y que los medios tradicionales por fin hablen de moda (a su manera, claro).

No obstante, esto no deja de ser algo reduccionista y, en cierta manera, un tema sobre el que reflexionar. No el hecho de que marcas tengan que contar con celebridades, porque de una forma u otra esto se ha hecho toda la vida y es una forma de darse a conocer igual de válida.

Sin embargo, si un país como España, con el talento y la buena moda de autor que tiene, se ve obligado a presentar bajo los focos un show lleno de famosos para que su prensa lo apoye y para que el comprador español por lo menos le suene la marca, ¿qué queréis que os diga? Me parece muy triste. Además, luego habría que ver si merece la pena o no, porque por mucha celebridad que haya en el front row o sobre la pasarela, si una firma no vende, los titulares y los famosos no valen para nada.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".