¡Loco! ¡Tarado! ¡Provocador! Son tres de los insultos más usuales que ha recibido el director de cine Gaspar Noé, aunque cómo él dice “son solo adjetivos”.

Natural de Argentina, pero afincado en Francia se ha convertido en uno de los cineastas más controvertidos de toda Europa.

Sus luces de neón, colores saturados, violencia extrema y sexo real podrían ser los cuatro componentes que fundamentan su cine. Esto sumado a la diversidad de géneros y caos absoluto. Su cine es inclasificable, aunque el mismo afirme que “cuando la gente no sabe catalogar habla de cine de autor”.

Hoy nos vamos a mover entre sus tomas estáticas y planos secuencia para descubrir los entresijos de su cine, eso sí, sin encasillarlo en ningún género ni formato.

Noé se ubicaba en el mapa con Carne un cortometraje que no dejó indiferente a nadie en el Festival de Cannes. La obra se llevaba el premio de la Semana de la Crítica y el premio de la Juventud.

Estaba decidido a seguir impresionando así que en 2002 regresó a Cannes con Irreversible la cinta que narraba una violación a tiempo real y su posterior venganza. El film que recoge una crudeza extrema fue el detonante para que el cineasta continuara trabajando con la violencia hasta tal punto que algunos críticos considerasen su obra “indigerible”

Seguiría arrollándonos a la psicodelia con Enter the Void y Love. Esta última mal valorada. No se entendía su proyección en 3D y si el director ya tenía pase directo para uno de los festivales más importantes del mundo no le importó eyacular en la cara de los críticos más consagrados. Dos hechos que le hicieron ganar detractores, pero también adeptos.

El año pasado no nos iba a dar una tregua y nos deslumbró con Clímax, una película que lo volvería a reventar y haría olvidar la anterior. Su argumento se podría resumir en unos bailarines y una sangría. Una sangría con algún estupefaciente que terminaba por llevar a los protagonistas a su estado más extremo.

Pero, ¿Qué aspectos tienen en común todas sus cintas? ¿Cómo es el cine de Gaspar Noé?

Podemos empezar por su estética directamente heredada de su padre. Lo que él plasmaba en pintura, Gaspar lo plasma en la pantalla. Es decir; caos, saturación de color y movimientos de cámara. (Ondas en los cuadros)

A pesar de estas características las imágenes son naturales y el tiempo de filmación es real, es decir, no se usa el tiempo del metraje para falsear la realidad, sino que se filman las tomas recogiéndolo todo y siendo fiel a la duración de los actos.

En cuanto a la narrativa encontramos historias sencillas cuyos protagonistas tienen una relación disfuncional y el detonante de su relación es el acercamiento de los personajes a las drogas.

El propio cineasta afirma que las drogas le ayudaron a abrir su mente y también fueron útiles para meter al espectador en ese mundo psicodélico, aunque le gustaría que sus films tuvieran un último fin educativo y que los jóvenes observaran que la mezcla de alcohol y drogas solo puede desencadenar su peor faceta.

La música es otro de los elementos más importantes y va totalmente de la mano de las drogas y sus respectivos momentos como su consumo y posteriores efectos.

Hemos dicho ya en varias ocasiones que el caos es un básico en su obra, pero no solo dentro del film, sino que el director también lo lleva al rodaje para conseguir así “verdad” en las palabras y actos de los personajes. Un ejemplo de ello relacionado con la escritura del guion es que no planea la vida de los personajes; no determina de dónde vienen y a dónde van, únicamente le interesa el tiempo presente dentro del film.

La fotografía de sus films no deja indiferente a nadie y eso se debe al trabajo de Benoit Debie, el director de fotografía que consigue que las luces de neón intensifiquen los sentimientos de los protagonistas.

Desde que con siete años vio 2001: A Space Odyssey confirmaría que “todo el cine que me gusta ha sido considerado provocador en algún momento”. Sus fuertes refrentes son Kubrick, Buñuel y la desgarradora cinta Angst de Gerald Karl.

Gaspar Noé no es un director al uso, es un cineasta que trata de encandilarnos con la forma en la que se cuentan sus historias. Por ello podemos decir que cuando vemos alguna de sus cintas no disfrutamos simplemente de una película, sino que tenemos una experiencia sensorial.


Claudia Salcedo Poch