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Las curvas, las estrías, la celulitis o los kilos siguen siendo en plena era body positive, la diana perfecta para el acoso y derribo en las redes sociales. En los últimos años, el culto al cuerpo ha vivido una importante transformación, dejando paso a la perfección imperfecta de la naturaleza.  

Durante muchos años la realidad ha brillado por su ausencia en las campañas publicitarias o en los medios de comunicación, y ahora gracias al movimiento body positive, podemos ver como numerosas firmas han sido conscientes de la realidad, apostando por la diversidad de los cuerpos.  

Sin embargo, el nacimiento del body positive no ha frenado el crecimiento de la gordofobia, esta corriente de índole integradora ha provocado de manera inconsciente un aumento de la discriminación por el peso.  

Un fenómeno en auge 

Aunque afecta a hombres y mujeres, la gordofobia ha sido siempre más común entre el género femenino, avalancha de estigmas y prejuicios.  Este tipo de acosos se puede desarrollar en ámbitos distintos, en el ámbito laboral se menosprecian las capacidades profesionales, pero también puede ocurrir en el ámbito familiar o e incluso en relaciones sentimentales.  

La gordofobia genera una esfera de decadencia personal abrumadora, el atosigamiento por el peso puede ocasionar graves problemas de autoestima, trastornos de la alimentación, depresión, ansiedad, conductas autolesivas, abuso de sustancias, e incluso derivar a la violencia en las relaciones personales. 

Aunque se trata de un modo de pensar en alza, de momento no se ha considerado patología como puede ser el caso de la agorafobia, por tanto, no se puede tratar como tal. Sin embargo, como muchos psicólogos apuntan que la gordofobia si se puede enmendar, con una herramienta clave para la sociedad, la educación.  

Debemos partir de la base lingüística, la propia palabra ‘gordo’ socialmente tiene unas connotaciones negativas, por ello, la industria de la moda establece otros términos más respetuosos, como es el caso de ‘curvy’ o talla grande.

Una visión positiva del cuerpo, para frenar el acoso, y dar paso a una nueva era de respeto y aceptación hacia la diversidad de cuerpos. 

Body positive, imperfecciones con amor propio 

Las modelos curvy o de talla grande, han sido las grandes embajadoras del movimiento body positive. Surge en el año 1996, con la intención de defender los cuerpos reales , al margen del sexo o edad, dejando de lado la perfección que intentaban vender los medios de comunicación y la publicidad de los 90´s. 

Este movimiento es fruto de dos norteamericanos, Connie Sobczak y Elizabeth Scott, que lanzaron esta marea para intentar incentivar una comunidad de personas sanas, que se acepten tal y como son.

Su principal finalidad es ayudar a liberar de la mente, los continuos mensajes que estimulan el culto al cuerpo espectacular o un rostro ideal, cuando todos somos conscientes de la realidad, y sabemos que la perfección no existe. 

El movimiento Be Body Positive ofrece a las personas de todas las edades, tamaños, géneros, etnias, habilidades y niveles socioeconómicos ayuda para aceptar y aprender a vivir con su cuerpo.

El concepto Be Body Positive es cuidar del cuerpo, pero sin obsesiones, potenciar los atributos naturales con salud, vivir en paz cada día, y ganar confianza. Porque hay amar el cuerpo tal y como es, y dejar de emular prototipos que no se ajustan a la realidad.

El body positive vino al rescate con su rechazo hacia estándares de belleza dañinos. Pero, por desgracia, no hemos sido capaces de encontrar un punto medio. En lugar de luchar por los derechos de las personas con un cuerpo o apariencia no estándar, hemos desatado la lucha entre cuerpos.

Quién tiene derecho a juzgar el cuerpo de otra persona, conociendo o no las circunstancias, nadie debe opinar sobre otro cuerpo. Alcemos la bandera del respeto y la diversidad


Olga Juárez

Periodista y documentalista, dispuesta a aceptar nuevos retos y a adaptarme a cualquier cambio que me haga salir de mi zona de confort.