He subido una foto a Instagram. Estaba inspirada o la veía cool. Después me he tomado el café que me preparé a las 10:00 am. Dos horas después, y frío. Abrí el pc, me rasqué la frente y miré por la ventana. Son realmente tiernas las vistas de los olivos empapados por la lluvia. Y me indigné; aquí está el resultado… Que muchos visten de Prada sus ganas.

Normalmente aquí os hablo de tendencias, cómo llevarlas, nuevas colecciones y opinión. Que al final todo se resume en «¡Todo me encanta!». Muy happy flower en esta columna. Pero claro, ¿qué esperáis si soy yo la que elijo mis temas? No voy a hablar sobre lo que odio. Pero ese día ha llegado. Esta «Ess Carla» (solo para los listos jajaja).

El otro día vi «El diablo viste de Prada». Una situación graciosa ya que la vi rodeada de mi madre, mi padre, mi abuela y mi novio. Mientras comíamos un potaje casero en La Carolina (Jaén), donde he crecido. Es una película que he visto miles de veces. En serio, si me hubieran pagado por verla, obligaría a mi madre a darse caprichos en París. Porque yo cada vez quiero menos de esto, y lo digo con el corazón en la mano. Sin embargo, el otro día algo se me removió por dentro al verla.

La imagen que des dentro de este mundo, es por la que te van a reconocer. Intento que no sea frívola ni postiza, para que no haya odio con la gente que se dedica a lo mismo que yo

Contexto: una periodista con aspiraciones lejos del mundo de la moda consigue un puesto de trabajo soñado para millones de personas en una revista de moda muy, pero que muy importante. Para que nos entendamos: del calibre de Anna Wintour en Vogue. (Es más, está inspirada en ella). El caso es que esta chica desarrolla cambios importantes en su personalidad a causa de este empleo. Todo lo que ella criticó, se había convertido en el reflejo de su espejo cada mañana. Rivalidad, banalidad, competitividad. Qué angustia, de veras… ¡Y menos mal que odiaba ese mundo!

# Lamento reconocer que no es un mito

Todo comenzaba en su despacho, con un himno: «No soy flaca, ni tengo glamour, ni entiendo de moda. Pero soy lista»…»Gracias por su tiempo». Y eso es exactamente lo que muchos externos al mundo de la moda opinan. No es ningún mito, ¿eh? Desde fuera de esta Atalaya, la industria se ve de pena y no es de extrañar, «porque la talla 34 es la nueva 36». No me da la gana, así de claro.

En las pasarelas hay rivalidad, en los editoriales hay rivalidad, entre los diseñadores hay rivalidad, en las redacciones hay rivalidad, entre fotógrafo también. Y entre los consumidores que suben fotos más de lo mismo. Y lo mejor de todo es que estos últimos, solo compran y confían en la palabra de los grandes de la moda. Lo que redactores como yo escriben ordenados de la dirección y agenda mediática. Que me encanta que haya profesionales de la información y de la comunicación que nos hagan llegar las últimas noticias del sector. Pero, ¿los que contribuyen a que este mundo sea odioso? ¿Qué aportáis a la moda si no es más que un puñado de la peor parte de vuestra personalidad?

Creo que todos los que trabajamos en la moda, debemos hacer un examen de conciencia para mejorar el legado que dejamos a los consumidores de contenido. Ayudándoles a ser críticos con la información que consumen

No lo siento. La moda es historia, gracias a ella se han podido averiguar datos históricos. Es legado, es entendimiento, es arte y es ingenio. ¿En qué momento los profesionales de la industria nos hemos adentrado en «Los juegos del hambre» y «El juego del calamar» hecho un remix? Es que no recuerdo haberlo firmado. Los nuevos (y los que llevamos aquí desde 2014) creen que es un caminito de rosas, que en nada vas a la semana de la moda y te sientas en la primera fila. Que ganas seguidores solo por nombre y que serás el top de España en cuanto a referencia. ¿Acaso te ha parido Kris Jenner? No. Pues a trabajar más que nadie mientras tus amigos salen de fiesta y a estar al día de todo lo que acontece antes que nadie para hacer contenido. Eso sí lo he firmado. Ahora bien, puedes coger el camino sencillo: pisar a tus compañeros, hacer contactos por hipocresía (y ponerlos a parir después), dártelas de lo que obviamente no eres y no apoyar a tus compañeros de gremio. Eso es lo que hace que este mundo apeste por dentro. ¡Y encima no vestís de Prada!

Hay una parte que adoro de la película. Sucede cuando la protagonista trabaja tan duro que acaba eclipsando a su compañera y termina robando su sueño de ir a París durante una semana para trabajar. Al enterarse por teléfono tiene un accidente y termina en el hospital. En este escenario clínico le dijo: «Vendiste tu alma el primer día que te pusiste el primer par de Jimmy Choo». ¡Sublime! Lo que quiere decir es que en el momento en el que metió la patita y vio que era grandioso, le importó una mierda pisar a los demás. Vale que la protagonista es bastante sensata y humilde, pero en la realidad son pocas las personas que entran en el saco de la sensatez.

# No todo está sucio

Recuerdo que cuando llegué a Madrid me prometí especializarme en este sector. Spoiler: lo he conseguido. Me prometí no competir con nadie, sabiendo que el periodismo tiene bastante de eso y los profesores de la Complutense advertían: «Entran los mejores en los medios de comunicación». Me prometí que iría a mi bola. Abrí mi blog, conocí a Lauren Izquierdo cuando aún tenía su blog «Talla 38» y pude compartir conversaciones profesionales de «No me gusta lo que hay y quiero hacerlo mejor». Cuatro, casi cinco años después se ven los resultados. Gracias, Lauren. Por hacer un espacio que apuesta por lo local, que contribuye a la moda sostenible y hacer de la moda un mundo menos hostil.

Me ha encantado conocer a diseñadores que no dejan cabida al odio en sus vidas. Que son reales, no buscan pisotear o lograr el éxito como sea. Es el caso de Marlo Studio, les guardo un cariño exquisito. A veces me gusta escribirles para saber cómo están. Mantengo buena relación con diseñadores con los que he he trabajado. Porque son personas creativas que me aportan algo y valoro su esfuerzo en las colecciones. Me encanta darlo a conocer e informar de ellos, porque algunos con los que hablo más de seguido lo merecen. Lourdes Bernabé (porque ya es amiga), Dominnico (que desde la humildad me invitó a un evento en Madrid después de leer la crónica que les hice y no pude asistir. Hizo mis sueños realidad), Nuria Sardá (que siempre ha sido abierta conmigo y después de cada entrevista había un rato de risas), Joaquín Serra y Blas López (un auténtico descubrimiento en Sevilla, transparentes y cercanos). Gracias, gracias y gracias por no haberme hecho desfallecer en la industria de la moda. Por no pisar a los demás, por no buscar el interés y por inspirar.

Si el mundo de la moda es algo vocacional, considero que es más fácil ayudarse que tirar de acoso y derribo. Y si esto cojea, es sin duda por la gente que lo complementa, que avanzan sin mirar a quienes golpean por el camino. Y luego piden favores, sí


Carla Pérez Martínez