Marina Daza

Becky G o Rosalía son algunas de las celebrities que se han puesto en manos de Marina Daza para lucir el mejor Nail Art. Con 26 años, la sevillana es un ejemplo de trabajo y constancia. Sin embargo, su negocio, La Santa Phobia, no es su mayor logro, sino su personalidad arrolladora y rica en valores. La joven no duda en visibilizar en sus redes sociales temas tan importantes como la ansiedad, el feminismo o la homofobia. Todo dulzura y seguridad, Marina nos habla a corazón abierto.

¿Siempre te había interesado el mundo de la belleza y la estética?

Yo soy muy presumida de siempre, pero no había pensado en dedicarme a esto. Sobre los 13 años, en el recreo del instituto, me ponía a depilarle las cejas a los niños y a las niñas. Quién me iba a decir a mí que iba a terminar trabajando de eso. Empezó una obsesión para mí y lo que es la depilación de las cejas para mí fue un mundo. Después estudié peluquería y estética.

¿Cuándo decidiste empezar a formarte?

Fui consciente de que me quería dedicar a esto fue sobre los 16. Empecé con peluquería, pero me tiraba más la estética. Lo dejaba apartado y me ponía a hacer las cosas del curso de estética. Hasta que no hice este curso, no empecé con las uñas. Me obligó mi padre porque le pedían mucho uñas y a mi me parecía un rollo, pero al final es mi vida.

¿En qué momento decidiste dar el salto profesional y abrir tu negocio?

Mi padre montó una barbería en la que también había peluquería de señoras y estética, de la que me encargaba yo. Me moví mucho y tuve suerte. Era la más extravagante en las uñas, hacía cosas que a la gente le parecía super hortera pero a mi me encantaba. Empecé a gustarle a gente que yo no me esperaba nunca y tuve la suerte de hacerle las uñas, por ejemplo, a Rosalía. Entonces me salió una deuda que no era realmente mía, porque pusieron unos negocios a mi nombre sin yo saberlo. Pensé en cómo ganar el dinero para solventarle y decidí abrir mi negocio. Me empujó realmente la presión de tener que pagar algo que no era mío. Pero también es verdad que estaba creciendo mucho y estaba estancada en una barbería.

¿No te dio vértigo abrir tu propio negocio siendo tan joven?

Claro, además yo me estaba jugando mi futuro de verdad. No solo por invertir mi dinero en el negocio, sino porque dependía de mí solventar algo que no era mío. Ha sido una vía de escape y siento mucha tranquilidad desde que lo tengo.

No me quiero estancar y quiero dar lo mejor de mí

Si no hubieras tenido la presión de la deuda, ¿te hubieses planteado abrir La Santa Phobia?

Soy una persona muy avariciosa, pero no en el sentido material sino que no quiero estancarme. Sé que mi futuro solo depende de mí, por lo que tenía que seguir y seguir. De hecho, a día de hoy me sigue pasando, no me quiero estancar y quiero dar lo mejor de mí. Así que lo habría hecho igual.

¿Tuvo buena acogida o costó arrancar?

No, porque ya tenía mi clientela. Yo no me esperaba tantísima gente. Antes solo tenía trabajo para mí, pero empecé a tener trabajo para toda la gente que metí a trabajar conmigo. No me lo creía.

¿Crees que el Nail Art o el Brow Art son una moda pasajera o han llegado para quedarse?

La gente ha aprendido a cuidarse. Creo que si no hubiesen llegado famosas tan extravagantes hubiese terminado siendo igual. Hay gente con muchísimo talento y como cliente termina gustándote. Esto iba a avanzar de todas maneras.

¿Crees que esta es una profesión infravalorada?

Totalmente, pero al igual que cualquier arte, al igual que los tatuadores. Solamente se valora a otros tipos de arte vistos como más serios, pero es que esto también es muy serio. Lo ven como una tontería: «ay, es que tú pones uñas». Es que ponemos uñas y eso es un arte.

Solamente se valora a otros tipos de arte vistos como más serios, pero es que esto también es muy serio

¿Qué habría que hacer para que se empiece a valorar más?

Estoy contenta porque nuestra generación y las que están viniendo son muy artísticas. Nuestros padres ya se están acostumbrando y ya lo están viendo como lo que es. Creo que esta generación está haciendo mucho por los valores de cada persona y por todos los sueños que tenemos. Estamos haciendo que sean normal cosas que nuestros antepasados ni se habrían planteado.

En tus redes sociales has compartido como algunos hombres que han acudido a tu salón han tenido que soportar las risas de otros. ¿Crees que siguen existiendo muchos prejuicios?

Se ha avanzado, pero muy poco. Yo compartí este tema en 2016 en Facebook, y pensaba que estábamos avanzando en ese momento. Han pasado unos años y he visto que sigue igual. Es muy duro, no solo para nosotras, sino para las personas que lo están sufriendo. Por desgracia están acostumbrados, se les aparta por homosexuales. Hay muchos chicos que no son homosexuales y se hacen las uñas. Por la presión social hay muchos niños que no se hacen las uñas. Esas cosas duelen. Mi hermana y yo nos peleamos con todo el mundo intentando inculcar que es lo normal, pero hay muchos prejuicios todavía y hay que trabajarlo muchísimo.

¿Has podido apreciar que acuden más hombres a La Santa Phobia desde que abriste?

Lo he notado bastante. Desde hace un año y medio aproximadamente la gente tiene menos tabú. Hay artistas que se ciñen a hacer lo que se lleva, pero otros lo hacen de corazón y se nota que son así. Son artistas, como Bad Bunny, a los que yo valoro mucho. Son un ejemplo a seguir para personas que tienen miedo a ser como quieren ser. Por eso está viniendo mucha más gente, sobre todo hombres, y yo estoy muy contenta.

Se podría decir que la belleza o el maquillaje también condicionan como te ve la sociedad, hasta el punto de llevar cosas que no te gustan pero que están socialmente aceptadas.

Exacto, yo lucho mucho contra eso. Yo no me voy a morir sin haber sido feliz y sin ser yo, aunque eso suponga hacer algo que no le guste a la gente. Hay que empujar a la gente a ser quien quiera, no hay que mirar a nadie mal.

Yo no me voy a morir sin haber sido feliz y sin ser yo, aunque eso suponga hacer algo que no le guste a la gente. Hay que empujar a la gente a ser quien quiera, no hay que mirar a nadie mal

Hace unas semanas hubo polémica por el vestido de transparencias que llevaste en el concierto de Nathy Peluso. ¿Cómo viviste las críticas? ¿Recibes más después de tu paso por el reality Love Island?

Desde que entré al instituto sufrí bullying porque era emo. La gente me insultaba muchísimo y siempre he estado en el punto de mira. Después del programa, me sigue un poco más de gente, y se creen que tienen el derecho de juzgarte. Cuando fui al concierto pensé que era el mejor sitio donde podía ser yo, era de una artista muy abierta y que lucha por este tipo de cosas. Quise reivindicar que cada uno puede ser como quiera. Simplemente estaba enseñando mi pecho con una tela por encima. Vamos a la playa y hacemos topless, ¿qué pasa que nadie ha visto un pecho en su vida? La crítica que más me dolió fue que por culpa de mujeres como yo, somos violadas y asesinadas. Eso me hizo tener más fuerza para decir: «menos mal que he subido esto». Muchísimas niñas me escribieron dándome las gracias porque no son capaces de ponerse el vestido que les gusta porque no están a gusto con su cuerpo.

Pese a ser un gran altavoz, las redes sociales a veces hacen un flaco favor. ¿Qué opinas de la censura que realiza Instagram a los pezones femeninos y no a los masculinos?

Se ha sexualizado. Mucha gente me ha dicho que tengo que entender que esté sexualizado porque excita a los hombres y no pueden evitar fijarse en el pecho de una mujer. Puedo entender que sea una parte del cuerpo que les guste, pero no lo censures. No puedes censurar algo que sea como un fetiche para ti, porque también lo son los pies. ¿Tampoco puedo subir una foto de mis pies?

En tus redes sociales publicaste un vídeo contando que tenías ansiedad desde muy pequeña, ¿qué opinas sobre la normalización de un tema tan importante como este?

Tú dices que tienes ansiedad y mucha gente piensa que estás loca. Yo iba al psiquiatra porque no se me quitaba, y me daba vergüenza decir que iba tanto al psicólogo como al psiquiatra. Es verdad que es un tema tabú, que la gente no quiere normalizar. Yo voy a seguir hablando de ello porque de verdad ayudamos. Esto lo debería hacer la gente que tiene influencia de verdad, porque yo no voy a poder hacer mucho. Es una enfermedad real, que muchas veces no podemos controlar por más que queramos y se pasa muy mal. Hay que tener mucho cuidado con estos temas.

¿Cómo fue la respuesta de gente que te seguía?

Tuvo muy buena acogida, me escribió mucha gente dándome las gracias por visibilizarlo. Otros me escribieron contándome lo que les pasaba. Si puedo, leo todos los mensajes y respondo a todo el mundo. Tu respuesta puede hacer muchísimo, para bien o para mal, por muy buena intención que tú tengas. Yo he pasado por una ansiedad y me alegro tanto de estar en la vida. En la vida hay que estar aunque sufras, es un sentimiento. Yo intento transmitir que todo se puede superar. Mi ayuda la van a tener siempre.

La gente viene al salón y me habla de manera normal de la depresión o la ansiedad

¿Qué te llevo a hablar de ello públicamente?

Estaba cansada de que no entendieran lo que es la ansiedad, de que mis amigas me dijeran «Marina, ¿por qué te tienes que ir de la discoteca en mitad de la noche? Intenté resumir lo máximo que pude, dando mi toque de felicidad, para que la gente viese que no tenía por qué ser malo todo el rato. La gente lo entendió y yo con eso estoy muy feliz. La gente viene al salón y me habla de manera normal de la depresión o la ansiedad.

¿Cuáles son tus próximos objetivos tanto a nivel personal como profesional?

Dentro de poco empiezo con una casita, que era mi sueño. Llevo 20 mudanzas en mi vida y necesitaba estabilidad. Mi meta es estar lo más tranquila posible porque he hecho muchas cosas en poco tiempo. El día de mañana me gustaría abrir algo en Madrid o abrir una clínica de medicina estética. Pero antes tengo que afianzar mi vida y mi futuro. Se que si no puedo alcanzar algo no lo voy a hacer. A corto plazo quiero tener mi casa por si algún día me falta de comer y en el futuro aspirar a lo máximo que pueda. No me voy a estar quieta.


Andrea Cabanillas Tapia

Soñadora y emocional. Una de mis grandes pasiones es viajar, y así poder descubrir la moda, cultura y estilo de vida de cada rincón del mundo.