Hay influencers de distintas categorías: moda o lifestyle, tecnología, bussinessfitness, gastronomía… Pero en la sociedad de consumo en la que vivimos, las influencers de moda o lifestyle tienen un enorme impacto. Los mejores perfiles de las redes son los que cuentan con la confianza de sus comunidades y las marcas, conscientes de este potencial, aprovechan la ventaja de este vínculo.

Las influencers se han convertido en una herramienta fundamental en el marketing de las marcas, ya reinventado como “marketing de influencers”. Éste es una apuesta segura de las empresas que quieren llegar a un consumidor específico. El o la influencer acerca su producto al público y trabajan sobre la credibilidad del mismo. Esta cadena ha cobrado especial importancia tras la pandemia, que ha supuesto un cambio de hábitos en el consumidor: ha incrementado su presencia en el mundo online y ha desarrollado nuevas preferencias de consumo. 

Cada vez son más perfiles los que se hacen conocidos, y especialmente en Instagram la imagen y la denominada fast fashion están a la orden del día. Muchos de los perfiles más conocidos en esta red muestran una vida idílica a sus seguidores. Sus jornadas transcurren entre eventos, estrenos, desfiles, viajes y cualquier otro acto glamuroso con el que enganchan a su público. 

Con su gran carisma en el mundo virtual, las influencers se han convertido en auténticos diamantes en bruto para las empresas. Su visibilidad en redes sociales suele ser enorme, y su vínculo con sus seguidores les permite influir en sus gustos y opiniones.

#Pero, ¿fomentan las influencers un consumo frenético?

Los hábitos de consumo son influenciados por las tendencias que hay actualmente en la sociedad. A lo largo de este siglo XXI ha ido cogiendo forma y fuerza la industria de la moda rápida o “fast fashion que introduce en el mercado muchas colecciones de ropa “en tendencia”, durante lapsos breves de tiempo. Su modelo de producción se basa en la deslocalización de su industria para fabricar prendas con materiales de baja calidad en países donde sus trabajadores tienen condiciones laborales precarias. ¿El beneficio? Asegurar precios bajos y colecciones continuas.

Con la actual y ya reconocida crisis climática, la concienciación sobre el impacto ambiental y la búsqueda de la sustentabilidad ha llegado a la industria de la moda, que es la segunda más contaminante del planeta. Esto ha propiciado que la fast fashion se reinvente y acoja un discurso sostenible, con colecciones producidas con telas recicladas y etiquetadas como “eco”. Pese a ello, la tendencia es la tendencia y cada temporada encontramos algo (o muchas cosas) nuevas en el mercado. Las marcas introducen un cambio, que todavía es lento, para reducir su impacto en el planeta, pero siguen fomentando un consumo frenético en la sociedad.

Muchas influencers de moda o lifestyle participan en ese discurso consumista e incrementan la necesidad constante de adquirir nuevas prendas, generalmente de baja calidad para llegar a un público mayoritario en redes. Si los influencers lo muestran lo queremos, si ellas o ellos lo llevan lo necesitamos. Por su puesto, hay una clara distinción entre lo que es moda -y los influencers especializados en este sector que ya incluso cuentan con su propia imagen como marca personal- y lo que es consumo masivo y frenético, que es el más evidenciado como perjudicial para el planeta. 

En muchas ocasiones vemos como los discursos de estos influencers son totalmente incongruentes, pues mezclan posturas sostenibles y éticas con un patrocinio incesante de ropa perteneciente a esta fast fashion que, con sus continuas tendencias, deja elevados excedentes de ropa que en pocos meses nadie quiere o utiliza. Con estrategias como concursos, colaboraciones pagadas o simplemente haciendo unboxing de sus constantes adquisiciones, se convierten en un nuevo estímulo que fomenta la compra compulsiva de los consumidores.

¿Quién no se ha comprado unos jeans porque los llevaba x persona o porque estaba de moda, se los ha puesto una vez, y han quedado olvidados en lo más profundo del armario? El problema viene en la letra pequeña de la producción: el coste ecológico de producir unos vaqueros es de entre 2.130 y 3.078 litros de agua.

#Concienciación positiva en las redes

Pero más alla de esta sociedad de consumo imperante en la actualidad, nos encontramos con un enorme bastión de influencers o personajes públicos que tratan de concienciar sobre la verdadera urgencia de actuar frente a la crisis climática. Infinidad de perfiles que muestran consumos éticos no solo en moda, sino también en otros sectores como la gastronomía, la tecnología, el fitness… o perfiles que de manera general acercan la realidad y consecuencias del impacto ambiental motivado nuestra forma de vida a sus seguidores. 

El uso desmedido de recursos naturales, la contaminación generada en los procesos de hiper-producción para el hiper-consumo de la moda rápida ya es una realidad conocida por el consumidor actual. Pero muchos factores y realidades complejas propician que este tipo de industria, pese a los efectos perjudiciales que tiene, siga siendo la que más beneficios rentabiliza. Frente a ello, surgen muchos perfiles que quieren concienciar y dar a conocer que hay consumos éticos y sostenibles y que hay toda una “slow fashion, más responsable, que ya está cogiendo forma. 

Los influencers no son más que un nuevo eslabón de la cadena que la transformación tecnológica y la digitalización de la sociedad ha introducido. Siempre han existido líderes de opinión, pero ahora adquieren una nueva forma en el universo de las redes sociales. Un nuevo tipo de publicidad y marketing muy beneficioso para las marcas que utilizan la cercanía y engagement de los influencers con sus seguidores para modificar e influir en sus comportamientos de consumo. No siempre orientados a un consumo frenético, pues poco a poco comienzan a coger fuerza marcas concienciadas con el cambio climático en este camino de la sociedad hacia la sostenibilidad. 


Paula de la Vega