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La estrategia verde de China para influir en países de África y América Latina es una realidad desde hace más de una década. Construcción de edificios energéticamente sostenibles, impulso de servicios respetuosos con la conservación de los ecosistemas, extracción mesurada de los recursos… Bajo el calificativo de “civilización ecológica”, la potencia oriental despliega toda clase de fórmulas de poder blando sobre países socioeconómicamente más vulnerables. ¿Existe realmente alguna intención oculta tras sus objetivos ambientales?

Proteger la Tierra para que continúe siendo la fuente de desarrollo de la civilización humana es el solemne compromiso contraído unos años atrás por el Gobierno chino. Un compromiso reflejado en el Plan Nacional de China para la Implementación de la Agenda 2030. En este se disponen medidas detalladas, a fin de cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y los 169 objetivos de las Naciones Unidas. Mediante la consolidación institucional de esta potente estrategia verde, la República Popular China espera ver una mejora fundamental en el entorno de aquí a 2035.

#Civilización ecológica

China lleva experimentando desde hace aproximadamente una década con un conjunto de medidas económicas para hacer frente a sus crecientes problemas ambientales. En 2019, el gobierno de Xi Jiping presentaba un plan para realizar experimentos del sistema de civilización ecológica en la  provincia de Hainan, ubicada en el sur del país. El plan prometía un nuevo patrón de “convivencia armoniosa” entre el hombre y la naturaleza, un nuevo capítulo en la convulsa relación de China con el medio ambiente.

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La presión crece sobre el medio en un país con una enorme población y una naturaleza profundamente transformada. El crecimiento económico exponencial y unas fuertes carencias políticas han generado problemas ambientales recogidos por los medios de comunicación. No obstante, los expertos en materia internacional apuntan a que el fin último del plan chino trasciende el mero amor ambiental y la filantropía.

El concepto de construcción de una civilización ecológica intenta encarnar la promesa china de ejercer un nuevo gran tipo de poder. Un poder blando que le tiende la mano a una dimensión de influencia aún más afilada. Pero, si bien este concepto promete mejoras en distintos sectores económicos dentro de China, quedan dudas sobre su impacto más allá de sus fronteras.

#China en Latinoamérica

Esta es una cuestión particularmente relevante para América Latina y el Caribe, una región que ha profundizado sus lazos con China a través de la creciente inversión de entidades chinas en la financiación y construcción de grandes proyectos de infraestructura. Sin embargo, aparte de estas operaciones económicas, existe una verdadera intención de priorizar la protección del medio ambiente a través de sinergias basadas en una tradición cultural “común”.

El concepto de construcción de una civilización ecológica intenta encarnar la promesa china de ejercer un nuevo gran tipo de poder

Las tres civilizaciones principales de América Latina -la maya, la azteca y la inca- sostenían ideas ecológicas al recalcar que la naturaleza creaba todo tipo de especies. Los antiguos chinos también propugnaban que la naturaleza y el ser humano eran partes de un mismo todo, conformado por las leyes del Tao. Al tomar conciencia de los efectos del colonialismo y del desarrollo de la industrialización en los tiempos modernos, los Gobiernos de muchos países latinoamericanos han comenzado a enfatizar la importancia de preservar el medio natural.

#Alianzas en el continente africano

Para el gigante asiático, África es sin duda un aliado idóneo para lograr sus ambiciones geopolíticas a largo plazo. La Conferencia Afroasiática -celebrada en Bandung en 1955- supuso para China la primera oportunidad de estrechar lazos diplomáticos con las naciones africanas independientes.

Para un continente emergente como el africano, tener a una de las mayores economías mundiales como socio estratégico es algo indispensable. En los últimos tiempos, China ha tejido en África una influencia política y cultural que está dejando al continente africano en una posición de dependencia cada vez más alarmante.

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El modelo relacional teóricamente basado en la política del win-win, ha revelado un panorama cada vez más asimétrico a favor de la potencia oriental. A través de las inversiones inmobiliarias y los pactos comerciales, enfocados a la exportación de materias primas y la reducción de excedentes, China inocula sus postulados culturales e ideológicos en la sociedad africana, antaño defensora de la autonomía de sus pueblos.

#¿Un futuro verde esperanza?

Para promover el desarrollo verde, China planea, según la agencia Xinhua, “ajustar la estructura económica y energética, ampliando sectores de bajo consumo y ecológicos”. Asimismo, pretende fomentar la producción y la generación de energías limpias, así como promover modos de vida simples, moderados y bajos en carbono.

Los expertos en materia internacional apuntan a que el fin último del plan chino trasciende el mero amor ambiental y la filantropía

Pese a todos los esfuerzos, la constitución de una civilización ecológica ha entrado en un período de creciente tensión y nuevos desafíos.  Un período, no obstante, en el que el país oriental ya es capaz de abordar problemas ecológicos y ambientales de considerable magnitud., Por ejemplo, luchar contra los altos niveles de polución de los principales núcleos urbanos.


Raquel R. Incertis

Mitad música, mitad palabras, 100% historia basada en hechos reales. Escritora de literatura infantil y juvenil. Amante de las Humanidades y de la cultura en general, vivo en un constante viaje de aprendizaje dentro y fuera de la UC3M. Aunque el periodismo es mi pasión desde niña, también me pica el gusanillo de la política, el cine, el marketing, el emprendimiento y los idiomas.