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La distancia social, la reducción de las opciones de ocio y la escasa movilidad son factores que contribuyen al cansancio generalizado de la población tras un año de pandemia. Los jóvenes no han sido el rostro de esta crisis sanitaria global porque por edad se les ha considerado menos vulnerables a los efectos que podía causar la Covid-19. Sin embargo, es la población que más está viviendo sus efectos a nivel psicológico.

Un estudio publicado por la revista Psicothema, How did different generations cope with the COVID-19 pandemic?, señala que la población española más joven es la que más se ha visto más afectada por las consecuencias psicológicas de la pandemia. Los datos de ansiedad y depresión más altos asociados a la enfermedad se han encontrado en jóvenes de entre 18 y 30 años. Pero, ¿por qué?

Según los datos aportados por UNICEFel 46% de los jóvenes tiene menos motivación para hacer actividades con las que antes disfrutaba, y el 43% de las mujeres y el 31% de los hombres se sienten pesimistas con respecto al futuro. La pandemia ha paralizado sus proyectos vitales, ha empeorado la situación de estudio en las universidades y ha mermado las oportunidades de empleo. Pero la vida continúa y mientras se exigen los mismos niveles de productividad, las opciones de ocio desaparecen. “Al final tenemos las mismas responsabilidades pero muy pocas opciones de evasión”, afirma Sara Amigo, estudiante de Trabajo Social en la Universidad a Distancia (UNED).

El 46% de los jóvenes está menos motivado para hacer actividades con las que antes disfrutaba

“Estamos perdiendo los mejores años de nuestra vida” es una afirmación que se escucha mucho estos días. Las limitaciones en los movimientos, la reducción de actividades y las escasas posibilidades de sociabilización fomentan este sentimiento de fatiga pandémica que está afectando fundamentalmente a los más jóvenes. Ismael Sesma, psicólogo de Servicios Sociales, afirma que las rutinas siempre han tenido muy mala prensa, pero “tienen un efecto facilitador sobre la actividad que, asimismo, tiene un efecto directo sobre nuestro estado de ánimo”. Con la pandemia esas actividades se rompen y desaparece la sensación de encontrarse bien, cuenta Ismael.

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#CUARENTENA

Durante los meses de confinamiento, la falta de rutinas fue más común entre los jóvenes porque su actividad principal, que es el estudio, fue interrumpida e incierta. Además, el contacto social, que en esta edad es muy alto, fue totalmente suspendido. Pasar las 24 horas del día en casa durante dos meses fue muy duro para jóvenes que, a pesar de ser la generación más activa en las redes sociales, no podía tener contacto e interacción cara a cara con sus amigos, familiares o seres queridos.

Natalia Mansilla, licenciada en psicología y estudiante de un máster en Psicología General Sanitaria, afirma que los niños han sido la población menos afectada por la pandemia porque son los que más disfrutan estando con sus padres. “En la sociedad en la que vivimos, las personas trabajamos muchas horas y los niños pasan poco tiempo con sus padres. Con la pandemia el teletrabajo se ha generalizado y ahora pasan mucho más tiempo” afirma. 

La ansiedad, la depresión y el estrés se duplican en los jóvenes

Es el efecto contrario el que han tenido los jóvenes quienes, precisamente por el alto uso de las redes sociales, han sido los que más exposición han tenido a las noticias negativas. Según un estudio publicado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), uno de cada cinco españoles presenta síntomas clínicamente significativos de ansiedad, depresión o estrés. Estos síntomas se duplican en el grupo de edad entre 18 y 24 años.

#NUEVA NORMALIDAD

Con la desescalada, el problema ha dejado de ser el encierro. El miedo y la desmotivación entre jóvenes no solo se debe al contagio o al distanciamiento social, sino que también tiene tintes económicos. En un país en el que el paro juvenil es de un 39,9% cada vez son más jóvenes los que sufren ansiedad cuando proyectan su futuro. Cristina Teno estudia historia en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y cuenta que la pandemia ha paralizado sus oportunidades de visitar lugares, yacimientos y patrimonio, “aspectos que no solo me enriquecen a nivel personal sino también laboral y ahora esas oportunidades no las tenemos”, asegura esta estudiante. 

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“¿Me estoy perdiendo mis mejores años? Pues no lo sé” duda Celia García, estudiante de Pedagogía en la UCM, quien relata que con las medidas de no presencialidad en las universidades se está complicando no solo la enseñanza sino una parte muy bonita que es la sociabilidad. “No sé si estoy cansada de la pandemia o me he acostumbrado a estar cansada” afirma esta futura pedagoga. 

Testimonios como este son comunes en la mayor parte de los jóvenes. “Me enfado por absolutamente todo lo que me rodea, no tengo tiempo para evadirme y todos mis compañeros de universidad están igual”, confiesa Cristina. Este cansancio generalizado en la sociedad se hace más evidente en los jóvenes que son los que más ganas tienen de moverse y encontrar su lugar.

“No sé si estoy cansada de la pandemia o me he acostumbrado a estar cansada” – Celia García

Especialmente en España, donde la gente es muy sociable, cualquier evento o acontecimiento es digno de celebración. Sin embargo, con la Covid-19 todavía demasiado presente desaparecen las posibilidades de juntarnos y luego los motivos para juntarnos, “porque hacerlo sería algo negativo” afirma Ismael Sesma. 


Paula de la Vega