ken scott

La figura de Ken Scott tan poco convencional, y muy actual ha despertado el interés de Alessandro Michele, director creativo de Gucci, que ha recuperado algunos estampados del archivo del diseñador para reinterpretarlos en una selección especial de creaciones prêt-à-porter y de complementos.

«Ken Scott fue un gran creador de tejidos. Dibujó flores con romanticismo y flores en la cultura pop. Me gusta su trabajo porque estoy obsesionado con los estampados florales» – Alessandro Michele, director creativo de Gucci

El artista.

Nacido en Indiana en 1918, Ken Scott mostró una fuerte pasión por la pintura desde muy joven, lo que lo llevó a estudiar en Nueva York, en la Parson School, donde experimentó y vivió años intensos.

Gran admirador de Paul Klee –a quien consideraba su maestro–, conoció a pintores como Chagall y Rothko, y entabló amistad con Peggy Guggenheim, que organizó su primera exposición en Nueva York.

Entre las diversas obras y trabajos de los años americanos de Ken Scott se encuentran escaparates, fondos para fotógrafos y decoraciones florales. Trabajos que reflejan su estilo, libre, hambriento de color puro e inocente, con toques pop que recuerdan a Warhol.

El diseñador.

En 1946 se trasladó a Europa: primero a París y a la Costa Azul, donde llevó una vida bohemia, y finalmente llegó a Milán en 1955. En la capital italiana de la moda, partiendo de los textiles y gracias a su especial talento para los colores, Ken Scott revoluciona el gusto de la época, combinando creatividad y grandes dotes técnicas.

Su marca distintiva son los colores brillantes y luminosos, las combinaciones impredecibles, las flores oversize, y sus colecciones de ropa y accesorios lo hacen famoso en todo el mundo.

«Un día, empecé a diseñar telas; ese fue el final de mi carrera en la pintura» – Ken Scott.

Sus creaciones, una versión sofisticada de la tendencia flower power, destacan por sus líneas muy simples y rectas, que realzan los estampados exuberantes y crean equilibrio.

Ken Scott poseía un talento natural para decorar con vegetación, como demuestra el patio de su casa en Milán –un espectacular jardín colgante–, el jardín tropical de su casa de Cuernavaca, en México –con altos árboles, orquídeas, palmeras, agaves, hibiscos, buganvillas, rosales y limoneros– y su espacio verde preferido: las dos terrazas de la casa de Eze, en la Costa Azul.

Amaba las flores y la vegetación, y en 1979 durante una entrevista se definió a sí mismo como «jardinero». Las plantas y las flores, que «plantaba y cultivaba» también sobre las telas, representaban para él la esencia intrínseca de la belleza, tanto que le valieron el apodo de jardinero de la moda.

Ken Scott, uno de los protagonistas más originales e impredecibles de la moda italiana e internacional de los años sesenta y setenta –estadounidense de nacimiento y milanés por elección– fue un genio excéntrico, inconformista y siempre un paso por delante, como los verdaderos espíritus creativos.


Eleonora Montanari