Todo lo que debes saber sobre el movimiento sufragista. Uno de los puntos clave de la evolución de la mujer en la sociedad y desde donde partió el movimiento feminista que todas conocemos ahora

El derecho al voto ha sido, a lo largo de la historia, una de las grandes reivindicaciones de la mujer. Empezó, como no podía ser de otro modo, con la primera gran revolución del siglo XVIII. Francia, 1789. Mientras la Bastilla ardía aquel 14 de julio y las cabezas de la corte empezaban a rodar, hubo un grupo de mujeres luchando, pero por algo más. Denunciaban que, el lema libertad, igualdad y fraternidad, sólo se refería a los hombres (como no). Una de esas grandes voces fue la de Olimpia de Gouges. 

Unos años más tarde, de Gouges escribió la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (1791). Si las mujeres podían luchar por una Francia libre igual que los hombres, también deberían tener los mismos derechos que ellos. El voto entre ellos. Este primer intento no tuvo éxito y en plena vorágine del Terror revolucionario, murió en la guillotina. Otro intento fallido fue al otro lado del Océano Atlántico. Año 1776, a punto de firmar la Declaración de la Independencia de Estados Unidos, los Padres Fundadores fallaron a todas las mujeres. Y en especial a una. Abigail Smith Adams, mujer de John Adams sólo le pidió una cosa, una cosa nada más. “No te olvides de las mujeres”. 

Olimpia de Gouges

Aun así, la lucha sufragista no había hecho más que comenzar. Y aunque los movimientos obreros que reclamaban el derecho al voto también dejaban a un lado a las mujeres, ellas seguían luchando. Eran el proletariado del proletariado.

Por otro lado, en 1848 nació el movimiento feminista como colectivo en Nueva York, en 1848. Tras no poder asistir al Congreso Mundial contra la Esclavitud, este grupo de mujeres antiesclavistas empezaron a criticar todas las discriminaciones sexistas que sufrían y a reclamar la igualdad de género. Y en esa igualdad también defendían el acceso de la mujer al derecho a votar. Años más tarde nació en el país americano la Asociación Nacional proSufragio de la Mujer. 

Desde mediados del siglo XIX, el derecho al voto constituyó la reivindicación central del movimiento feminista, además del sufragista. Y por ello muchas veces se han confundido ambos términos. En realidad, hubo muchas feministas de la época, como Concepción Arenal, que estaban más preocupadas por la educación de la mujer que por el voto. 

Si pensamos en las sufragistas hay un país del que todavía no hemos hablado que nos viene a la mente. Y sí, estamos todas pensando en Reino Unido. Las sufragistas británicas, de clase acomodada, creían en un principio en la lucha no violenta, estrictamente dentro de la legalidad. Pero esta lucha pacifista no dio todos los resultados esperados. 

Ante esta posición de las democracias liberales en mantener a las mujeres fuera de la política, surgió un ala sufragista más radical. Las suffragettes, eran partidarias de métodos más contundentes. Se basaban en el lema de la líder y fundadora de la Unión Social y Política de Mujeres Emmeline Pankhurst. “Hechos, no palabras”.

Métodos contundentes como el caso de Emily Davison. La maestra de escuela que en junio de 1913 se convirtió en mártir de la causa al arrojarse a los pies de un caballo del rey Jorge V en el gran Derby de Epson. 

Pero entonces llegó la Gran Guerra y los boicots y las manifestaciones tuvieron que quedarse a un lado. Los hombres se iban a la guerra y las mujeres tenían que hacerse cargo del país. Y eso marcó para siempre tanto a las mujeres, como a los hombres, como a Reino Unido en general. Finalmente, en marzo de 1928, el ansiado derecho llegó a hacerse realidad en la tierra de las sufragistas. El voto femenino se aplicó a partir de los 21 años al igual que para los hombres, y que permitió que por primera vez las mujeres ocupasen cargos públicos. ¿Fue un reconocimiento a la contribución de la mujer en el esfuerzo de guerra? ¿O el resultado de décadas de reivindicaciones?


Ana Rodríguez Salinas

Amante del cine, la danza, el teatro y los buenos libros. Me encanta escribir sobre la Cultura, pero, sobre todo, aprender cada día un poquito más de ella