El Teatro Lara tiene una magia especial. Es pequeñito, acogedor y, sobretodo, no pierde su esencia a lo largo del tiempo.  Entre sus butacas, te sientes recogida, mullida, como si estuvieran en un viejo sillón. Sientes que aquello que vas a presenciar es algo íntimo entre tú y la obra que vas a ver. Algo irrepetible, una sensación que por muchas veces que vayas, no desaparece. 

Aislarse del mundo en un rincón de Madrid es cada día más difícil. El mismo fin de semana que se declaraba el parcial confinamiento de la ciudad, ahí estaba yo, sentada, esperando entretenerme y desconectar. Y afortunadamente, pese a la mascarilla que me cubría la mitad del rostro, los chicos dirigidos por Ramón Paso lo consiguieron. 

La importancia de llamarse Ernesto me mantuvo hechizada por 95 minutos de mi vida. Desconectada y entretenida. Demostrándome, que aún en tiempos de Covid-19, la cultura es importante. Necesaria.

Estos contrastes, consiguen la unión perfecta entre costumbrismo victoriano y una ácida crítica a la sociedad del siglo XXI

La importancia de llamarse Ernesto es una de esas obras atemporales. Escrita por Oscar Wilde, la obra se reinventa a sí misma gracias a Ramón Paso, su director, quien actualiza viejos textos para que nos resulten refrescantes. Vemos en las tablas zapatillas Converse mezcladas con vestidos de época, tazas de té y iPads a partes iguales. 

Estos contrastes, consiguen la unión perfecta entre costumbrismo victoriano y una ácida crítica a la sociedad del siglo XXI. Lo curiosos es, cómo, el mismo ingenio de hace 239 años consigue que la sala ría a carcajada limpia durante todos los actos, con alguna lágrima que cae juguetona. Gracias al rico texto, el espectador debe concentrarse en los enredos amorosos de la aristocracia londinense que se somete a los códigos sociales del momento. Mentiras, hipocresía social, seducción… ¿cómo resistirse a una buena dosis de drama trivial?

Mentiras, hipocresía social, seducción… ¿cómo resistirse a una buena dosis de drama trivial?

La historia digna de cualquier sitcom norteamericana cuentan los entresijos de dos apuestas jóvenes, Gwendolen Fairfax (Inés Kerzan) y Cecily Cardew (Ana Azorín), ambas comprometidas con un tal Ernesto (resultado de la traducción al inglés, que significa honesto). Jack Worthing (David Degea)  y Algernon Moncrieff (Jordi Millán) las cortejan paralelamente haciéndoles creer que se llaman así y creando toda clase de confusiones entre los cuatro. ¿Nunca habéis mentido para ligar? Pues ellos lo hacen. Todo el rato. Degea y Millán interpretan a la perfección a dos sinvergüenzas de manual. Y aún no sé si será carisma o la cara que le echan, pero no nos caen mal. Sobretodo porque les pillan, y ya os aviso de que esta obra está llena de mujeres de carácter. 

Entre esas mujeres bandera Lady Bracknell (Paloma Paso Jardiel),  la madre de G-wendolen y tía de Algernon; Cecily (Ana Azorín) y la Señoría Lane (Ángela Peirat), la criada brillan con luz propia. De forma exquisita, el trío consigue que las enrevesadas frases pasen ligeras y directas hacia la carcajada general. La experiencia de la una, la ternura de la segunda y la acidez de la última se equilibran siendo los personajes más efectivos de la obra. 

Una ventana de aire, de ese que te falta cuando llevas la mascarilla, con vistas hacia el humor

En definitiva, una ventana de aire, de ese que te falta cuando llevas la mascarilla, con vistas hacia el humor. Un bocanada que divierte e inspira. Que nos recuerda porque merece la pena ir al teatro y, de forma esencial, porque merece la pena apoyar la cultura. Cuando acaba la obra, baja el telón y suben los ánimos de aquellos que creemos en el arte como método de redención. 

Tras 4 rondas de aplausos y lágrimas en los ojos de los actores, con total honestidad: La importancia de llamarse Ernesto merece, y mucho, la pena.  

  • Reparto: Paloma Paso, Ana Azorín, Inés Kerzan, Ángela Peirat, Jordi Millán, David De Gea, Guillermo López-Acosta.
  • Traducción: Sandra Pedraz
    Versión y dirección: Ramón Paso.
  • Producción: PASOAZORÍN TEATRO
    Jefa de producción: Inés Kerzan
  • Ayte. producción: Sandra Pedraz Decker
    Diseño de vestuario: Inés Kerzan y Ángela Peirat
    Iluminación: Carlos Alzueta
    Fotografía: Ramón Paso
    Diseño gráfico: PasoAzorín Teatro
    Jefa de prensa: María Díaz        Ayte. dirección: Blanca Azorín y Laura Auzmendi


Selma Escalona