Moda

La moda y la política no son dos conceptos lejanos o aislados, sino que, prácticamente desde sus orígenes, uno se ha apoyado en el otro y viceversa. Vestir siempre ha significado algo, siempre ha tenido una intención, pero en los últimos años la politización de una industria cada vez más comprometida con los valores que los consumidores -y la sociedad- reclaman, ha propiciado que esta unión cobre más fuerza todavía. 

En la Edad Media los nobles y adinerados de la época usaban su vestimenta para marcar su estatus social, pero la moda simplemente nació con vocación lúdica y estética. No fue hasta el siglo XIX cuando el aspecto y la manera de vestir comenzaron a utilizarse para expresar ideas políticas.

La moda ha sido un claro reflejo de la evolución de los tiempos. En el siglo XX Paul Poiret llevaría la moda al “estatus de forma de expresión artística” según manifiesta la descripción de la exposición del Metropolitan Museum of Arts. Con sus diseños, que marcarían la estética del siglo XX, contribuyó a la liberación de la mujer, sin embargo, tras la I Guerra Mundial no fue capaz de sobrevivir porque este amante de la ornamentación no fue capaz de concebir la moda una nueva forma más industrial.

La moda ha servido para avanzar en la emancipación de la mujer. En este sentido, Coco Chanel revolucionó la moda femenina y sentó las bases de la estética moderna. La revolución de Chanel llegó en la década de 1920 a través de prendas cómodas que convertían a las mujeres en personas más activas y menos ornamentadas.

La moda sirvió para avanzar en la emancipación de la mujer

La industria de la moda ha evolucionado a un ritmo frenético en los últimos años. Nos encontramos sumidos en un momento de cambio en el que cada vez más marcas se comprometen con los movimientos y cambios sociales que reclama la sociedad. Lo demuestran los nombres que apuestan por causas políticas, medioambientales y humanitarias. Decía Gabrielle Chanel que “la moda no solo existe en los vestidos (…), la moda tiene que ver con las ideas, con la forma en la que vivimos, con lo que está pasando”.

El compromiso medioambiental ha adquirido especial importancia este último año marcado por la pandemia de la Covid-19La industria textil es la segunda más contaminante del planeta por lo que cada vez más diseñadores apuestan por la sostenibilidad. En paralelo a las voces que surgen exigiendo un cambio en el modelo de consumo, muchas marcas surgen apostando únicamente por esta sostenibilidad. Por su parte, compañías de lujo llevan años renovándose y grandes nombres como Gucci, Versace o Prada han lanzado diversas colecciones con materiales renovables, pero también campañas que abogan por la diversidad y la inclusión. Los gigantes de la “fast fashion” como Inditex o H&M han desarrollado modelos insostenibles basados en un consumo frenético y una producción que cambia más rápido que el gusto de los consumidores. Sin embargo, también han escuchado las voces de cambio y se unen con nuevas líneas que apuestan por el reciclaje de los materiales y por una producción más sostenible.

«La moda tiene que ver con las ideas, con la forma en la que vivimos, con lo que está pasando» Coco Chanel

Este espíritu ecológico ha cambiado los paradigmas de la moda porque ha introducido en el sector nuevos debates. Con la deslocalización de la producción muchos consumidores se plantean dónde se produce su ropa y bajo qué condiciones. El consumidor ya no es un eslabón pasivo más en la cadena y ya no se hace ostentación del derroche, sino que la compra sin consciencia alguna se ha convertido en algo de lo que sentirse culpable. Con estas nuevas reivindicaciones y con un gran movimiento que pretende conseguir un mundo más verde la industria ha cambiado y ha dejado atrás el espíritu estético y superficial con el que nació para introducirse de lleno en ese compromiso ético y estético que tanto se respira en la sociedad actual.

Las marcas son cada vez más inclusivas y sus imágenes ya no se asocian tanto a lo que nos habían vendido como cuerpos perfectos. Cada vez son más las que utilizan a modelos de todas las tallas, razas y géneros -aunque algunas muy tímidamente-. Victoria Secret se ha renovado profundamente. Sus famosos desfiles cada vez llegaban a menos público que pedía un cambio de imagen en sintonía con los nuevos movimientos como el Body Positive. Zalando, Mango o H&M lanzaron sus propias líneas para potenciar y promover una belleza plural, y cada vez hay más campañas publicitarias que tratan de retocar lo menos posible a las mujeres para vender la imagen de persona “real”.

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Las marcas son cada vez más inclusivas y éticas

Las marcas de moda comienzan a darle sentido al concepto de economía circular, que constituye uno de los objetivos fundamentales en las políticas medioambientales de los gobiernos y organizaciones internacionales. Los consumidores valoran más que nunca la responsabilidad de las marcas en todos los sentidos. Ya no buscan comprar por comprar sino que buscan marcas que representen sus valores y estén en sintonía con sus ideales políticos.

Como consumidor no podemos escapar de las dinámicas de la oferta y la demanda del mercado. Pero la moda constituye más que nunca un acto político porque tenemos el poder de decidir qué queremos comprar. En pleno 2021 cada vaquero o camiseta que compramos tiene un impacto y cada vez son más las personas conscientes de ello. Ya no vestimos para sentirnos realizados, si no que buscamos aquella marca o prenda que dure más, que sea más sostenible, que sea ética y ecorresponsable. 

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Sin embargo, la ética tiene un coste y hay muchos consumidores que no pueden asumirlo. La industria rápida sigue siendo una alternativa muy atractiva porque por mucho menos dinero compras mucha más ropa. La responsabilidad del consumidor es cada vez más fuerte pero estamos todavía a años luz de un consumo verdaderamente responsable que tiene que nacer no solo de la iniciativa de los consumidores sino de una unión entre industria, política y consumo. 

La política y la moda han ido de la mano desde principios del siglo pasado, pero esa politización ha cobrado mucha más fuerza en los últimos años. Porque vestir es plasmar tus ideales, tu personalidad. Cada elección cuenta y en una industria cada vez menos banal, la moda es definitivamente la manifestación política de cada persona.


Paula de la Vega