La perfección es un estado que estamos dispuestos a alcanzar en cada momento de nuestras vidas. Una persona responsable y ambiciosa exige la perfección en sus quehaceres y vida personal, por eso, uno se enfada consigo mismo, se decepciona o intenta por todos los medios alcanzar esa supuesta perfección.

Este concepto también es trasladable a exigir a otras personas lo que esperamos de ellas, a que cumplan con nuestra idealización de amigos, parejas… nada más lejos de la realidad, esa supuesta perfección puede realizarse, pero ¿a qué precio? Solo será una “supuesta perfección” subjetiva e individual. Nunca se podrá generalizar porque si es subjetiva, no es universal y si no hay consenso, entonces la perfección como tal no existe. He ahí la paradoja. 

Cuando hablamos de perfección, tenemos una imagen muy positiva de lo que supone: perfección emocional, gran inteligencia, físico perfecto… sin embargo, alcanzar ese supuesto puede ser el inicio de la imperfección. Cuando alcanzamos un estado zen y felicidad plena con nosotros mismos (aquí hablo de la perfección personal) eso puede derivar en comportamientos ególatras que desprecian a las demás personas, al ponernos en un plano superior a los demás. En el momento en el que esto sucede, ya no somos perfectos aunque no lo percibamos como tal.

La sociedad se pone caretas para presentarse al mundo.

Los defectos constituyen nuestra forma de ser, lo que aparentamos y muchas veces son razón de enamoramiento

También he escuchado frases que dicen: “no hay mayor perfección que la imperfección”. Yo soy más propenso a posicionarme a favor de esta afirmación. No somos seres perfectos, la imperfección es intrínseca al ser humano y eso es lo que nos hace ser diferentes. Los defectos constituyen nuestra forma de ser, lo que aparentamos y muchas veces son razón de enamoramiento. Esta reflexión aparece en la magistral película El indomable Will Hunting.

La perfección también está relacionada con lo políticamente correcto y con las modas sociales. Muchas veces, nosotros como personas proyectamos al mundo una imagen lo más acorde posible con la realidad que vivimos para integrarnos en la sociedad. Eso supone ser perfecto a los ojos de la sociedad. Por otro lado, la singularidad está mal vista y por eso, es en nuestro refugio personal cuando la cultivamos. Personalmente creo que la perfección está sobrevalorada, solo es una meta inalcanzable para generar más quebraderos de cabeza a las personas. Lo siento, y lo confieso, soy agnóstico en cuanto a perfección se refiere.

Las redes sociales han influido en lo que se conoce como «síndrome de la perfección».

La perfección está sobrevalorada, solo es una meta inalcanzable para generar más quebraderos de cabeza a las personas

Retomando el tema de las relaciones sentimentales, exigir la perfección a tu pareja es traicionar a la persona que se ha presentado a ti. Modelar como un alfarero a tu pareja provocará a largo plazo un sentimiento de enajenación que  terminará con la disolución del amor. Lo mejor es dejar pasar la vida, vivir despreocupado y eliminar los prejuicios sociales.

Exclusión social.

Parafraseando a Tolstoi: “si buscas la perfección nunca estarás contento”. Al fin y al cabo, todo se reduce a la felicidad y la perfección no es el camino, ni siquiera es la meta. Solo es una piedra en el sendero que proporciona un inconmensurable dolor.     

Tolstoi.

Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?