La literatura, esa esfera que nos enseña, nos nutre de conocimientos, nos libera, nos hace despegar del suelo, nos hace reír o sufrir, nos hace volar… y un millón de adjetivos y verbos más. Aunque es imposible abarcar todo lo que nos aporta un libro. Leer es conocimiento, es entender y hoy más que nunca se torna como algo imprescindible. Ante la barbarie, cultura. Ante el odio, lectura.

Puede que la relación que yo haya tenido con los libros es como la de otro cualquiera apasionado a la lectura. Aunque haya casos particulares que crecen rodeados de libros y en vez de devorar dulces, devoran páginas. Mi caso no fue así, desde joven denostaba la literatura, lo consideraba como algo aburrido y carente de entretenimiento. Además, la educación no ayudaba. Que el instituto o el colegio mande libros antiguos, clásicos como lecturas obligatorias no ayuda, creo que el afán por leer debe crecer en uno mismo. Está bien conocer los grandes autores como Cervantes, Pérez Galdós, Flaubert y un gran etcétera, pero imponerlos no es el modo.

Con esos prejuicios fui creciendo, apasionado de la música y del cine pero dando la espalda a su hermano escrito.

Pocos libros recuerdo haber leído y decir: “me ha cambiado el mundo”, pero cuando eso sucede, uno no puede más que enamorarse de la prosa que lee. Me pasó durante la pandemia con La carretera de Cormac McCarthy, un relato sin concesiones del apocalipsis. No existe la alegría o la felicidad en el horror y el autor americano lo describe de maravilla. Me sucede también con Saramago, su mundo particular y el narrador omnipresente hacen de él alguien único. Además, dispone de una capacidad a la vez sencilla y compleja para plantearte cuestiones morales que nunca habías llegado a pensar. Recuerdo también Claude Gueux de Victor Hugo sobre un condenado a muerte por robar pan. Un libro que marcó mi infancia.

Siempre está sobre la mesa el tema de que los jóvenes de hoy en día no leemos. Puede ser que sea verdad. Pero considero que muchas personas que conozco leen. Supongo que vendrá inherente en la personalidad de cada uno, aunque también es algo que se cultiva con el tiempo. De no ser por los mundos creados por los libros, por las películas, las series, la música, los cuadros… en general, la cultura, la pandemia y el confinamiento hubieran sido un gran duelo psicológico. Más aún que el que ya es. Por eso me atrevo a catalogarlos de salvadores, de mesías del yugo que vivimos día a día.

Por eso, queridos lectores, si leéis estas intranscendentes palabras mías, os ánimo a adentraros al poderoso mundo de las palabras porque sin duda es un camino placentero. Citando a Cervantes: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.


Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?