Algo está cambiando en la manera de usar las redes sociales, o al menos en lo que esperas de ellas al hacerlo. Puede que esa mano que se alarga hasta la mesilla de noche para un scroll rápido por Instagram como primer gesto del día haga pensar que no, pero definitivamente algo ocurre. Desde hace tiempo más que amasar likes y saber que cientos de personas han consumido una foto nuestra, esperamos atentos a esa notificación que indica que alguien ha respondido a ella. Sentirnos acompañados por alguien como un logro muy superior al sabernos consumidos por cientos.

Hasta ahora las redes sociales se han utilizado en gran parte para mostrar y presumir la vida que cada uno de nosotros llevábamos, para alimentar nuestros patrones narcisistas y sentirnos bien con nosotros mismos. Porque tal y como explica el experto en psicología y psicoanalista Daniel J. Sluys “el narcisismo es una parte estructural de las personas, que se constituye a muy temprana edad a partir de la mirada del entorno de base (la familia) sobre el niño o niña, pero que se retroalimenta con la sociedad. Ninguna persona puede quedar fuera de ese entramado esquizoide que conforma en nosotros el espejo, que nos devuelve una imagen que es nuestra, pero estructurada en base a la mirada de los otros”.

«Hoy en día muchas personas comparten todo lo que hacen en el día y llega un punto en el que parece que, si no lo publico, no lo he hecho»

El uso de estas plataformas “es una forma de reconocimiento. Hoy en día muchas personas comparten todo lo que hacen en el día y llega un punto en el que parece que, si no lo publico, no lo he hecho. Buscamos vincularnos y buscamos refuerzo, en cierto modo. Dar un like es una forma de mostrar afecto y parece que nos sentimos menos “solxs”. Hay que tener mucho cuidado con esto porque aquellas personas que sean más vulnerables, pueden poner en juego su autoestima, haciendo que esta dependa exclusivamente de los likes recibidos” concluye la psicóloga Claudia Gómez Parrondo.

Pero, ahora todo es distinto. El emprendedor y autor, Yacey Strickler, propone que Internet se está convirtiendo en un bosque oscuro, es decir, que, ante los anuncios, la vigilancia, la extracción de datos, la polaridad y las grandes empresas de las redes sociales, cada vez más personas renuncian a las ágoras públicas de internet y buscan refugio en espacios pequeños, cuidados y en los que se reserva el derecho de admisión (o respuesta).

«Se nos vende un juego perverso de que por tener mayor cantidad de likes y de seguidores disponemos de mayor popularidad y alcance»

 Y es que hasta el día de hoy “se nos ha vendido un juego perverso de que por tener mayor cantidad de likes y de seguidores disponemos de mayor popularidad y alcance. Nos hace ver más atractivos imaginariamente y con mayores probabilidades de triunfar en la vida, como así nos lo muestran los influencers. Es un sentimiento de plenitud ilusorio, frágil. Por eso muchas voces plantean la necesidad de eliminar esas reacciones, para disminuir las repercusiones negativas en la autovaloración de las personas” explica el experto Daniel J. Sluys.

Por ello, y ante los cambios en el uso de las redes sociales que se están produciendo en estos momentos, realmente ¿estas plataformas nos están convirtiendo en personas frías y menos humanas?

«Ahora más que nunca la calidad se ha convertido en una realidad que ha vencido a la cantidad»

 “Muchas veces se nos olvida que detrás de una pantalla, hay una persona y en muchas ocasiones me he encontrado con mensajes realmente desafortunados y totalmente fuera de contexto hacia personas que están expuestas a redes sociales. Así como perfiles tipo empresa o de divulgación que, por el simple hecho de mostrar información de ayuda, se les exige una respuesta o cierta ayuda. Creo que esto no es una cuestión de ser o no menos humanos, creo que es una cuestión de educación y de respeto” concluye la psicóloga Claudia Gómez Parrondo.

Ahora hemos pasado de usar nuestros perfiles que eran casi campañas de marketing de nuestra propia vida, a la caza de audiencias, es decir, a hacernos metafóricamente un ovillo digital y querer mirar a los ojos de nuestro interlocutor. Porque puede que las redes sociales no den esa calidez que solo una persona en carne y hueso puede darte, pero tal y como hemos podido observar en los últimos años, las redes sociales se están convirtiendo en aquello para lo que fueran creadas, para acercar a aquellas personas a las que nos vemos todos los días o que viven muy lejos. Ahora más que nunca la calidad se ha convertido en una realidad que ha vencido a la cantidad.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.