Seguro que en alguna ocasión has estado nadando en el mar o en el océano entre las olas tranquilamente y de repente has notado algo rozándote por los pies. Seguramente fuese un alga pero… ¿y si no fuera así? Los mares, pero sobre todo los océanos, esconden muchos secretos bajo la superficie, y muchos de ellos ni los seres humanos somos capaces de imaginar.

Primero, déjame decirte que, si has sentido escalofríos al leer la primera frase, puede que tengas talasofobia. El miedo intenso al mar. No es miedo al agua ni mucho menos a la arena de la playa. Es miedo a lo desconocido, a la inmensidad del océano (y a sus profundidades). Porque, una vez que empiezas a saber más sobre los océanos y lo que esconden, más respeto te dan. 

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¿Sabías que los océanos cubren más del 70% de la superficie terrestre? ¡Por algo a la tierra se le conoce como “El Planeta Azul”! Esto los hace vitales para la supervivencia de la biota planetaria (entre la que nos encontramos los seres humanos). Los océanos regulan el clima, absorben gran parte del dióxido de carbono de la atmósfera, proporcionan gran parte del oxígeno que respiramos y del alimento que consumimos.


Lo más curioso de los océanos, aparte de su gran importancia para la vida en la tierra, es lo poco que sabemos de ellos. Los datos hablan por sí solos, sólo conocemos el 5% del volumen de todos los océanos. Son tan profundos, que, a más de 800 km bajo la superficie, los científicos no tienen ni idea de lo que se esconde allí. Es tanta la profundidad y la cantidad de mar que no ha sido explorado, que podría haber cualquier tipo de criatura todavía desconocida para nosotros. A 800 km de profundidad, ¡o a 11.000! Las Fosas Marianas, en el Océano Pacífico occidental, son por ahora el lugar más profundo del planeta descubierto hasta la fecha.

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Se conocen un total de 230.000 especies que habitan en los océanos y cada año algunas más se van añadiendo a la lista. Estas son tan excepcionales, diferentes y llamativas que hasta hay algunas inmortales. En el océano profundo existe una medusa, la medusa turritopsis, que es capaz de invertir su proceso de envejecimiento cuando está a punto de morir. O por ejemplo, en el Océano Atlántico, habita el somniosus microcephalus, una especie de tiburón cuyos especímenes llevan nadando cerca de las costas de Groenlandia ¡casi 4 siglos!

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Pero toda esta biodiversidad, toda esta vida pende de un hilo. Cada vez llega más basura y desechos generados por el hombre a sus aguas. Cada vez más mares y zonas de los océanos están contaminados. Y sobre todo, cada vez los océanos son más grandes y más calientes (la temperatura media del océano es de 2ºC). 

Gracias al calentamiento global y el cambio climático y a costa de los glaciares. Sabemos algunos de los problemas que estamos ocasionando. Pero, como ya hemos visto aquí, no somos realmente conscientes de todo lo que podemos estar destruyendo. Tristemente igual nunca lo llegaremos a descubrir. 


Ana Rodríguez Salinas

Amante del cine, la danza, el teatro y los buenos libros. Me encanta escribir sobre la Cultura, pero, sobre todo, aprender cada día un poquito más de ella