Este año los besos bajo el muérdago se han dado con mascarilla, y ante el amor urbanita de Lauren Izquierdo, este ha sido su balance: tres amores, tres historias.

Tres, dos, uno… Y se encendieron. Las luces de Navidad ya están aquí y también la época más nostálgica del año. Las parejas caminan cogidas de la mano o abrazadas por costado. Sonríen. Y sé que sonríen porque sus ojos se achinan tras la mascarilla. Hay besos, bajo el muérdago, y bajo cualquier otro sitio.

Este año ha sido raro. Nos hemos pasado la mayor parte del año en casa y con miedo. Subiéndonos por las paredes, cantando, bailando, cocinando, discutiendo, gritando, amando, follando y de una manera u otra, viviendo. Hay tantos embarazos como rupturas, tantos avances como retrocesos y tantas historias como las diminutas bombillas que adornan la ciudad por estas fechas.

Y ahora que termina el año, ahora que hecho la vista atrás y hago el famoso balance del que todos hablan, me doy cuenta de que además de haber lanzado un libro y esta revista, he vivido muchos besos robados bajo el muérdago. Empezando por aquel chico tan mono que me salvó de que me cayera a las vías del tren hasta el que me despidió pidiendo que me quedara al echar el cierre una noche cualquiera en Café París. Me ilusionado y he vivido tanto este año (con y sin mascarilla) que ni siquiera puedo evitar no mencionar a Ted, Mr. Big y Jughead. Porque ellos han sido mi 2020.

Hay tantos embarazos como rupturas, tantos avances como retrocesos y tantas historias como las diminutas bombillas que adornan la ciudad por estas fechas

No son sus nombres, pero sí sus historias. Este año empecé dándome cuenta de que el problema con Mr. Big fue que yo estaba enamorada de Ted, aunque nuestra historia siempre fue rara. Porque de la noche a la mañana, un día estaba durmiendo en su casa y eligiendo colores para su garaje, y al otro estaba hablando de mi falsa estabilidad emocional escuchando de refilón cómo había encontrado a otra a la que amar. Él. Yo. Su miedo al compromiso. Mi miedo al amor. Un recuerdo en común, y un micromundo con copas de vino, algo de María, tabúes, inseguridad y ni un solo triste par de Manolos.

Seguido, el confinamiento. Tiempo para sentir, maldecir, gritar y descubrir lo que el boxeo podía hacer por mí. Silencio en las librerías, Status of Empire sobre el tablón; y con tanto tiempo para pensar, decidí poner las cartas sobre la mesa. Después de 6 años, Ted y yo por fin hablamos. Por fin dijimos lo que sentimos en voz alta. Me sentía rara. Hay historias que no tienen por qué terminar, o quizás sí lo hacen, pero no de la forma que esperamos. Y con todas las esperanzas puestas en un mismo caballo ganador, nos dimos cuenta de que ya era tarde para nosotros. Sobre todo, porque cometí el mismo error que Robin: esperar a que él encontrara a su Tracy. Y aunque todos en How I met your mother odiamos a Tracy, no olvidemos que, si no hubiera muerto, Ted seguiría con ella. No con Robin.

Hay historias que no tienen por qué terminar, o quizás sí lo hacen, pero no de la forma que esperamos

Y entonces… Otoño. Sola. El mundo. 21 años. Una empresa. Inquietudes mentales y muchas inseguridades emocionales. Desprevenida. Sin verlo. Ni quererlo. Llegó Jughead. Y le costó. Casi tanto como a aquel bombón que me pidió que me quedara y no lo hice. Con él, intenté quedarme. Y de hecho, me esforcé. Quizás como nunca antes lo había hecho. Es un poco como Cole Sprouse en Riverdale: tierno, protector y con muchas ganas de Lauren.

Y si os soy sincera, no sé en qué momento cambié. En qué momento decidí precisamente eso, que no era el momento. Pero si algo me ha enseñado este 2020, es a escucharme. Y cuando tu interior dice «no», es no. Al principio, me dije «¿Dónde vas? Es ideal, perfecto para ti. Te va a costar volverte a cruzar con alguien así». Luego descubrí que la perfección depende del momento y que no todo el mundo está hecho para complementarte. Así que, urbanita, si te sientes así, no te culpabilices, no lo sientas, no te arrepientas… Porque créeme, en un año en el que nuestras emociones nos han llevado al límite, el amor propio, la ilusión y las ganas son lo más importante.

En un año en el que nuestras emociones nos han llevado al límite, el amor propio, la ilusión y las ganas son lo más importante

Así que, termino el año dejándome llevar, dejando que las heridas de mis errores, del amor a destiempo y del sentimiento de culpa por no ser suficiente, sanen, se cicatricen y desparezcan. Porque para eso no necesitas a nadie. Porque si utilizas a a alguien para eso, no lo harán. Termino el 2020 habiendo recuperado la fe. En el mundo. En el amor y, sobre todo, en mí misma.

Así que, brindemos todos juntos. Por un 2021 lleno de historias que vivir, mensajes que entender y besos que robar. Bajo el muérdago o bajo cualquier otro sitio.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".