La película número 22 del director manchego Pedro Almodóvar se estrenó el pasado 8 de octubre después de competir en la mostra de Venecia, uno de los festivales de cine más reconocidos en el panorama internacional. Todo hacía presagiar un nuevo éxito para la productora El Deseo gracias a las críticas positivas y al premio a mejor interpretación para Penélope Cruz.  La semana de apertura no ha dado buen fruto con una recaudación de alrededor 650 000 euros, una cifra que se puede achacar a la pandemia. Leí que los dramas adultos son las producciones que más están sufriendo las consecuencias de la covid, no puedo estar más de acuerdo. Solo los Blockbusters están saliendo casi indemnes de su paso por la taquilla, hago mención a Dune, James Bond o Shang Chi.

Dejemos de hablar sobre cifras, futuros inciertos, deseos frustrados y pasemos a hablar de la película. Madres paralelas tiene dos historias bien diferenciadas pero cuya relación es la familia. La primera de ellas narra el embarazo inesperado de Janis (Penelópe Cruz) y su rol como madre. En la misma sala de partos se hará amiga de Ana, una joven menor embarazada, cuya relación no será anecdótica. Por otro lado, está la historia de un país destrozado por su pasado, la España que necesita enterrar sus recuerdos apaciblemente para poder vivir el presente y visualizar un futuro esperanzador. La memoria histórica, la guerra civil, las exhumaciones de las víctimas del franquismo y la justicia. Esos son los grandes temas de la otra película. Una película que lanza la idea de que “recordar significa no incurrir en los mismos errores del pasado”, una frase muy potente pero con una verdad arrolladora.

Hay bastantes cosas positivas porque Almodóvar siempre resulta interesante. Sigue depurando su estilo hasta tal punto que todo lo que sale en el recuadro de la pantalla parece milimétricamente pensado. Desde los colores hasta los movimientos de los actores. Cada fotograma de la película resulta un cuadro a la vista del espectador. Todo es tan preciosista y los colores son tan vivos, que uno se siente atraído por ello.

Cada fotograma de la película resulta un cuadro a la vista del espectador. Todo es tan preciosista y los colores son tan vivos, que uno se siente atraído por ello.

La música igualmente juega un papel esencial, realza las emociones y acompaña a los personajes. Alberto Iglesias (compositor habitual del cineasta) lo borda. Penélope Cruz está muy bien en el personaje de Janis, no resulta sobreactuada en ningún momento y permite que el personaje respire veracidad. Parece una persona normal, con inquietudes y dramas. Es decir, tanto Almodóvar como la actriz han creado a un personaje atractivo desde la normalidad de alguien que podría ser uno de los espectadores de la proyección.

Es de admirar que Pedro aborde un tema tan polarizador como el de las víctimas del franquismo. Es casi un homenaje a todas las personas que han luchado y siguen luchando por encontrar los restos de sus familiares asesinados. El plano final, que tiene que ver con este tema y que no quiero desvelaros, resulta emocionante por cómo une pasado, presente y futuro. Un plano cenital que lo inunda todo y abraza hasta el corazón más distante.

Sin embargo, la película no logra ser lo que pretende: un alegato a favor de la memoria historia. Una película combativa contra el sistema y sus reglas. Aunque la idea es digna, se queda en la superficie. No sé si por acaparar un púbico internacional o por no crear demasiada controversia en nuestro país. La trama de la memoria histórica es presentada desde el inicio pero en el desarrollo es olvidada (solo hay alguna alusión a la exhumación que debe de hacer uno de los personajes) y vuelve a ganar importancia en la parte final. Es una oportunidad perdida. La idea se desvanece a medida que avanza el metraje. El film necesitaba más riesgo.

Muchos temas y poco profundos. Este podría ser el resumen perfecto. Es muy difícil o prácticamente imposible aunar en dos horas todos los temas que quiere tratar el director porque no le permite profundizar en ninguno de ellos. Uno debe de hablar de grandes temas desde lo pequeño, lo personal de cada personaje, aquello nimio que lo turbia. En este caso, todo sale de la boca de los personajes como si tuvieran un altavoz, era necesario susurrar para ir más lejos. Temas como: la maternidad (el que más ocupa en pantalla), la memoria histórica, los celos, el deseo, el feminismo, el machismo… muchas cosas pero que se quedan en nada.

Es una película que se hace en ocasiones larga porque parece que la trama no avanza y la gran revelación resulta muy previsible. El personaje de Ana tampoco ayuda porque resulta poco creíble y parece dictado por las líneas del guion.  

En definitiva, Madres paralelas es una película interesante guiada por unas buenas intenciones y que tiene el sello estilístico de su autor. Una marca que es y sigue marcando la historia de nuestro cine. Pero, la película se deshincha como un globo cuando quiere decir algo sobre el pasado. Le falta un riesgo, que seguramente de haberse hecho resultaría mucho menos exitosa tanto fuera como dentro de España, de lo que es o buscaba conseguir.  


Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?