amor

El amor de verano es el tópico más conocido del mundo. Desde Hollywood hasta nuestros abuelos, todos lo conocen, y por algo será. Es un amor especial que no conoce límites, el tiempo no pasa, es capaz de crear un microclima de amor y aventura a tu alrededor. Adoro personalmente los amores de verano, pero me he llegado a plantear si hay algo más allá. ¿Realmente es ideal un amor de verano porque es en verano? ¿Es por el buen tiempo? ¿Será que la libertad y el tiempo limitado nos hace vivir las cosas de una manera más intensa? 

No quiero desmontar la idea perfecta que algunos tienen de amor de verano, pero sí profundizar en por qué es tan idílico. Para empezar, es un amor que suele darse en la edad adolescente, por lo que tienes vacaciones y tiempo libre. Ese es el primer factor importante a tener en cuenta. Segundo, hace buen tiempo, así que con buena temperatura es más apetecible salir de casa. Incluso una tormenta de verano parece romántica.

Incluso una tormenta de verano parece romántica

Además, los días parecen eternos y las noches bajo las estrellas de película. También hay que destacar que se suele dar en un ambiente diferente al que estás acostumbrado, como puede ser el pueblo en el que veraneas, la casa de la playa, el campamento de verano… Por último, pero no menos importante, tiene un tiempo limitado. Esto nos hace vivir las cosas de una forma más intensa, porque sabemos que tiene “fecha de caducidad”, que sí, que muchas veces se intenta conservar durante el resto del año, pero sabemos que no suele funcionar. 

Esto me lleva a pensar que no nos gusta un amor de verano porque sí, sino que nos gusta la libertad que tenemos al no tener otras preocupaciones ni obligaciones. Que nos gusta estar en la calle y hacer planes al aire libre. Que sucede fuera de nuestra zona habitual, donde queremos desconectar, queremos recargar nuestras pilas y aire fresco. Y, sobre todo, el factor más importante para mí, vivimos todo apasionadamente viendo que el final se acerca y que no volverá a ocurrir. 

Nos gusta la libertad que tenemos al no tener otras preocupaciones ni obligaciones

Por esto yo no creo que el amor de verano sea idílico por sí mismo, y que depende de factores externos. Nosotros amamos la libertad, las infinitas posibilidades de un día soleado, salir de la zona de confort, alguien nuevo que nos recargue las ganas de amar, los recuerdos inolvidables de un amor que va a la velocidad de la luz. Eso es lo que hace especial el amor de verano. Y por ello, planteo una pregunta; ¿si todo eso lo tuviéramos en invierno, primavera u otoño, nos sentiríamos de la misma forma?


Martín Castro