Amigos

Lauren Izquierdo sobre las relaciones entre amigos: «¿No dicen que los mejores amantes también son los mejores amigos?»

Y ahí está otra vez. Esa sonrisa estúpida (y aparentemente sin motivo). Es él. Aunque todavía quedan un par de horas para volver vernos. Te arreglas, de forma no intencionada; y cuando vas a darte cuenta, lleváis no sé cuántas horas hablando de cosas que otros llamarían banales, arreglando el mundo entre los dos (porque tenéis la solución, está muy clara) y siendo la mejor versión de vosotros mismos.

No puedes apartar la mirada de esos ojos que te descifraron hace mucho tiempo, cuando ni siquiera tú misma sabías quién eras. Te aparta el mechón del rostro por lo que ya te ha dicho otras veces: “tienes una cara preciosa, deja que el mundo la vea”. Y aunque sus manos no se parecen a la de los tíos con los que has estado, encaja con la tuya a la perfección. Su sonrisa contagia. No te ha hecho gracia lo que ha dicho, pero te ríes, y a pesar de que se te han ido los ojos un par de veces a sus labios, no pasa nada, porque ya ha pasado alguna vez. Por eso, y porque sois él y tú. Simplemente él y tú.

Vuestros conocidos ya os han preguntado otras veces. Pero lo dejáis claro: solo sois amigos. Amigos. Es más, sois casi hermanos, y nunca tendrías nada, aunque lo has pensado alguna vez, pero como quien piensa si quiere albariño o verdejo un día que tiene claro que quiere emborracharse. Además, lo habéis hablado y habéis llegado a la misma conclusión: no saldría bien. Porque lo que tenéis es especial, tan especial que no merece la pena arriesgarlo. Aunque el hecho de que él también lo haya pensado te pone nerviosa. Básicamente porque pensabas que esa película solo se estaba rodando en tu cabeza. ¿Y ahora qué? Un momento, un momento… Stop. Para. Que sois él y tú. Simplemente él y tú. Ha sido un momento de debilidad. Es un día rojo, ese tipo de días que estás triste y no sabes por qué, y él estaba ahí. Por eso has confundido las cosas. No pasa nada. No lo pienses. Es él; él o ella. Aunque me vais a perdonar, pero después de estas líneas, creo que ya he dejado claro que hoy voy a hablar en primera persona.

Yo lo tuve. Yo tuve al Dawson de Joey en “Dawson’s Creek”, al Ted de Robin en “How I Met Your Mother”, al George de Julianne en “La boda de mi mejor amigo” o al Dexter de Emma en “One Day”. Y creedme que es una putada. Pero estoy tranquila, porque el 82% de las 1873 personas que participaron en la encuesta de este artículo (entre ellas, George) confesaron que ellxs también habían tenido una relación como la mía, y el 95% de esas personas lo perdieron por arriesgar o por no hacerlo. Así que hoy no estamos solxs, solo estamos jodidxs.

«No puedo decir que haya tenido una relación amorosa que me haya cambiado la vida, pero sí varias que me han puesto a prueba, aunque nunca como la que tuve con George»

No puedo decir que haya tenido una relación amorosa que me haya cambiado la vida, pero sí varias que me han puesto a prueba, aunque nunca como la que tuve con George. No creo que nadie que no haya pasado por esto sepa lo que es verdaderamente el miedo. Esa angustia y ese absoluto poder de autocontrol (sobre todo, cuando has perdido la cuenta de los chupitos que te has bebido) como para poder barajar lo que sientes y no gritar en medio de la calle porque es una situación que te supera. Dicen que uno no elige de quien se enamora, pero cuando el amor comienza siendo amistad y rozas tanto la línea que separa el contacto físico del emocional es un sálvese quién pueda, porque probablemente os acabéis perdiendo de una forma o de otra. Y, desgraciadamente, solo es cuestión de tiempo, aunque os animo a creer en ese 5% que es la excepción que rompe la regla.

«Cuando el amor comienza siendo amistad y rozas tanto la línea que separa el contacto físico del emocional es un sálvese quién pueda»

Hace ya unas semanas lo estuve hablando con un amigo. Él me habló de cómo perdió a su Julianne por afrontar lo que sentía y yo le confesé cómo acabé perdiendo a mi George por no hacerlo. Vino el vermut y la crema de orujo y debatimos sobre si existen o no las amistades heterosexuales. Obviamente llegamos a la conclusión de que sí, todos podemos ser amigos, pero no tardamos en reconocer que en alguna ocasión hemos mirado con otros ojos (aunque sea tan solo por unos segundos) a una persona a la que siempre hemos visto de forma asexual. No porque no sea una belleza o un pibón, es más, me alegra saber que el 90% de todos vosotrxs le dice a sus amigxs lo guapx y buenx que está (el 10% restante ya os podéis poner las pilas).

“Lauren, es que no soy de piedra”, me dijo. Y es verdad. No lo somos. El ser humano, a diferencia de las máquinas, no tiene control sobre lo que siente. No sabe gestionar la incertidumbre, el miedo a lo extraño, a la salida del confort, al rechazo… Por eso, cuando las líneas se difuminan, raramente sabemos cómo actuar. Pero ¿no dicen que los mejores amantes también son los mejores amigos?

«Hoy en día las relaciones no se basan en una estabilidad material, sino en una conexión que a ambos nos anime a crecer en todos los sentidos»

Recordemos que hoy en día las relaciones no se basan en una estabilidad material, sino en una conexión que a ambos nos anime a crecer en todos los sentidos. Con esto no os estoy diciendo que os lancéis a los brazos de quién os cuida en los días rojos. Con esto solo os estoy diciendo que no os olvidéis de que existe un 5% que puede que sea vuestro caso. Al fin y al cabo, el amor es así. Inesperado. Provocador. Intenso. Y raro. Sin embargo, lo que merece la pena no es fácil y todo se resume a ponerse en frente de la otra persona y reunir el valor para descubrir cuántos protagonistas tiene ese guion que has encontrado por causalidad.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".