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En un lugar del IFEMA Covid-19, el hospital de campaña concebido a marchas forzadas por los estragos de la pandemia, una enfermera lectora decidió experimentar con un tratamiento milagroso y mucho más asequible que cualquier vacuna: la biblioterapia. La pequeña biblioteca de Ana Ruiz, bautizada como Resistiré, es solo un ejemplo del poder terapéutico de los libros en pacientes que permanecen ingresados durante meses en casi medio centenar de hospitales españoles, alejados de sus seres queridos.

La madrugada del 24 de marzo, mientras caminaba arrastrando los pies por el siniestro túnel de desvestido para deshacerse de su EPI. Ana solo pensaba en llegar a casa y poder escribir un whatsapp. En su mente se repetían en bucle las miradas de desconsuelo de los 63 pacientes ingresados en el pabellón 5, la primera de las naves habilitadas en el nuevo hospital IFEMA Covid-19. 200.000 metros cuadrados que, hasta la irrupción de la pandemia, habían acogido incontables exposiciones y eventos en Madrid. Pero, tras efectuarse la primera guardia nocturna en el hospital de campaña más grande de Europa, la atmósfera cultural había dejado paso a “un ambiente bélico, como de película”, en palabras de la propia Ana Ruiz López, enfermera del SUMMA 112

Así se gestó la idea de crear una pequeña biblioteca, bautizada semanas después con el nombre de la canción del Dúo Dinámico que se convirtió en el himno del confinamiento: Resistiré. El primer carro atestado de libros llegó a IFEMA el 30 de marzo.  Sus tres baldas atesoraban más de un centenar de volúmenes que Ana y sus compañeras del club de lectura “La Chata” -a quienes les había escrito un mensaje aquella madrugada del 24- habían recopilado durante años de bibliofilia.

Libros que viajaban al hospital de campaña sin billete de vuelta. Tras ser cuidadosamente desinfectados y permanecer unos días en cuarentena, Ana y unas compañeras los introdujeron en el pabellón. Su turno comenzaba a las diez de la noche, aunque a las seis ya estaban allí para prepararlo todo.

El rollo de esparadrapo que la enfermera utilizó para fijar el cartel de “Biblioteca” en el carro quedaría olvidado allí hasta el 1 de mayo.

Una ola de solidaridad

Ana Ruiz López, la enfermera lectora detrás de la biblioteca Resistiré, publicaba recientemente Libros que salvan vidas. Una historia en primera persona que ha recibido el VI Premio Feel Good, otorgado por la Fundación ‘La Caixa’ y Plataforma Editorial. Sus páginas recogen los testimonios de parte del personal sanitario y muchos pacientes que compartieron días y noches en IFEMA. Todo ello bajo los halógenos de los inmensos pabellones, aislados de sus familias y condenados al hastío –sin televisión, radio ni conexión a Internet- hasta la apertura de la biblioteca. La obra es un vivo reflejo de las sinergias que se forjaron entre bambalinas. También de la ola de solidaridad proveniente de toda la geografía española. 

“La gente se sumó de inmediato tras el llamamiento que hice por redes sociales”, explica Ana, emocionada hasta las lágrimas.  Por el brillo de sus ojos se le intuye la sonrisa que, desde la  pasada primavera, esconde tras una mascarilla. Aunque el método de conteo no fue todo lo preciso que debiera, se calcula que llegaron más de 3.500 libros al hospital de campaña. Libros que precisaban ser organizados sistemáticamente para su correcta localización.  Y entonces apareció José Luis. 

Libros con destino a IFEMA

Hablar con José Luis Molinero, voluntario de la biblioteca, es constatar el hecho de que no hay que perder la fe en el género humano. “Pasaba allí unas 7 u 8 horas diarias, a veces incluso se me olvidaba comer” cuenta con naturalidad, como si su altruismo no comportase nada extraordinario. Pero, para Ana, “lo que hicieron los libros en IFEMA fue algo realmente bonito y muy necesario”. Tan bonito y necesario que Resistiré fue galardonada con el Premio Antonio de Sancha 2020, concedido por la Asociación de Editores de Madrid.

Escritor por vocación, la labor principal de José Luis consistió en recoger las donaciones de libros en domicilios e instituciones, almacenarlos en su garaje y cargarlos en el maletero de su coche. Desde allí emprender la ruta hacia IFEMA cada mañana. Cuando la biblioteca Resistiré estuvo tan bien dotada que no había espacio para albergar más ejemplares, se propuso hacer llegar aquellos fármacos literarios a otros hospitales madrileños, como el Gómez Ulla o el Ramón y Cajal. También aparcó su vehículo frente a diez hoteles medicalizados para descargar cajas de cartón.

Escribir para sanar el alma

Con voz temblorosa, María Eugenia Fernández recita unos versos que escribió durante su estancia en IFEMA, postrada en una cama. Versos que acarician, dedicados a los voluntarios y a todo el personal sanitario que le atendió. En su gastada libreta atesora otros tantos poemas y microrrelatos.

Para María Eugenia, volver a escribir ha supuesto regresar al hogar en tiempos extraños. Le ha sanado el alma casi tanto como la lectura de los libros que Ana le llevaba a la cama, acompañados de gestos de cariño. Resistiré fue para mí un soplo de luz y vida”, concluye. También lo fue para Juan Ángel Basterra, periodista de RTVE que permaneció cuatro semanas ingresado en el mismo pabellón. Infinitas son sus palabras de agradecimiento para Ana y su iniciativa de biblioterapia: “En España se nos llenaba la boca de decir que teníamos la mejor sanidad del mundo, cuando no era cierto. Lo que tenemos es a los mejores sanitarios del mundo”.


Raquel R. Incertis

Mitad música, mitad palabras, 100% historia basada en hechos reales. Escritora de literatura infantil y juvenil. Amante de las Humanidades y de la cultura en general, vivo en un constante viaje de aprendizaje dentro y fuera de la UC3M. Aunque el periodismo es mi pasión desde niña, también me pica el gusanillo de la política, el cine, el marketing, el emprendimiento y los idiomas.