¿Frío o calor? ¿Hombres lobo o vampiros? ¿Dragones o sheks? Mientras que en todo el mundo los chupasangre se hacían populares, en España miles de adolescentes soñaban con serpientes aladas y mundos con tres soles. Las películas de Crepúsculo marcaron a toda una generación, ¿tendrá el mismo éxito la serie de animación basada en Memorias de Idhún?

El pasado 10 de septiembre se estrenaba en la plataforma de Netflix una serie muy especial para todos aquellos que han (hemos) crecido con la literatura de Laura Gallego García. Su trilogía más notable, Memorias de Idhún, que ya había pasado por el formato cómic, saltaba a la pantalla con unos primeros cinco episodios.

La dirección corre a cargo de Maite Ruiz de Austri, finalista Premio Goya | Fuente: Netflix

Las adaptaciones literarias al mundo del audiovisual es un género totalmente en auge que, en la mayoría de los casos, y, aunque los resultados sean duramente criticados, cuentan con un relativo éxito, con visualizaciones aseguradas por un fandom ya creado. Esta, en particular, destaca por ser especialmente fiel a la obra original, gracias a la inclusión de la propia escritora en el equipo de guion. Además, al haber escogido producir una serie en vez de una saga de películas permite relatar todo con más calma y exactitud.

Lo que más destaca de la animación es un estilo de ánime -pese a ser producción española- que mucha gente ve como una innovación, pese a que El Rubius ya usó esta misma técnica en su serie de animación Virtual Hero hace apenas dos años*. Innovación o no, resulta ser pobre y torpe. En un a historia llena de fantasía y aventuras como es esta se podrían haber lucido con una estética visual que nos imbuyera en la historia con la misma magia con la que Laura Gallego atrapa a los jóvenes. Esta animación rutinaria podría servir para abultar en la programación de alguno de los canales televisivos de animación, pero no para los millennial o centenial que son, al fin y al cabo, los principales consumidores de este contenido.

Otro de sus fallos más destacados y criticados en redes y publicaciones es su doblaje, especialmente el que realiza el actor Sergio Mur para el personaje de Kirtash. Este último resulta ser un asesino frío y despiadado, letal y sin sentimientos, así que las críticas hacia lo desalmada y pasiva que suena la voz del madrileño no me parecen tan acertadas. Sin embargo, la banda sonora, en general, incluyendo los propios doblajes, se queda tan carente de calidad como la animación que acompaña.

*Ya en los años 80 teníamos en televisiones españolas series como Ruy, el pequeño Cid, una coproducción española-japonesa, que no deja de ser un ánime.


Celia MI