¿Habéis ido alguna vez al karaoke? Si no lo has hecho, deberías. Creo que la última vez que me animé a ir, fue con mis antiguas compañeras de piso. Canté “Colgando en tus manos” por la relación de una de ellas, “Sufre mamón” por la ruptura de la otra y bailé la canción de Gloria Estafan por mi vida amorosa (por aquel entonces inexistente). En los karaokes la gente siempre se desmelena, dejan que veas su parte más vulnerable, loca y “verdadera”. Hay despedidas de soltera, cumpleaños y rupturas recientes. La gente se sincera, te invitan a chupitos y normalmente son antros que huelen a pis hasta el segundo margarita. Por eso, el karaoke de los sentimientos de Mori(r) de amor en el Teatro Lara tenía muy buena pinta.

Daniel (Georgina Rey) nos recibe con una bata de flores, cinco kilómetros de pestañas postizas y una voz con acentazo argentino que, en forma de susurros, nos pide que apuntemos el número de teléfono que aparece en la pantalla. No sabemos muy bien por qué, pero aún así, le hacemos caso. Pocos minutos después, la obra comienza.

Tal y como predecíamos, es la regente del karaoke y aunque no se entiende muy bien lo que dice (habla bajo, no vocaliza y susurrar a un micrófono de pie nunca ha sido buena idea. Sobre todo, con el drama exagerado que le pone a su propia homilía) logramos entender que va a contarnos su historia de amor. Una historia bastante turbia, dicho sea de paso.

Entonces, llega el momento. “Habladme de vuestras historias de amor”, nos pide. Cosa que nadie hace, claro. Porque, normalmente, uno solo se anima a contar sus historias de amor si a) le va bien o b) está borracha. Y no se da ninguna de las dos opciones. Justo cuando creía que la obra ya había terminado, alguien del público (Jesús Díaz Morcillo) se levanta emocionado para tener lo que pensábamos que serían cinco minutos de protagonismo. Obviamente, forma parte del elenco. Y en un abrir y cerrar de ojos, se hace con el espacio, la obra y nuestra atención.

Su historia tampoco es bonita. Su madre murió hace poco y eso es algo que le ha afectado. Su dolor es una aprensión de palabras a bocajarro que emergen en forma de un nerviosismo exagerado que estremece al público y que, encima, hiere su sensibilidad. Y de esto tendrían que habernos avisado.

Porque murió de cáncer, y a pesar de que, desgraciadamente, es una enfermedad que forma parte de nuestro contexto actual, la forma en la que tiene de expresarse, —aunque se entiende que forma parte del guion y de las connotaciones de su personaje—, es hiriente y hace que más de la mitad del público se revuelva incómoda en su silla.

La sociedad contemporánea todavía no está preparada para que alguien le reste importancia, se ría o grite descontextualizadamente la palabra “cáncer”. En 2020, el cáncer fue el culpable de más de 10 millones de muertes en todo el mundo, alrededor de 300 solo en España. Y sin más preámbulos, fui a ver esta obra con la sensación agridulce en el pecho por no haber podido asistir a un entierro de alguien cercano a mí que murió por cáncer de páncreas el día anterior. Por lo que ver esta obra, además de hacerme sentir incómoda, obligarme a no parar de mirar el reloj, y casi ponerme a llorar por la insensibilidad de un guion sin pies ni cabeza, también me incitó a levantarme e irme varias veces.

Porque esa es otra. El guion no tiene sentido. No hay una línea temporal que explique los acontecimientos. Es exagerada y meten dos canciones a modo de un playback cutre y con calzador. Mori(r) de amor es una obra lenta que mezcla drama y comedia de forma aleatoria, tabúes y banalidades; formas de vida y de muerte… Y aunque algunos piensen que es una forma de relativizar el miedo que le tenemos a las cosas más naturales del mundo, yo digo que “y una mierda”. Porque hay cosas que, lo siento, pero no se relativizan. Porque, que alguien cercano a ti muera de cáncer, ya sea tu madre, tu vecino, un amigo o alguien que ni siquiera conoces, es una puta mierda.

Por lo que, recomendaría que advirtieran de la brusquedad. Antes de empezar, en la sinopsis o donde sea, porque si una platea entera se pasó 70 minutos al borde de su asiento, no me quiero imaginar que pasaría si alguien de los presentes hubiera superado o estuviera superando esta enfermedad que, a día de hoy, pese a los avances en la ciencia, todavía no tiene cura.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".